
Texto por Lucas Araya
Fotografías por Claudio Escalona
La legendaria banda celebró un carrera impresionante en el Estadio Nacional junto a su público fiel que repletó el principal coliseo en el país para festejar más de 62 años de carrera y de amor gigante por la música, la creación y la lucha por llevar su legado más allá de todo límite. Una verdadera fiesta familiar y un hito histórico en la vida mágica de Los Jaivas y de todos quienes fueron parte de un nuevo capítulo en la ruta infinita del grupo más querido en Chile.

Hermoso, emotivo e inolvidable. Los Jaivas Siempre, un momento que quedará en los corazones y en la memoria por su alta entrega sobre el escenario y desde cada rincón del Estadio Nacional. Desde temprano, en el ambiente se sentía un ambiente familiar. Varias generaciones reunidas entrando al recinto principal para ser parte de un momento histórico y rodeado de belleza. El festejo comenzó con un homenaje a René Olivares y sus icónicas imágenes, sus lienzos y las carátulas que supieron plasmar el sonido de Los Jaivas para la posteridad.

Luego de un gran aplauso entre sombras brillantes, Los Jaivas en pleno ingresaron al impresionante escenario montado para la ocasión. Uno a uno, tomando su lugar con sus instrumentos para iniciar una sesión llena de destreza sin igual, talento inconmensurable y la emoción en las alturas con cada interpretación de gemas de su repertorio, un regalo de la banda para las miles de almas que llegar para fundirse en un abrazo de afecto y admiración.

Musicalmente, todo fue una caricia llena de maestría, desde “Takirari de puerto” y el despliegue instrumental de cada integrante para luego traer una de las obras cumbres de nuestra música al unir las composiciones de Violeta Parra con su entrega monumental, dejándolo claro con “Arauco tiene una pena” para luego abrir la senda a montañas celestiales con “Corre que te pillo”(junto a Matías Peñailillo en percusiones, un niño que los acompañó hace varios años en sus giras por los ríos de Chile). Un agasajo para el corazón melómano.

Los Jaivas han sabido crear comunidad y compartir espacios con sus colegas, generando una camaradería y un juego compartido que ha sido una constante en su carrera. Esta noche fue otra oportunidad para apreciar y disfrutar esas combinaciones de talentos cuado Roberto Márquez (Illapu), Tilo González y Pancho Sazo (Congreso), el Macha, Nano Stern y Joe Vasconcellos compartieron bellas interpretaciones del repertorio más querido, abriendo la puerta a la intimidad y complicidad transversal. Así pasaron “La centinela”, “Valparaíso” (del Gitano Rodríguez), “Vergüenza ajena”, “Indio hermano” y “Mar de gente”, elevando las sensaciones y los aplausos, dejando la electricidad en el aire para recibir una épica interpretación de “Canción del sur” y dejarnos a un paso de las cúspides máximas.
Tal como lo habían prometido, la sección principal del concierto consistió en la interpretación completa de ‘Alturas de Machu Picchu”, un presente eterno de una de las joyas de la creación artística del grupo y uno de los tesoros de nuestra música popular.

Con una introducción a cargo de diablos danzantes en lo alto de los techos, sobre el escenario y en el espacio de memoria, abrazando el espíritu de quienes fueron castigados en el mismo lugar hace más de cincuenta años. Entre humo rojo y blanco, el ruido eterno de Los Andes y el misterio develado por la voz de Neruda en el coliseo máximo de concreto, su álbum más emblemático fue abriéndose paso con la interpretación sublime de cada una de las canciones del disco. Desde “Aire al aire” hasta “Final” con gigantezcos momentos inigualables de “La poderosa muerte”, “Amor americano”, “Aguila sideral”, “Antigua América” y el coro masivo y a todo pulmón de “Sube a nacer conmigo hermano”. Simplemente precioso. Los Jaivas, guardianes de la memoria por la eternidad.

Para la parte final, la fiesta popular. Un pasillo sonoro por dónde desfilaron sus más celebradas y recordadas canciones abriendo la puerta a la celebración en libertad y abrazar las más lindas músicas de acá. Así “La conquistada” (impresionante en todo su esplendor), “La quebrá del ají”, “Desde un barrial” y “Pregón para iluminarse”trajeron los ritmos cuequeros, las tonalidades folklóricas cósmicas y los versos más sentidos brotando como manantiales mágicos evocando la voz del Gato Alquinta y la inmensidad de los cueros y platos de Gabriel Parra, quienes estuvieron presentes en cada segundo del concierto, llegando a ser parte de la fantasía digital en un deseo imaginario que emocionó hasta las lágrimas. Con “Hijos de la tierra”, el cierre de esta tanda pareció un broche de oro de un capítulo imborrable para marchar con una sonrisa hacia la recta final.
Claudio Parra y su solemnidad cariñosa fue presentado a cada uno los integrantes de Los Jaivas dando espacio para las muestras de amor aplaudido y citando a Víctor Jara y el derecho que tenemos de vivir en paz en el saco de Francisco Bosco. Desde ahí, todo fue cerrando en un salto hacia los mares de lo eterno con “Mambo de Machaguay”, “Mira niñita” y un final multitudinario con “Todos juntos”, una forma de agradecer tantos años de amor y entrega y una muestra de todo lo que Los Jaivas han representado y lo que serán para la música y el alma chilena hoy y por la eternidad.
Un acto de amor inmenso.
¡¡¡¡Los Jaivas, en nuestros corazones y mentes ahora y siempre!!!!!!





















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