Texto por Franco Zurita
Fotografías por
Joselyn Heyden

Tras su inesperado regreso el 2024, la confirmación de una nueva fecha este 2026 se vió como una luz de esperanza para aquellos que desde el 2014, no habían podido encontrarse con la experiencia de vivir a Bane en vivo. Uno de los estandartes del hardcore se tomó en serio su regreso y con la misma pasión de hace un año y pico, volvieron a Sala Metrónomo acompañados de Stick To Your Guns, quienes llegaron para debutar de manera sólida ante fanáticos que esperaron años el estreno de los norteamericanos en suelo local. 

Sin más preámbulos que la camaradería habitual de este tipo de espectáculos, y entendiendo el escenario como un espacio de resistencia, Stick To Your Guns pisó con fuerza el stage convirtiendo la masa en un torbellino de cuerpos y brazos extendidos. El debut de los comandados por Jesse Barnett conectando por primera vez con la mirada de quienes estaban en la barricada, nos recordó que esto nunca se trató de la industria, sino de la comunidad. Y «We Still Believe» fue el himno que entre otros, reafirmó el compromiso de la banda.

Con un set brutal y sin dar respiro. «Nothing You Can Do to Me» sirvió para canalizar esa rabia constructiva que los caracteriza, para llegar a uno de los momentos que erizó la piel de todos los presentes con la interpretación de «Hasta la victoria». Con una especial dedicatoria a Victor Jara y al pueblo Palestino, en nuestro país, este título no es una frase al azar. Resuena con una carga histórica que la banda respeta y proyecta con una potencia demoledora. Entre “Amber” y “This Is More”, «Against Them All» marcó el final de un debut arrollador en medio de una caldera que se preparaba para el plato principal.

Si lo de STYG fue un asalto, lo de Bane fue una descarga profundamente emotiva. Los de Boston regresaron para una dosis de verdades incómodas con esa honestidad que duele y sana al mismo tiempo y que les permitió consagrarse como una de las grandes bandas de la escena. «Can We Start Again» fue la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez y que fue gritada por cientos de gargantas que entienden que el hardcore es, ante todo, un refugio para aquellos que a pesar de no encajar, perseveran.

A diferencia de su visita anterior, esta vez la atmósfera se sintió más densa, más consciente. «Final Backward Glance» y «Swan Song» fueron himnos de un legado vivo que se niega a quedar en el olvido. No hubo espacio para frases prefabricadas ni rellenos innecesarios. La banda sonó cruda, sin maquillaje y permitiendo siempre, que todos fuésemos parte de una misma comunidad.

«My Therapy» fue el punto de quiebre donde el caos del mosh y los gritos se fusionaron en un solo organismo. Pero el clímax, ese momento en donde el tiempo se detuvo, llegó con «Calling Hours». Ver a la gente amontonarse sobre el escenario, buscando un micrófono o simplemente, un poco de aliento para gritar esos versos finales, nos recordó por qué Bane sigue siendo vital en el hardcore. Es algo no se mide en números ni en seguidores, se mide en la cantidad de sudor que queda en el piso tras el último acorde.

Tras un cierre épico, Santiago volvió a ser el epicentro de una conexión trascendental entre una banda que da la vida y de un público que no sabe vivirla de otra manera.


Zumbido.cl

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