
Texto por Cristian Martínez
Fotografías por: Ignacio Orrego / @fotorock
La noche del 11 de junio fue testigo de que los sueños, aunque tarden, pueden hacerse realidad. Ante un Teatro Caupolicán completamente lleno, miles de fanáticos vivieron una jornada histórica al presenciar a Rhapsody junto a la Filarmónica Live Action de Chile, una combinación que llevó su música a una dimensión descomunalmente épica, dando vida a composiciones que, desde la génesis de la banda, fueron pensadas para sonar de esta manera.
Desde muy temprano, los fanáticos llegaron al teatro con la misión de ser los primeros en ingresar al recinto y asegurar una ubicación privilegiada para presenciar el espectáculo de sus vidas. Poco a poco, el lugar comenzó a teñirse de negro con la llegada de una multitud de mighty warriors que se reunieron para vivir una noche que prometía quedar grabada para la inmortalidad.
El tiempo seguía su curso, pero mientras más se acercaba la hora del show, parecía avanzar en cámara lenta. La ansiedad era inevitable y, cuando finalmente llegó el momento y las luces del escenario se apagaron, las clavijas del reloj volvieron a girar con «In Tenebris», una interpretación que puso los pelos de punta a todos los presentes gracias al impecable acompañamiento de la Filarmónica Live Action de Chile, dirigida por Nicolás Galaz.

Acto seguido, los integrantes de Rhapsody fueron ocupando sus posiciones sobre el escenario para desatar la euforia con «Dawn of Victory». El público pasó a formar parte del espectáculo, entonando con fuerza el coro de “Gloria, gloria perpetua”, que resonó en cada rincón del Teatro Caupolicán. Fue un momento de comunión, una celebración que pareció rendir homenaje tanto a la trayectoria de Rhapsody como a quienes esperaron durante años una noche como esta.
Tras un recorrido por «Wisdom of the Kings» y «Eternal Glory», dos composiciones que permitieron apreciar la sinergia entre la banda y la orquesta, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche. Fabio Lione tomó el micrófono para compartir una anécdota relacionada con Christopher Lee. En un español con acento, pero perfectamente entendible, recordó cómo ambos comenzaron una conversación en inglés que terminó desarrollándose en italiano, otro de los nueve idiomas que dominaba el legendario actor. Durante aquella conversación, Lee le confesó un sueño que aún deseaba cumplir. Tras una carrera de más de 200 películas, le dijo: “Fabio, no soy eterno, tengo casi 85 años y quiero cantar”.
Luego de dedicar el momento a su memoria, el público comenzó a corear “¡Saruman!, ¡Saruman!”, en honor al inolvidable personaje que Christopher Lee interpretó en la pantalla grande. La banda rindió homenaje a su legado con «The Magic of the Wizard’s Dream», una canción que hizo realidad el sueño del actor.

El setlist, hasta ese momento, parecía sacado de un sueño, pero aún guardaba varias sorpresas a medida que avanzaba la noche. «The Village of Dwarves» fue una de ellas, una obra que pareció haber sido concebida para cobrar vida junto a una propuesta sinfónica como la presentada aquella noche. Y qué decir de aquellas canciones que nunca imaginamos escuchar en vivo, pero que encontraron en esta propuesta la oportunidad perfecta para hacerse realidad. Hablamos de «Triumph or Agony» y «Son of Pain».
A los ojos de quien escribe, el show avanzaba con una emoción inconmensurable y destacaba por su hermosa propuesta, tanto musical como visual. Era imposible no detenerse a admirar la disposición de los más de 50 músicos que dieron vida a una noche inolvidable, permitiendo que cada uno brillara sobre el escenario.
También hubo espacio para que Alex Holzwarth entregara una cátedra en la batería, demostrando toda su destreza y técnica. Luego, Patrice Guers regaló un increíble solo de bajo que, aunque breve, fue suficiente para emocionar a los presentes y dejar en evidencia toda su maestría. Completando esta formación estelar se encontraban Luca Turilli y Dominique Leurquin, quienes no necesitan presentación para imponer su presencia sobre cualquier escenario.
Más adelante, Fabio Lione volvió a tomar el micrófono para introducir la primera canción de la noche perteneciente a Legendary Tales, el álbum debut lanzado en 1997. Así comenzó a sonar «Land of Immortals», transportando al público a los primeros capítulos de la legendaria Emerald Sword Saga.

El vocalista volvió a dirigirse al público poco después para compartir otra anécdota. Esta vez recordó un encuentro con su vecino, Andrea Bocelli, a quien encontró en la Torre de Pisa y con quien compartió una conversación junto a su esposa. La historia sirvió como introducción para uno de los momentos más inesperados de la noche, dejando momentáneamente de lado el metal para aprovechar al máximo el acompañamiento orquestal y la extraordinaria voz de Fabio Lione, quien interpretó «Por Ti Volaré», la versión en español de la célebre canción de Andrea Bocelli.
La banda volvió a la senda del metal con «Holy Thunderforce», una de las canciones más movidas de la noche, encendiendo nuevamente a los presentes. Luego, las luces se apagaron momentáneamente sobre el escenario, dejando a la orquesta a solas. En breve comenzó a sonar «Epicus Furor» para dar paso a la infaltable «Emerald Sword», desatando la euforia entre los asistentes, quienes encontrarían respiro con «Lamento Eroico», una canción que junto a la sinfónica se sintió aún más épica gracias a la profundidad de sus coros. Y para cerrar en grande, la banda tenía guardada «Unholy Warcry», una composición que refleja toda la grandeza de Rhapsody, un himno inmortal destinado a perdurar en la historia de la música.
Al finalizar, los integrantes fueron abandonando el escenario, pero la Filarmónica Live Action de Chile continuó con su increíble labor interpretando «Act VII: The Angels’ Dark Revelation», poniendo el broche de oro a una de las presentaciones más hermosas del año.





















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