Texto por: Gonzalo Díaz

Fotografías por: Chargola Prod

Santiago se encontraba bajo una intensa y sorpresiva jornada de precipitaciones, de esas que muchas veces hacen replantear el salir de casa o simplemente suspender actividades, pero para quienes tenían marcado el regreso de Grave a Chile, el agua no fue suficiente para detener la convocatoria. Desde temprano, el Club RBX comenzó a recibir a una audiencia que, pese a las condiciones climáticas, terminó repletando el recinto para reencontrarse con una de las agrupaciones fundamentales del death metal sueco.

La jornada comenzó con las bandas Gravered los peruanos de Nocrofagore y Undertaker of the Damned, bandas que tuvieron la responsabilidad de preparar el terreno para lo que sería el plato fuerte de la noche, manteniendo desde temprano un ambiente cargado de riffs pesados, voces desgarradas y una audiencia que poco a poco aumentaba su intensidad. En particular, la presencia de Necrofagore permitió además ampliar al cartel del death metal sudamericano, mientras las agrupaciones nacionales demostraron que la escena local continúa teniendo argumentos suficientes para sostener una jornada de estas características.

Poco antes de las 22 horas llegó finalmente el momento esperado. Las luces bajaron y Grave apareció sobre el escenario, retomando una historia que comenzó hace más de tres décadas. Pero esta vez el regreso tenía un significado particular, la banda llegaba a Chile con su formación original y con la decisión de recuperar dos trabajos fundamentales de sus primeros años, “Into the Grave” (1991) y “You’ll Never See…” (1992), dos discos que ayudaron a definir el sonido de una escena que durante los años noventa llevaría al death metal sueco a convertirse en una referencia mundial. Y no hubo demasiadas concesiones para comenzar, Grave abrió precisamente con “Into the Grave”, desatando inmediatamente la brutalidad que caracteriza a la banda. Desde los primeros segundos quedó claro que no se trataba simplemente de una visita marcada por la nostalgia.

El peso de las guitarras, la crudeza de la batería y la voz de Ola Lindgren mostraron a una banda que, pese al paso del tiempo, conserva una contundencia que no necesita artificios. El repertorio avanzó recorriendo buena parte de ese primer período, permitiendo que canciones de “Into the Grave” y “You’ll Never See…” como “Day of Mourning”, “Deformed” o “For Your God”, adquirieran una nueva dimensión en directo. Escuchar estos temas décadas después de su aparición no significó convertir el concierto en una pieza de museo, por el contrario, la ejecución permitió comprobar que aquellas composiciones siguen funcionando con una fuerza considerable frente a una audiencia que respondió con intensidad durante toda la presentación.

Uno de los aspectos más llamativos de la noche fue precisamente la solidez del grupo. Grave no necesitó acelerar artificialmente sus canciones ni convertir cada momento en una demostración exagerada de virtuosismo. La banda se sostuvo sobre la contundencia de sus composiciones y una ejecución precisa, dejando que el sonido hablara por sí mismo. Hay algo particularmente efectivo en esa fórmula, riffs pesados, estructuras directas y una atmósfera oscura que mantiene intacto el carácter de sus primeros trabajos. También existe una dimensión especial en escuchar estos discos interpretados por la formación original. Para una parte importante del público, “Into the Grave” y “You’ll Never See…” no son simplemente álbumes clásicos del death metal, sino trabajos que marcaron una época y ayudaron a establecer un lenguaje musical que posteriormente sería desarrollado por innumerables bandas.

Tener nuevamente sobre un escenario a quienes estuvieron allí durante ese período convirtió la presentación en un encuentro entre generaciones, quienes descubrieron a Grave en los noventa y quienes llegaron décadas después a conocer su legado. La respuesta del público fue coherente con esa expectativa. Ni la lluvia, ni el frío, ni el cansancio de una semana laboral parecieron importar demasiado. El Club RBX terminó convertido en un espacio donde la memoria del death metal se encontró con el presente, demostrando que ciertas canciones pueden atravesar décadas sin perder capacidad para generar movimiento y ruido.


Zumbido.cl

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