Texto por Franco Zurita

Fotografías por Claudio Escalona

Anoche en Movistar Arena, vivimos toda la emoción y éxitos de Roxette, quienes tras el lamentable deceso de Marie Fredriksson, llegaron a nuestro país luego de casi catorce años y nada más ni nada menos que junto a la gran Lena Phillipson acompañando al gran Per Gessle. La popular cantante sueca tomó el desafío de revivir los grandes clásicos del dúo y reencantarnos con su increíble voz, sellando un romance con el público local en una noche inolvidable. 

Ante un recinto completamente repleto, entre la nostalgia y la emoción, las luces se apagaron para dar comienzo a un viaje en el tiempo hacia el glamour de toda una época. En medio de toda la euforia, el tiempo se dobló a sí mismo y los primeros acordes de“The Big L” rasgaron el ambiente con energía y vitalidad recordándonos lo invencibles que Roxette nos hace sentirnos. Casi de inmediato, el glamour y la energía ochentera dio paso a “Dressed For Success”, devolviéndonos la vitalidad y energía en un recinto que poco a poco, dio lugar a múltiples emociones.

Pero Roxette no es sólo brillo, es también sentimiento y “Crash! Boom! Bang!” fue una de las piezas que demostró el sentir de todos los presentes en este choque lírico, este impacto de palabras que conmueven el corazón en cámara lenta. Esta melancolía se extendió hasta “Fading Like a Flower”, sosteniendo las aterciopeladas melodías en medio de un coro masivo de voces llenas de gozo. Uno de los momentos más sagrados de la noche llegó con una de las piezas más importantes del dúo: “It Must Have Been Love” y con un nudo en la garganta, fue dedicada a la memoria eterna de la gran Marie Fredriksson, convirtiéndose en el altar de la noche para homenajear a la histórica voz cristalina de Roxette, quien seguramente, estuvo presentes junto a nosotros, observándonos desde algún lugar. Un momento sublime y sin duda, de los más emotivos de esta jornada.

Tras toda esta emoción, la electricidad se apoderó del escenario y “Dangerous” nos entregó el lado más adictivo y peligroso de Per Gessel y para cuando la adrenalina comenzaba a tomar forma, ocurrió algo inesperado. Y es que, tras terminar esta increíble pieza, la guitarra deChristoffer Lundquist manifestó un clásico nacional de la época:“La voz de los 80’s”. Con un público enloquecido y abrazado por este guiño musical, los aplausos y la ovación bajó lentamente desde platea hasta cancha para un merecido reconocimiento a la banda y todo su espectáculo. El impacto dejó el camino servido para la última pieza de su recorrido, la gran “Joyride” para finalizar este colorido viaje en donde el amor volvió a brotar de entre todos nosotros.

Pero había más. Tras un breve receso y una lluvia de sensaciones, la banda pisó nuevamente el escenario para susurrarnos al oído con “Spending My Time” deteniendo el tiempo y transportándonos a esas tardes eternas de sentimientos y deseos en una interpretación hermosa que llenó de lágrimas y recuerdos a mas de algún fanático presente. Y para sacudir la tristeza, uno de los hitazos de los suecos,“The Lock” llegó con rebeldía para demostrar que Roxette es amor pero también un patrimonio de actitud y estilo. Para el cierre, no hubo pirotecnias ni mucho menos parafernalias, solo la intimidad de “Queen of the rain”. Una caricia suave y necesaria que dejó caer el telón en medio de aplausos que sacudieron como llovizna la algarabía de una noche eterna.

Tras despedirse, la sensación posterior fue la de haber recuperado algo que creíamos perdido. El concierto de Roxette en nuestro país fue más que un espectáculo sobre música y nostalgia, fue la prueba de que las grandes canciones no envejecen, solo esperan pacientemente a que nosotros volvamos a necesitarlas para sentirnos vivos.


Zumbido.cl

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