Nombre: «Backrooms»

Dirección: Kane Parsons

Género: Terror liminal

Año: 2026

País: Estados Unidos

Texto por Clau B. Díaz

Llega a los cines “Backrooms”, un film de terror liminal del joven director y youtuber Kane Parson, protagonizado por Chiwetel Ejiofor (“12 años de esclavitud”) y Renate Reinsve (“Sentimental Value”). Esta película en pocas semanas se ha convertido en un éxito de taquilla, superando, incluso, al blockbuster “Mandalorian y Grogu”. Pero ¿qué hay detrás de esta buena recepción del público? Veamos las claves que hicieron de “Backrooms” el inicio de un nuevo género del terror.

“Backrooms” es de esas películas que no sólo empiezan y terminan en la sala de cine, sino que su historia de origen es tan interesante como la plasmada en el celuloide. Es que la premisa de la cinta nace de un creepypasta (leyenda urbana de internet) conocido, precisamente como los backrooms. Estos son habitaciones o lugares que deberían estar llenos de gente, pero están incómodamente vacíos; con techos bajos, paredes amarillas o blancas y luces fluorescentes que zumban, estos espacios comenzaron a ser caldos de cultivos para la creación de mitos y leyendas de la buena gente de internet. Entre ellos se encuentra Kane Parson, un joven de 16 años que en su canal de YouTube subía historias que se desarrollaban en estas laberínticas habitaciones con diferentes escenarios. Rápidamente, los backrooms formaron a una fanaticada cada vez más masiva. Esto llama la atención de la productora A24 y le ofrece al adolescente dirigir una película basada en sus propios relatos. El resto, como dicen, será historia.

Kane Parson, inserta en estas habitaciones a nuestros dos protagonistas: Clark (Ejiofor), un arquitecto frustrado que para ganarse la vida trabaja en una tienda de muebles, y  la Dra. Mary Kline (Reinsve), la terapeuta de Clark quien va en búsqueda de su paciente y termina en uno de estos backrooms. La trama, recuerda a otros clásicos de bajo presupuesto como “Cube”, en la que también un grupo de personas está encerrado en un espacio infinito, cuya narración se enfoca en los demonios mentales con lo que los protagonistas deben lidiar. Así, tanto en “Cube” como en “Backrooms”, la atención y el terror no está en el monstruo debajo de la cama, sino en lo que no sabemos. Las habitaciones, al ser infinitas superan nuestro entendimiento de lo real, no estamos hechos para concebir cosas que no terminan. Por lo que finalmente llegas a preguntarte: ¿cuánto dura el infinito? Es esa la gracia de “Backrooms”, te lanza a un mundo que está en el duermevela de la realidad, aquel no-lugar que no debería estar ahí, no sabes lo que es, pero es algo extraño. Que, dicho sea de paso, es la misma estética que usa la serie “Severance”.

La cinta, para lograr dichas sensaciones, usa el sonido y la cámara en mano, además de la música, aunque creo que los dos primeros elementos son especialmente notables.  Tanto el ruido como la ausencia de este dan esa atmósfera que hace que tus sentidos se agudicen. Ese silencio que solo es interrumpido por el zumbido de las luces fluorescentes de aquellas habitaciones. Sientes esa extrañeza que da entrar a una oficina de noche, esa sensación de que no deberías estar ahí. La cámara en mano, le da el toque noventero de la película, ese metraje encontrado que te muestra a una persona escapando de algo o alguien, cuyo metraje queda inconcluso. “Backrooms”, con esto logra engancharte, te pica la curiosidad de saber qué es lo que metió ese ruido o qué es aquella sombra que se coló en el video casero. Es lo bello y lo sublime, lo siniestro.

En síntesis, no hay duda de que “Backrooms” llegó para darle frescura al cine de Hollywood, entre tanta secuela, precuela, intercuela y remake de lo mismo durante los últimos veinte años, se agradece algo original, aunque es muy probable que en los próximos años veamos una explosión del cine de backrooms. Por el momento, disfrutemos de esta nueva camada de directores salidos de YouTube, quienes han dado gratas sorpresas, y —esto es importante— han llevado al cine al público adolescente. Al ser parte del folklore de internet, los jóvenes, puede que se sientan mucho más identificados con los backrooms que con universos inventados hace casi 50 años. Porque la mitología es universal, y los creepypasta ya son parte de nuestro imaginario colectivo. “Backrooms”, como cualquier folklore, le habla a la humanidad, no a la nostalgia, les habla a aquellos que se encuentran encerrados en el infinito de sus propios laberintos.

“Backrooms: sin salida” se encuentra ya en las salas nacionales de los principales cines del país.


Zumbido.cl

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