Título: La Nueva Canción Chilena. Electrodomésticos

Autor(es): Rodrigo Fernández & Valentina Barahona

Editorial: La Piedra Redonda

Año: 2026

Texto por Lucas Araya Araya

En 2004, la fuerza estruendosa de Electrodomésticos estremeció los bordes de un incipiente siglo con una industria musical agonizante, varias escenas repartidas entre la masividad televisada y los nichos ruidosos y subterráneos. Con «La Nueva Canción Chilena», la banda trajo una flamante sonoridad, una narrativa cinematográfica y un monolito discográfico lleno de espejos de una sociedad aún marcada por fantasmas, ausencias y una alegría que nunca llegó. La Piedra Redonda trae un texto de Rodrigo Fernández y Valentina Barahona que rastrea la historia del grupo desde sus inicios hasta la publicación del álbum y que busca paralelismos literarios e intertextos con otras obras del poemario local y universal.

Un buen día, sus canciones dejaron de sonar en las radios y su propuesta vanguardista y de resistencia no tenía cabida en un mundo donde los arcoiris y las promesas de alegría y justicia no parecían un enemigo brutal al cual derrotar con arte y experimentación. El trío original se disolvió y cada cual tomó diferentes rumbos, encontrándose siempre en esquinas, cruces, escenarios, estudios y mesas. Así pasó el tiempo, la industria decayó y los nombres exitosos, radiales y masivos de la década de la transición se fueron difuminando y Electrodomésticos parecía un dinosaurio difícil de digerir pero que estaba ahí, durmiendo.

Volvieron las guitarras eléctricas, volvió el rock and roll, la retromanía creció, pero el sonido crudo y visceral se apagó rápidamente. En eso, cayó un rayo de luz eléctrica. Con un regreso desde los ecos metálicos de la década oscura y la transición agotada, Carlos Cabezas y Silvio Paredes reformaron una de las bandas más rupturistas de nuestra música local y sumaron a Edita Rojas, Cuti Aste y Gabriel Vigliensoni a una máquina de hacer melodías punzantes y contar historias sufrientes, sórdidas y luminosas, todo en un combo gigante que decidieron titular «La Nueva Canción Chilena», jugando con ironía para mecer la cuna intocable de la tradición y darle nuevos significados al sonido, las palabras y la chilenidad. 

Valentina Barahona y Rodrigo Fernández decidieron sumergirse en el océano inquieto de la historia, la estética y la poética de uno de los álbumes más representativos de un siglo que recién puede mirar atrás y reconocer sus referentes entre las ruinas de lo que fue, lo que pudo ser y lo que ya nunca fue. 

Con un repaso preciso y resumido en los hitos que conectan los orígenes del grupo formado por Silvio Paredes, Ernesto Medina y Carlos Cabezas, su casi azarosa presencia en el mundo del pop de masas y el contexto adormecido noventero en que se diluyó la fuerza inicial para dar paso a la experimentación electrónica de Paredes, el surgimiento de Los Mismos (otro iceberg oculto que merece ser redescubierto), el romance cinematográfico de Cabezas y su forma propia de hacer música alternativa resplandeciente hasta cruzar el umbral de siglo para conformar una nueva alineación que terminaría dando forma al esqueleto y cuerpo de Electrodomésticos en los primeros dosmiles, un animal mecánico y orgánico que fue capaz de unir la resaca industrial con la madurez sónica para aunar el bolero eléctrico y punzante con el sampleo carnal con cuerdas metálicas y vientos en un abrazo con sintetizadores y así darle forma a uno de los mejores discos de 2004 (cuando la prensa musical todavía importaba y sus rankings eran valorados en el papel y la pantalla), el cual cayó luego en el mar del olvido en un mundo híper estimulado y donde los lanzamientos de nueva música cada semana pasó a llenar los oídos y los ojos de data asfixiante.

Los Prisioneros, Electrodomésticos, Fulano, Jorge González, Carlos Cabezas, Jorge Campos. Fuerzas de la naturaleza humana que atraviesan décadas, formatos, experimentación musical y los bordes la lírica transgenerscional en Caminos que se cruzan de manera impensada e inesperada. Historias que aparecen acá como un brillo fugaz y feroz.

Mucha agua pasó bajo los puentes y los ríos retomaron su cause original mientras pasaban 20 años de furia y de nuevas rutas de Los Electro (sí, así) y «La Nueva Canción Chilena» tuvo su reedición en vinilo después de alcanzar un sitial de culto y de cargar con el peso de “imposible de encontrar” en formato físico. Una deuda saldada con ellxs mismxs y con su público. Al mismo tiempo, una semilla germinaba y se urdía un plan nunca antes visto: un mapa poético que uniera los versos y la forma de narrar historias y dibujar personajes de Carlos Cabezas con la poesía gigantesca de Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Teresa Wilms Montt y Enrique Lihn, haciendo que el panteón enorme de las letras chilena tenga nuevos intertextos en los que la forma de utilizar las palabras en la poética electrodoméstica pueda conectarse con las visiones de María Luisa Bombal, Roberto Bolaño, Armando Uribe  y Violeta Parra e, incluso, romper los límites y abrazar a Julio Cortázar y Mario Santiago en su juego con la realidad, lo visceral y la crudeza de la vida y la muerte. Todo en 132 páginas. Un ejercicio justo y necesario.

Cuales detectives salvajes, Barahona y Fernández viajan en un tren de tres carros para contar la historia del grupo y los caminos de sus integrantes, desglosar su lírica para conectar puntos impensados y, finalmente, cerrar un capítulo para abrir una nueva ventana desde la cual saltar hacia lo que vendrá: el destello más allá que siempre acompaña la incansable creatividad de Carlos Cabezas y Electrodomésticos.


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