
Texto por Lucas Araya Araya
Fotografías por Claudio Escalona
El grupo integrado por Jorge Campos, Cuti Aste, Edita Rojas, Pedro Villagra e Ismael Oddó (con la participación especial de Tata Barahona) tuvo otra sesión emotiva y energética para recorrer la historia musical que ha unido a diversas generaciones con canciones emblemáticas y que parecen no tener tiempo, un relato común en una nave con capacidad máxima para coronar una comunión apasionada en momentos en que la unidad, el calor humano y los abrazos sonoros son más vitales que nunca.
Acá una crónica de un espíritu revitalizando
La cita era a las 19:30, pero ya desde temprano la gente comenzaba a llegar a la sala, a pesar del frío reinante. Mientras se puede escuchar la prueba de sonido que llega desde el otro lado de la muralla, una fila expectante comienza a tomar forma en el patio de la radio hasta llegar a Miguel Claro. Hay hambre de música, hay ganas de escuchar y cantar, hay unión, se siente en el ambiente. De pronto, se abren las puertas y el escenario lleno de instrumentos es el centro de atención. Las voces y sonidos de la transmisión radial flotan desde los parlantes y a las ocho con un minuto se anuncia a La Banda de la Memoria, quienes entran al estrado entre las sombras vibrantes y aplausos llenos de amor.

Con una introducción que viaja por las montañas, el desierto, las olas del mar, los valles, bosques y pampas, esta guerrilla de almas hermosas recorre el camino trazado por quienes dibujaron el paisaje sónico y lírico de nuestra historia musical como verdaderos guardianes de la memoria y la canción nacional. Con un inicio instrumental de la mano de “Charagua”, el recuerdo y la presencia de Víctor Jara, todo el mundo en la Sala Máster nos subimos a una nube humana volando hasta las cimas con “Arriba en la cordillera” para bajar por las laderas en la melodía de “Comparsa de la olvidada tierra”. El sabor a viento seco y salino trae la fuerza y crudeza de “Vamos mujer” y “Soy obrero” con Oddó en la voz principal, dos piezas que forman parte de una obra magnánima que documenta atrocidades, es premonición y denuncia. Un guiño de alerta y una forma de despertar.

Los páramos de salitre se abren cuando Pedro Villagra anuncia los aires frescos y tiernos de “Angelita Huenuman”, difuminando el tiempo y llevándonos a los momentos de esperanza y lucha que no tienen fin para luego introducir al invitado estelar de la noche: Tata Barahona, quien con su guitarra de afinación “única” toma la posición frontal con su luz y así ser parte de vigorosas versiones de “La lámpara”, “A mi ciudad” y “Pájaros de fuego”, un vuelo por los días grises, violentos y sangrientos de este lugar que es nuestro lugar y que podría ser cualquier ciudad en el cono sur del continente en los años más oscuros que parecen volver.
Mientras Tata se aleja para volver a su silla, Ismael dice “quédate”. Tata se detiene, duda, los mira. “Quédate en la banda”, completa Oddó. Así de inmensa y tierna es la energía de este combo de guerrer@s.
La senda sigue.
El momento más duro e impresionante viene con “La canción de la memoria”, un arreglo musical e instrumental para acompañar los versos de Gonzalo Millán, imaginando que la tragedia nunca ocurrió y que la muerte terrible jamás pasó por acá. Una ilusión que nos despierta de un sueño multicolor para no olvidar que el horror está ahí, hirviendo en silencio y en penumbras. Otra alerta.

En el momento más indicado, llega el bálsamo de “Volantín de plumas” y la potencia revitalizadora de “En todas las esquinas”, resaltando los anhelos de libertad sin cansancio de Congreso. Un abrazo a los mayores y mejores de nuestra música para crear un puente con la fe en los cambios y un horizonte más brillante y así entregar una interpretación muy sentida y real de “Canción para mañana”. El coro masivo es una realidad, tan verdadero como el puño que pelea contra los dictadores con agudeza e ironía en una avasalladora rendición de “Adolfo benito Augusto Toribio”. Fulano siempre filoso presente. El ambiente arde. Las manos truenan. Un abrazo imaginario y auténtico, a la vez. El símbolo de los tiempos que nos atraviesan.


El cierre llega con un salto a los años que parecen nunca terminar y la certeza de que estamos aquí, to@s junt@s por una razón que es más fuerte que todos los recortes. Suenan “El baile de los que sobran” y “El frío misterio” con la banda en pleno y con Tata Barahona encarnando el temor congelado en un performance de fuego. Jorge González y Carlos Cabezas aquí entre nosotr@s, con nosotr@s .Una sesión que se eleva hasta en sus últimos segundos. Todo el mundo de pie.
Fin de un sueño. Inicio de una nueva etapa de combate: el ataque del arte para proteger lo que quieren borrar y eliminar.
La Banda de la Memoria y un lazo eterno con nuestr@s creadores. Una forma de dar la pelea con instrumentos, voces y amor por la música y el pueblo.
¡Unidos, jamás vencidos!





















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