Texto por: Cristian Martínez

Fotografías por: Hugo Hinojosa

La noche del 11 de septiembre se vivió una total locura con el arribo de Helloween al Santander Arena. Los alemanes fueron acompañados por la banda nacional Polimetro, encargada de abrir el telón de la celebración de los 40 años de trayectoria que los ha llevado a recorrer el mundo con su música.

La historia de esta noche comenzó mucho antes de que los músicos se subieran al escenario, ya que desde temprano los fanáticos comenzaron a juntarse para dar inicio a la previa del show. Los alrededores de la arena anunciaban que algo grande estaba por venir, con grupos de personas conversando y compartiendo en las afueras.

Con la apertura de puertas, los asientos de las gradas y el espacio de la cancha comenzaron a teñirse de negro. El ambiente iba tomando forma y, cuando los compatriotas de Polimetro se subieron al escenario, una gran cantidad de público ya se encontraba en el lugar. Entre ellos había algunas caras conocidas para el vocalista de la banda, quien agradeció la presencia de sus fans que llegaron desde temprano para posicionarse frente al escenario y no perderse su presentación, dejando en evidencia la emoción que le producía verlos. 

Con Polimetro ya frente al público, el metal progresivo se hizo presente en la noche, siendo además otro motivo de celebración, ya que su disco «Metrópolis» cumplió recientemente 25 años. En un show breve pero conciso, la banda nacional logró encender al público y también aprovechó la instancia para agradecer la oportunidad de compartir escenario con Helloween.

Una vez terminada la presentación de los nacionales, la tranquilidad volvió al recinto. El escenario quedó nuevamente en silencio. Era eso que llaman la calma antes de la tormenta, porque unos minutos más tarde esa tranquilidad se terminaría por completo.

Con las agujas del reloj marcando la hora, las luces se apagaron y el telón que cubría el escenario cayó, dejando ver la silueta de los integrantes de la banda. Detrás de ellos, una proyección comenzó a mostrar una secuencia de discos, uno tras otro, repasando la historia de Helloween y el camino recorrido hasta llegar a esta noche. El sonido de un reloj durante la introducción fue el preámbulo perfecto para comenzar el show con «March of Time». Tras este inicio estelar, Andi Deris agradeció al público presente con su español fluido, aprendido durante sus años viviendo en Tenerife. 

El show continuó con The Keeper proyectado en el enorme telón del fondo del escenario, hablando directamente al público y emocionando a quienes contemplaban aquella escena frente a ellos. Entonces, las guitarras comenzaron a sonar y, mientras las serpentinas cubrían el escenario, llegó «Future World», canción perteneciente a «Keeper of the Seven Keys Part I», lanzado en 1987.

Si consideramos todo el tiempo que ha pasado desde entonces, resulta curioso pensar que hoy vivimos en ese futuro del que hablaba la canción. Un mundo utópico que todavía no llega, pero tenemos la esperanza de ser testigos cuando sus palabras dejen de ser solo una canción. 

También fue uno de los primeros momentos para ver a las tres voces de Helloween entrelazarse sobre el escenario. Andi Deris, Michael Kiske y Kai Hansen entregaron lo mejor de cada uno, demostrando una sinergia que hizo maravillar a todos.

Y desde ese futuro utópico nos trasladamos directamente a las calles de Japón, que comenzaron a aparecer proyectadas en el telón para hacer el juego con «This Is Tokyo».

Cada canción estaba acompañada por un video diferente, pensado de acuerdo con la temática de las piezas, haciendo que la experiencia del público fuera totalmente inmersiva. The Keeper anunciando las canciones, las serpentinas que cubrieron el escenario, los fuegos artificiales que iniciaron el show, las llamas que se elevaron varios metros durante el coro de «We Burn» y el humo blanco que simulaba nubes durante «Ride the Sky» lograron enaltecer aún más la majestuosidad de la música.

Así, canción tras canción, Helloween fue construyendo una experiencia en la que lo visual y lo auditivo avanzaban tomados de la mano. Uno de esos momentos ocurrió durante «Into the Sun», cuando el público encendió las linternas de sus celulares para acompañar la canción. Mientras tanto, sobre el escenario se proyectaba un eclipse solar y, desde el techo, las luces simulaban esa claridad que poco a poco comienza a asomarse detrás del sol.

Luego, Dani Löble se apoderó completamente del escenario, haciendo estallar el recinto. El baterista es una pieza clave dentro de la agrupación, haciendo que la percusión resalte constantemente canción tras canción. Sin dudas, una máquina.

Y, bueno, hay canciones que no pueden faltar en un show de Helloween, como «I Want Out». Esa canción de libertad y desahogo con la que Kai Hansen dejaría luego la banda ahora tomaba un significado diferente. Era una canción con la que la banda, en total libertad, decidió reunir todas sus etapas y miembros sobre el escenario.

La banda también dejó espacio para una versión acústica, donde Michael Kiske tomó la guitarra para interpretar junto a Andi «Yesterday», de The Beatles. Luego continuaron con una de sus canciones más sentidas, «In the Middle of a Heartbeat», para después sumar a la fiesta «A Tale That Wasn’t Right» y terminando con ella la versión acústica de la noche.

Y para ir cerrando un show que tendría de todo lo bueno que representa la música en la cultura mundial, nos regalarían una canción que logra encapsular, a lo largo de sus más de 13 minutos, todo lo que representa la banda. Hablamos de «Halloween», ese clásico inmortal que sobre el escenario mantiene encendida la llama de un grupo histórico.

¿Y con esta canción terminaría el show? Bueno, al menos las luces se apagaron durante algunos minutos, pero la gente no se iba. Al contrario, parecía más activa que nunca, y motivos tenía. La banda continuaría el show con «Eagle Fly Free», un himno que desataría toda la energía que se aguardaba para el final.

Y si la canción anterior había vuelto a encender por completo el recinto, «Dr. Stein» mantuvo esa energía hasta los últimos momentos de la noche. Con sus coros, la banda iba sellando su retiro del escenario luego de más de dos horas de show, ante un público que dio todo de sí para hacer de la noche una parte de la historia de la banda. Esa historia que a veces enluta a un país, pero que esta vez fue un motivo de celebración.


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