
Texto por: Catherine Guichard
Fotografías por: Hugo Hinojosa
Las noches más frías del otoño santiaguino parecen poseer una extraña afinidad con la música extrema. Mientras las calles capitalinas eran consumidas por temperaturas hostiles, al interior del Teatro Cousiño se gestaba una ceremonia completamente distinta, una donde la distorsión, la oscuridad estética y la violencia sonora se transformaban en un refugio cálido para quienes entienden el metal como una experiencia sensorial. Tras dos años de ausencia, DEVILOOF regresó a Chile para ofrecer una presentación íntima, feroz y profundamente hipnótica, reafirmando por qué se han convertido en una de las agrupaciones más impactantes de la escena extrema japonesa contemporánea.

Al inicio, unos monstruos.
La responsabilidad de abrir la jornada recayó sobre We Are The Monster, agrupación nacional de modern/metalcore que desde 2020 ha construido una identidad cada vez más robusta dentro de la escena local. Lo suyo es una propuesta con evidente herencia del visual kei, reinterpretada desde una sensibilidad contemporánea que evita caer en la mera nostalgia. Resulta imposible no pensar en el largo recorrido del circuito underground chileno al observar su evolución. Hace un par de décadas, los encuentros dedicados al j-rock y al visual kei parecían pequeños rituales de resistencia cultural, espacios donde cientos de fanáticos soñaban con la remota posibilidad de ver en Chile en vivo a aquellas bandas japonesas que admiraban desde la adolescencia. En ese contexto nacieron muchos proyectos locales, incluyendo algunos de los integrantes de We Are The Monster, quienes comenzaron interpretando covers antes de desarrollar una propuesta propia, madura y brutalmente efectiva. Sobre el escenario del Teatro Cousiño, la banda desplegó una presencia escénica imponente. Cada explosión sonora se sintió visceral, mientras la estética visual, oscura, elegante y agresiva, reforzaba el carácter teatral de su música. La agrupación atraviesa actualmente un momento creativo particularmente potente, impulsado además por el reciente lanzamiento de un nuevo video promocional que deja entrever una ambición artística mucho mayor. Más que una banda soporte, fueron el preludio perfecto para una jornada marcada por la energía del arte musical extremo.

Al final, demonios.
Hablar de DEVILOOF implica comprender el delicado equilibrio entre brutalidad técnica y teatralidad estética. Desde el instante en que las luces se apagaron y comenzó a sonar la introducción, el recinto se transformó en un espacio suspendido entre el caos y la fascinación. La banda japonesa posee una capacidad poco común para convertir el deathcore en un verdadero espectáculo artístico.
La alineación compuesta por Keisuke, Ray, Daiki y Nao ofreció una presentación demoledora desde el primer acorde. La intimidad única del Teatro Cousiño permitió que la interacción con el público no fuera abstracta. No existía distancia entre escenario y audiencia, solo una masa colectiva entregada a la violencia sonora.

“Newspeak” e “ISHTAR” elevaron rápidamente la intensidad del ambiente, dejando en evidencia la impresionante capacidad técnica de la banda, clásica entre músicos nipones de excelencia. La guitarra y el bajo no solo funcionan como soporte rítmico, construyen texturas abrasivas y atmósferas opresivas. La batería, precisa y devastadora, golpeaba con potencia, marcando el pulso de una presentación que jamás decantó en cuanto a energía.
Sin embargo, el verdadero centro gravitacional de DEVILOOF continúa siendo Keisuke. Descalzo sobre el escenario, como si necesitara sentir cada vibración del recinto bajo sus pies y su maquillaje característico, el vocalista desplegó un rango interpretativo extraordinario. Sus guturales profundos convivían con gritos desgarradores, voces melódicas y registros caóticos que, lejos de perder coherencia, construían una armonía feroz. Existe algo casi ritual en su presencia escénica; una manera de canalizar el dolor, la rabia y la desesperación transformándolos en arte.

Canciones como “Underdog” y “Natural Born Killer”, desataron algunos momentos más salvajes. En la parte posterior del recinto comenzaron a formarse mosh pits compuesto por solo unos pocos que disfrutaban la música con todo su cuerpo, mientras decenas de asistentes coreaban cada tema con una devoción absoluta. El público, compuesto en gran parte por seguidores de larga data del visual kei y el metal japonés, aportó también una dimensión emocional especial a la jornada. Poleras de bandas icónicas, maquillajes elaborados y vestimentas cuidadosamente diseñadas convertían al teatro en un espacio donde la estética y la música coexistían como partes inseparables de una misma identidad cultural.
El encore terminó de sellar una noche inolvidable. “Ruin” cerró la presentación con una intensidad devastadora, dejando esa extraña sensación de euforia que solo provocan los conciertos verdaderamente memorables.
Lo vivido en el Teatro Cousiño fue la demostración de cómo la brutalidad también puede poseer elegancia; de cómo el ruido puede convertirse en poesía cuando existe precisión, convicción y sensibilidad artística detrás de cada nota. DEVILOOF no solo ofreció una descarga sonora impecable, construyó una experiencia artística completa, donde la oscuridad encontró belleza y la violencia musical adquirió una dimensión sublime.
Puedes revisar nuestra galería fotográfica de este evento AQUÍ.
Setlist:
- 持訊惨藏 (with SE)
- Newspeak
- ISHTAR
- Underdog
- アイシテクダサイ (Aishitekudasai)
- 「開花」(Kaika)
- 因習 (Inshū)
- Natural Born Killer
- ESCAPE
- HERO=MURDERER
Encore
- Dusky-Vision
- DESTINATION
- Ruin





















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