Texto por: Franco Zurita

Fotografías por: Hugo Hinojosa

El punk rock en nuestro país tiene raíz bastante contundente. Desde exponentes locales históricos hasta el amor intrínseco por bandas de otros rincones de este planeta quienes han cultivado un cariño enorme en esta parte de la tierra. En este contexto y como ha sido habitual los últimos años, fuimos testigos de otro encuentro legendario de la escena con No Fun At All quienes desde la lejana Suecia se embarcaron junto a la buena vibra y rebeldía de Authority Zero para recorrer Latinoamérica y aterrizar en nuestro país el pasado 6 de octubre en Sala Metrónomo. Una noche dedicada a la camaradería, a volver a esos recuerdos de antaño y para vivir en punk como bien sabemos hacerlo, por supuesto dentro del moshpit.

Ante un Santiago completamente inundado, fueron cientos los fanáticos quienes víctimas de la incesante lluvia llenaron Metrónomo para reencontrarse con viejas amistades y también con aquella banda que acompañó y nos hizo vivir tantos buenos momentos. Ya con la multitud en posición y en un ambiente caldeado por la horda sedientas de rebelión, Authority Zero tomó su lugar sobre el escenario para hacer vibrar los rincones del recinto en su reencuentro con su público local. «Livereducation» abrió su repertorio transformando el lugar en una masa de cuerpos que se abalanzaron ante las primeras provocaciones de los de Arizona. Desde sus inicios, Jason Devore y compañía han extendido las fronteras del punk construyendo una identidad bastante particular en la escena lo que los hizo ganarse un lugar entre los grandes, además de gozar una buena posición en los mejores tiempos del género.



“No Regrets” y “21th Century Breakout” fueron otros de los himnos que mantuvieron a la horda en movimiento entre quiebres y coros gigantes que se expandieron alrededor de la sala. Ya casi en el final, un clásico que los posicionó por allá a mediados de los 2000’, “Revolution” fue el grito de guerra con el que Authority Zero se impuso y demostró que la rebeldía no tiene edad ni fecha de caducidad. Un repertorio que conversó con todas sus épocas y que definió a la perfección el espíritu eterno de la banda. “Lift One Up” fue el cierre glorioso de los norteamericanos y el resumen del sentimiento de una banda que encontró en la música, una razón para seguir levantando la voz.

Tras una breve pausa (lo suficiente para volver a hidratarse y conversar con los amigos), era el turno de uno de los veteranos del sonido más melódico del punk, los suecos de No Fun At All quienes regresaron a tierras locales a casi tres años de su última visita en Blondie. Una banda muy querida por estos lugares por lo que su retorno siempre es y será bienvenido.

Olvidando por completo la caótica situación vivida por la lluvia en las afueras del local, adentro el ambiente era infernal. La euforia y la emoción del reencuentro hacían crecer aún más las expectativas y con la precisión de un reloj suizo, No Fun At All dió rienda suelta a un repaso crucial por toda su historia. “Invitation” dio inicio a este culto al moshpit funcionando como el plato de entrada perfecto para seguir sacudiendo el recinto. «In A Moment», «Suicide Machine» y “Catch Me Running Around» transformaron el lugar en una enorme voz que al unísono acompañó un sentimiento fraternal que abrazó Metrónomo. Una conexión que solo se entiende viviendo el fuego de la masa moviéndose en el pit.

Luego de empuñado el set, era el momento del encore y sin dar tregua, “Believers” volvió a aceitar el engranaje en medio de cuerpos lanzándose al vacío. Ya en los últimos suspiros, “Beat ’em Down” siguió enardeciendo el fuego y el clásico «Master Celebrator» terminó por agotar el último aliento, cerrando la jornada con la misma energía y pulcritud con la que comenzaron el show ante un público exhausto, pero con el espíritu intacto.

Al salir, la lluvia pasó a segundo plano. No quedaba voz y la ropa seguía empapada pero esta vez por el calor infernal de vivir durante dos horas lo que punk rock desata en cada uno de nosotros. Un encuentro que unió la precisión de No Fun At All y con la rebeldía y libertad de Authority Zero. Dos bandas que respiran la misma esencia desde distintos lugares pero que dejaron una huella en toda una generación, enseñándonos que una canción o una banda puede acompañarnos por años, pero solo frente a un escenario y cantando frente a cientos de personas, te das cuenta del peso que realmente cargan.

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