
Texto por: Lucas Araya
Fotografías por: Camilo González
El guerrero imbatible volvió a los escenarios en un emotivo show de más de dos horas en el Teatro Nescafé de las Artes. Una celebración de vida, constancia y amor en un encuentro radiante con su público fiel haciendo juntos un recorrido por la carrera musical de Pierattini y sus diversas etapas, exploraciones y sus inspiraciones. Una noche épica y que marca un nuevo comienzo para nuestro luchador incansable más querido.
El terror arrasó. El susto pasó. La vida resurgió entre las cenizas de lo que pudo ser fatal. La luz del guerrero volvió a brillar en sus ojos y su espada de seis cuerdas volvió a abrir el camino para rodearse de amor eterno y de una nueva vida por venir. La música es el poncho fraterno perfecto y el pasillo de la sala central del Nescafé de las Artes fue la senda elegida para retomar el camino elegido. Angelo Pierattini y su voz invencible dieron la bienvenida a toda la gente que llegó a celebrar y recibir la magia de una segunda oportunidad mientras “Las cosas simples” llenaba cada partícula de aire en un coro inmenso. Un inicio especial para un concierto esperado y disfrutado desde el primer segundo.

Una vez sobre el escenario, Angelo Pierattini y su banda en estado de gracia completo hicieron un repaso por los diversos rincones de su etapa solista de, yendo desde la raíz viajera latinoamericana de “Soy un aprendiz”, pasando por los más pesado y energético con “Que simple vibra nuestro amor” hasta llegar a la reflexión madura de “La fiesta”, dando la clave principal de esta cita: celebrar tod@s junt@s con un amor gigante que no se apagará jamás.
El plató del teatro es el ruedo de una nueva batalla de vida y sangre fluyendo, hirviendo y fluyendo en un espacio compartido con compañeros de lucha que son también estrellas en el cielo que podemos tocar con las manos, hoy más que nunca. Así, Tata Barahona, Carlos Cabezas y Pablo Ilabaca se unen al tejido de una arpillera brillante y errante donde la suma de las piezas hace que el sonido esculpido por Pierattini en distintos puntos de su carrera y experimentación tomen más fuerza que nunca. Con hermosas y emotivas versiones de “Carita de gato” (Jorge Gonzalez), “El adiós” (Cordillera), “Tontos bichos de hoy” y “En mi vida” el maestro de esta ceremonia y sus invitados le dan nuevos pinceladas al cuadro lleno de matices que Angelo ha sabido idear, pintar y plasmar en cada etapa de su derrotero.

«¡Estoy vivo todavía, cabr@s!» (cómo emociona Pierattini con su luz)
El punto más energético de la sesión llega con los tonos carmesí intensos para abrazar y homenajear el disco rojo de Weichafe. La emoción eléctrica explota con interpretaciones gigantescas de “Respiro la luz del sol”, “5:30 m”, “Pan de la tarde”, “Ripio y soledad” y “Pichanga”, una conmovedora y vigorizante de mantener el legado de su emblemático trío palpitando y vigente entre las almas viejas y las nuevas generaciones. Un compromiso con su historia, sus compañeros de banda y la música chilena. El combate sigue y continuará inclaudicable con Pierattini como líder de la jauría.
Con la energía a tope y el público como un cómplice total, la parte final y “sorpresa” del recital trae lo que vendrá en la lid musical de Angelo. Así es como nos regala “No estoy muerto, espérame”, una declaración honesta y cruda que es un himno en potencia de este nuevo episodio de la epopeya del guerrero. Un punto sagrado en lo que Pierattini reconoce como el mejor momento de su vida, una realidad que se ha convertido en una nueva chance y una oportunidad de compartir con sus afectos, su amada compañera y la paternidad ad portas de llegar. Imposible no emocionarse y aplaudir de pie a un héroe musical y personal.

Con “Menta, miel y sangra” a mil, cada quien llegó al teatro se transforma en una llama del fuego imperecedero de Angelo Pierattini, un verdadero soldado del amor por la música y la vida.
¡Gracias por existir, por resistir y por ebullir, campeón!
Será hasta la próxima.
Seremos siempre más, contigo.
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