Texto por: Tomás Bascoli

Fotografías por: Hugo Hinojosa

Ver en el escenario cantar a todo pulmón a Simón Campusano, vocalista de Niños Del Cerro, Jorge Scheuermann, guitarrista de Asia Menor, y Matías Ávila, líder de Candelabro, es una postal que tiene un enorme significado para esta serie de conciertos que la banda floridana decidió generar: una locura de cuatro noches repasando, en cada una de ellas, sus cuatro discos de estudio de forma ordenada junto a un puñado de grupos invitados.

Una tarea titánica que no solo brilló por el desplante de sus intérpretes y la respuesta del público, sino que también por la cofradía que se selló entre un séquito de bandas nuevas y otra que era indicada como su referente. “Son nuestros hermanos mayores” comentó el vocalista de Candelabro al cerrar su presentación en la cuarta noche y no puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Porque, en cuatro ocasiones distintas, Niños Del Cerro no solamente entregó un regalo gigantesco a su fanaticada más longeva, sino que también estuvieron en primera fila para observar el agradecimiento, instrumental y emocional, de un grupo de jóvenes músicos chilenos que los apuntaban, una y otra vez, como un apoyo fundamental para poder disfrutar del momento que vive la música nacional. Hoy, cosechan lo que alguna vez plantaron, con paciencia e ingenio, la agrupación conformada por Simón Campusano, Ignacio Castillo, José Mazurett, Felipe Villarrubia y Diego Antimán.

Estuve presente en las últimas dos noches de esta maratónica residencia, la primera de ellas para repasar el disco “Suave Pendiente” (2022) en el Centro Cultural Rojas Magallanes.

Tras la correcta apertura de Niña Tormenta y la explosiva presentación de Asia Menor, el inmueble floridano se convertía en una caldera entre aplausos y gritos ansiosos antes de que el quinteto de músicos saltara a escena y comenzara el viaje con “Povidona” y “Tentempié”.

Tras ello, comenzaba el descenso, doloroso y misterioso, pero con suficiente tiempo para darse cuenta de todas las cosas que ocurren a tu alrededor. Literalmente una pendiente suave, algo amable incluso con uno, pero el brutal final de golpe a secas está asegurado. Así se fue construyendo, uno a uno, el viaje por este tercer disco de la banda, un camino que no estuvo exento de problemas.

Entre una pausa monumental por un operativo comunitario contra un par de inadaptados que estaban robando celulares, hasta un corte por completo del sistema de luces del recinto que, de todas formas, entregó una hermosa atmósfera impensada para  “Le Entrego Mi Alma Al Vacío Como Una Ofrenda De Amor”.

De igual manera, Simón Campusano comentaba que “prefiero tocar acá que en cualquier parte del mundo”, destacando el hermoso lugar que tiene en la carrera de la agrupación el espacio floridano. Es allí donde tocaron por primera vez y es en ese espacio en el cual han invitado, en más de una ocasión, a a aquellas bandas que hoy le rendían un homenaje al compartir escenario en esta triada de noches (teniendo en cuenta que la última fecha no se realizaría en el Centro Cultural Rojas Magallanes).

Niña Tormenta arriba del escenario para tocar “Esta Enorme Distancia”, una serie de mosh que se armaron en “Daniel” y “Mamire”, por ejemplo, y un hermoso cierre con la solitaria voz de Simón en “Noche Oscura” fueron de los momentos más destacados de una calurosa jornada bajo el techo del inmueble.

“Suave Pendiente” es un disco lleno de texturas, algunas sombrías y otras brillantes, que, al momento de llevarse al escenario, son guiadas por la increíble tarea de José Mazurett en la batería. Brindando a este descenso la pauta para detenerse y sentir, acelerar y sufrir, cantar y gritar, enamorarse y terminar, alzar las manos o saltar. Un disco excelente que fue mostrado de la misma forma en que debe ser disfrutado: completo, sin pausas, con luces azuladas y entre humo, como si de verdad estuviésemos cayendo al vacío escuchando colores, viendo sonidos.

Tras esa noche, nos movimos al Club Blondie en un abrir y cerrar de ojos. Como si toda la vida de Niños Del Cerro estuviese pasando frente a nosotros en estas noches. Y esa idea no está del todo tan equivocada.

