Texto por: Ricardo Arriagada Gómez

Un momento en el año que es esperado y de mucha atención para los amantes del cine es cuando se da el Festival de Cannes a mediados del segundo trimestre, con títulos que triunfan o quedan en el camino, siendo algunos que caen ahora en esta temporada de premios. La suerte para el sueco Ruben Östlund ha estado cerca, no solo con ganar la Palma de Oro con esta obra -y su segunda después de la incómoda pero necesaria «The Square» (2017)– sino que está presente en los Premios Oscar con tres nominaciones (Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Original).

Siendo su primera cinta en idioma anglosajón, explora parte de sus críticas hacia la sociedad y el comportamiento humano (principalmente con las clases de poder o la élite), con esta Comedia Negra que deja las cosas en claro, abiertamente visuales con tal de no dejar a ningún espectador inmóvil con la cantidad de chistes, sucesos y sorpresas. Una cercanía con la morbosidad que se disfruta… pero lo que importa acá, es que es básicamente lo que ha buscado el arte por siglos: que las personas generen emocionales en distintas escalas, incluyendo lo crudo y complejo.

Dividida en tres partes, primero nos presenta a una pareja: Carl y Yaya (Harris Dickinson y Charlbi Dean, respectivamente), ambos siendo modelos e influencers que tienen sus discusiones un tanto alborotadas por temas no solo entre ellos, sino por sus cercanías con los números en redes sociales, son invitados a un lujoso crucero con gente adinerada que están al servicio de la satisfacción y sus caprichos. Desde la aparición del capitán borracho Thomas Smith (Woody Harrelson) y las malas decisiones de los trabajadores, las cosas empeoran, terminando en una tercera parte en donde solo algunos tendrán que aprender sobre supervivencia. El elenco es completado con Zlatko Burić, Iris Berben, Vicki Berlin, Henrik Dorsin y Dolly de Leon.

Las propuestas generales del director se ha marcado en su carrera con enganchar, impactar y tratar de resolver, a la medida en que el público reaccione (para bien o para mal) y acá cumple con la cuota de Sátira que puede ser chocante, pero los asuntos de poder se muestran con sabor ácido. Por distancia, la segunda parte es la más polémica, divertida y comentada al provocarse el caos y descubrir la doble moral de cierta gente. En su tercera parte, se sigue el enganche aunque presenta algunos momentos que desinflan su ritmo. Dentro de las actuaciones, es notable la aparición de Dolly de Leon sin previo aviso y algunos momentos de Zlatko Burić experimentando carácter, mientras que el resto toma riesgo con toda escena que va desde el escándalo hasta la desesperación.

«El Triángulo de la Tristeza» es un caso aparte para caer en esta temporada de premios, por ser de estos géneros cinematográficos que buscan la provocación y sea bien recibida, cuando está dentro de una industria que a veces, gusta cuestionar a millonarios y desnuda parte de estas luchas que vienen desde períodos históricos, solo que esta vez en un contexto más ficticio que no hay dudas que puede pasar. Está escrita y dirigida de manera inteligente, lo cual es argumento para sus nominaciones. Se encuentra actualmente en cartelera en algunos cines del país. Advertencia personal: no vean este film ingiriendo comida.


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