
Nota por: Franco Zurita
En la música, por lo general, es el sonido quien va construyendo su propia identidad. En el caso de Opeth, los liderados por Mikael Åkerfeldt pareciera ser todo lo contrario. Durante años, el metal extremo había optado por la violencia como método de confrontación sonora, pero rara vez, se detuvo a contemplar los vestigios de toda esta crueldad. Es allí, en donde Opeth encontró un territorio lleno de significados por explorar. En el desastre, en las ruinas y en el eco que permanece en la quietud cuando todo parece devastado. Si bien, la brutalidad era parte de la esencia de la banda, era uno de los tantos colores en la infinita y exquisita paleta sonora de los suecos.
Opeth expandió el lenguaje emocional de la escena manteniendo el peso del metal en sus manos logrando cohabitar paisajes acústicos y ceremoniales entre devastadoras guitarras y gritos desoladores. Por eso sus discos se sienten al margen de toda lógica temporal. Incluso en sus momentos más extremos, dan la impresión de provenir de un lugar mucho más antiguo. Como si debajo de los riffs, guturales y estructuras progresivas, existiera una corriente ancestral alimentada por el folclore, la naturaleza y una sombría e indescriptible melancolía. Es situarse en lugares que nos recuerdan algo que olvidamos, melodías en donde las estaciones avanzan más rápido que las propias composiciones y donde cada armonía carga el peso de siglos imaginarios.

Después de esto, fue difícil creer que el metal dependía únicamente de la violencia. Opeth encontró una manera extraña y hermosa de generar ese mismo vértigo en medio de acordes suspendidos en el tiempo y transiciones que se abren como puertas a otros mundos. Su verdadera contribución no fue expandir el lenguaje sino modificar su gramática.
Por eso su legado, además de ser una influencia, es una presencia que constantemente desafía sus propias coordenadas. Opeth encontró su idioma en la contemplación de lo inevitable. En canciones que funcionan como portales a lugares en donde la belleza pareciera estar siempre a pocos pasos de algo profundamente perturbador.
Este 1 de Noviembre nos sumergiremos en el abstracto y profundo universo de Opeth cuando aterricen en Movistar Arena y deleitarnos con todos sus éxitos con su gira “The Last Will and Testament Latin America Tour Pt. 2”.
Aún quedan entradas en PuntoTicket. Produce: The Fanlab.





















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