Con un virtual lleno, y tras las excelentes presentaciones de la encantadora Martina Montaldo y los siempre demoledores Candelabro, Niños Del Cerro salía al escenario para entregar una propuesta bastante distinta que la noche anterior, un poco marcando cierta distancia entre cada disco y su llegada a la interpretación en vivo. Derrumbando el temor de ver un espectáculo muy similar y quedarse algo atorado en torno a lo mismo y con ganas de más.

Así, entre luces cálidas y una parsimonia más transversal con la reacción del público, fueron pasando cada una de las canciones arman “Alma Tadema” (2026). Desde el cierre poético de “Príapo (o Sísifo otra vez)”, hasta la dedicación irónica de “Tembló” para el presidente, y la suma de Matías Ávila de Candelabro para “Buen Dormir”, Niños Del Cerro fueron entregando el núcleo de este álbum: una mirada madura y con relativa paz al mirar nostálgicos la vida. Maduramente producido en color sepia, esta última noche se tiñó de tal sensación.

Con un protagonismo mayor entre el bajo de Felipe Villarubia y la sensible voz de Simón Campusano. Este último periplo de la banda floridana se fue construyendo. Fue este último que comentaba: “Estamos medios cansados de cuerpo, pero en espíritu bien. Este es el día cuatro de cuatro, intenso en el buen sentido.” Antes de, aún con un claro agotamiento, hacer vibrar y saltar a la Blondie con “Seis De Enero”.

A través de un vaivén generalizado, controlado metronómicamente por las guitarras de Niños Del Cerro, en una noche más melosa y mucho más tranquila que su antecesora. Que demostraba la alma desnuda y tierna, casi expuesta entre algodones, de la cual se sostiene el álbum.

De todas formas, en ambas jornadas también la banda regaló hermosas interpretaciones de “Cuauhtémoc”, “Flores, labios, dedos”, “Contigo” y “Sísifo”, calmando el paladar de aquellos que nos habíamos perdido las dos primeras citas. Repetidas o no, se sentían con mayor fuerza entre la resistencia corporal que colocaba cada uno de los músicos y su instrumentos, como la entrega total del público.

Tras un abrazo final entre Simón Campusano, Matías Ávila y Nahuel Alavia, saxofonista de Candelabro, el telón cerraba por cuarta y última noche, pero ya de forma definitiva. Mismo cuadro anterior, alguno que otro intérprete diferente, pero con el mismo significado: una celebración en vida de Niños Del Cerro. No solamente por lo que son hoy -apuntados como uno de los mayores referentes de los músicos actuales-, sino por lo que han sido desde su inicio: un proyecto lleno de honestidad y texturas musicales que habla de espacios cotidianos desde la periferia, de una mirada nostálgica e infantilmente inocente en torno al barrio, pero atravesado todo esto con una emocionalidad y sensibilidad profunda, a veces conmovedora, otras románticas, algunas oscuras y otras desenfrenadas.

Un quinteto que supo mirar su camino recorrido celebrando cada uno de sus pasos, junto a músicos cercanos y un público fiel. En otras palabras, entre amigos, amigas y familia. Noches mágicas de una banda mágica.

Puedes revisar la galería del show en Rojas Magallanes AQUÍ

Puedes revisar la galería del show en Club Blondie AQUÍ.

Setlist Noche 3 (Centro Cultural Rojas Magallanes):

  1. Povidona
  2. Tentempié
  3. Miel
  4. Mi modesta ceguera personal
  5. Sulamita
  6. Tamarugal
  7. Frío frío
  8. Esta enorme distancia
  9. Daniel
  10. Vía contemplativa
  11. El dulce en la piel de tu nombre
  12. Mamire
  13. La sombra quieta
  14. Le entrego mi alma al vacío como una ofrenda de amor
  15. Noche oscura
  16. Cuauhtémoc
  17. Durmiendo en el parque
  18. Canto al mediodía
  19. Flores, labios, dedos
  20. El sol en los ojos
  21. Contigo
  22. Sísifo

Setlist Noche 4 (Club Blondie)

  1. Príapo (o Sísifo otra vez)
  2. Tembló
  3. Canto al mediodía
  4. Pieza oscura (Para Martín)
  5. Aluvión
  6. Seis de enero
  7. Un río
  8. Buen dormir
  9. Vinca
  10. Narciso negro
  11. Cada cosa en su lugar
  12. Guardo un tesoro
  13. Durmiendo en el parque
  14. Sulamita
  15. Tentempié
  16. Miel
  17. Mi modesta ceguera personal
  18. Cuauhtémoc
  19. Las distancias
  20. Flores, labios, dedos
  21. Contigo
  22. Sísifo

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