Texto por: Gonzalo Díaz

Fotografías: Joselyn Heyden

Hablar de Sepultura es referirse a un caso especial dentro del metal, partiendo por el hecho de ser una banda sudamericana que logra traspasar fronteras y convertirse en una de las bandas más importantes del thrash metal a nivel mundial, sumado a que sus integrantes son reconocidos hasta hoy como piezas claves y protagonistas de dicha escena, pero a su vez, debemos reconocer que hablar de Sepultura también es sinónimo de quiebres, discusiones y una disputa que hasta hoy tiene divididos a fanáticos de la banda entre quienes mantienen su postura con el legado de los hermanos Cavalera, como también los que prefieren dar vuelta la página y mantener el espíritu de la banda con la facción de Andreas Kisser y compañía, colectividad que este jueves llegaba al Teatro Coliseo para dar inicio a uno de los dos shows de despedida de la banda oriunda de Brasil.

Ya establecidos en la jornada que prometía intensidad y un amplio recorrido por la trayectoria de la agrupación, el Teatro Coliseo recibía a una banda regresaba al país para comenzar a cerrar definitivamente una historia iniciada en Belo Horizonte en 1984. La jornada de este jueves fue en ese sentido, mucho más que otro concierto de metal, fue un ejercicio colectivo de memoria. Así, en cuanto a la jornada, antes de que apareciera Sepultura, Mawiza tuvo la responsabilidad de abrir una noche particularmente significativa. La agrupación local llegó con una propuesta que lejos de sentirse como un simple número telonero, dialogó con buena parte de aquello que Sepultura ha construido durante su trayectoria, es decir, la búsqueda de una identidad propia, la incorporación de elementos originarios y la posibilidad de entender el metal como una herramienta de expresión cultural y política.

Mawiza salió al escenario con contundencia, haciendo que el Coliseo comenzara a prenderse rápidamente. Su presentación tuvo fuerza, pero también un componente simbólico, frente a una banda brasileña que durante décadas demostró que el metal podía dialogar con las raíces culturales de Sudamérica, los chilenos aparecieron reivindicando su propia identidad desde el escenario. El resultado fue una apertura que tuvo sentido dentro del contexto general de la jornada.

Pero la verdadera dimensión de la noche se comprendía al mirar al público. Camisetas de distintas épocas, generaciones que probablemente habían conocido a Sepultura en momentos completamente diferentes y seguidores que habían esperado para volver a encontrarse con la banda, configuraban un ambiente que iba entre lo festivo, agresivo y, al mismo tiempo, inevitablemente melancólico, que conectaba con la decisión de terminar la historia de Sepultura después de más de cuatro décadas y que ya en su último punto generaba discusiones, cuestionamientos y cierta sensación de incredulidad entre sus seguidores. Es verdad, la historia de Sepultura nunca ha estado exenta de polémicas, la salida de Max Cavalera, las posteriores transformaciones de la formación, los cambios estilísticos y las diferentes etapas atravesadas por la agrupación han hecho que su trayectoria sea tan compleja como influyente. Incluso durante esta última etapa hubo nuevos cambios de integrantes, con la incorporación del joven Greyson Nekrutman a la batería.

Sin embargo, frente al escenario, buena parte de esas discusiones quedaron momentáneamente suspendidas. Cuando Sepultura apareció, el Teatro Coliseo respondió como si estuviera intentando prolongar el concierto antes de que siquiera comenzara y la banda entendió rápidamente cuál era la tarea, no se trataba de ofrecer una presentación nostálgica, sino de demostrar que, pese al final anunciado, todavía podían sonar como una banda viva. Con ello y ya en el set, “Inner Self” fue uno de esos golpes iniciales capaces de recordar por qué Sepultura se convirtió en una institución del metal. La batería de Nekrutman aportó una energía particularmente física, mientras Andreas Kisser continuó funcionando como uno de los grandes conductores de la historia del grupo. Derrick Green, por su parte, volvió a demostrar que su presencia dentro de Sepultura ya no necesita justificarse, tras casi tres décadas ocupando el puesto, ha construido su propia relación con el repertorio.

Mediante canciones como “Desperate Cry”, “Kairos”, “Means to an End” y “Attitude”, hicieron que el concierto recorriera distintas etapas de la banda sin intentar convertirlas en compartimentos separados. Punto aparte fue la cercanía de la banda con el público, el cual fue otro de los elementos fundamentales. Andreas Kisser habló con los asistentes, agradeció la relación construida durante décadas y dejó claro que Chile ocupa un lugar particular dentro de la historia de Sepultura. Pero fue hacia el final cuando la dimensión emocional comenzó a imponerse definitivamente sobre la brutalidad, “Arise” volvió a transformar el Coliseo en una máquina de violencia sonora, mientras que “Ratamahatta” preparó el terreno para el inevitable momento de “Roots Bloody Roots”.

Sepultura se irá, pero resulta difícil pensar que realmente pueda desaparecer, su influencia excede ampliamente los límites del thrash, el death o el groove metal. La banda demostró que desde Latinoamérica era posible construir un lenguaje extremo capaz de competir internacionalmente sin abandonar necesariamente las propias raíces. Introdujo percusiones, sonidos indígenas, referencias sociales y políticas y una identidad brasileña dentro de una escena que durante mucho tiempo miró a otros lugares del mundo. Esa capacidad de convertir lo local en algo universal probablemente sea uno de sus mayores legados. Es verdad, Sepultura se despide de los escenarios, pero su música e historia, se mantendrá presente.

Puedes revisar nuestra galería fotográfica de este evento AQUÍ.

Setlist:

01. Inner Self

02. All Souls Rising

03. Desperate Cry

04. Kairos

05. Means to an End

06. Attitude

07. Against

08. Choke

09. The Place

10. Escape to the Void

11. Kaiowas

12. Dead Embryonic Cells

13. Convicted in Life

14. Beyond the Dream

15. Territory

16. Refuse/Resist

17. Slave New World

18. Arise

-Encore-

19. Drum Solo

20. Ratamahatta

21. Roots Bloody Roots


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