
Texto por Pablo Castillo
Fotografías por Joselyn Heyden
El héroe de la música independiente vuelve a hacer presencia en nuestro país con bombos y platillos después de 8 largos años. Porque Mac DeMarco en tan solo horas ya tenía vendida por completo dos fechas en el Teatro Caupolicán, marcando el reencuentro con su querida fanaticada chilena, una que representa un porcentaje grande en el corazón del canadiense por la historia que comparte con este rincón del mundo. Y no solo es su música, sino el personaje en el que se ha convertido durante los años, así que con camisa a cuadros, jockey y pasado a cigarro nos encaminamos hacia el teatro para disfrutar de un viaje psicodélico directo hacia la década pasada.
El reencuentro tenía un plato de bienvenida, el trío nacional de jazz vanguardista Maria y Los Templos nos regalaron media de hora de intensa experimentación para mantener los ánimos altos de un público que contaba cada minuto y cada segundo. Y por más que fueran géneros totalmente distintos de lo que veremos a continuación, fue un deleite espectacular en cuanto interpretación y sonido, creando una atmósfera que sería la antesala perfecta para la llegada de nuestro bigotudo favorito.
Nueve en punto y toda la banda entró en escena junto con la estrella de la noche, con su clásica pinta de indie promedio y unos pantalones anchos de construcción marcando tendencia como el mejor vestido de la banda. Sin rodeos, un viaje psicodélico en donde la lucidez no estaba permitida comenzó sin previo aviso, y no importaba en qué sector del teatro estuvieras, la dulce voz de Mac abrazaba tu alma casi como si te estuviera cantando directamente a ti. Partiendo el set con “Shining” marcando la pauta de la gira de su último disco Guitar (2025), pero intercalando con clásicos de talla alta como “For The First Time”.

Guitarras desafinadas por el chorus, una batería que se esfumaba en el eco, unos sintetizadores cimentando todo el aspecto psicodélico del show, un bajo fretless que nos traía de vuelta a la realidad y Mac en formato frontman sin su guitarra, con micrófono en mano paseándose de un lado mostrando ese lado más showsero dandoselas de chistosito revelando de a poco su característico tono de humor. Con muy pocos elementos sobre el escenario sostenían un show que sonaba increíble a los oídos de cualquier persona lúcida, porque los que no, se perdían fácilmente a través de las hipnotizantes visuales pixeladas a espaldas de la banda.
Y mientras una mitad del show se enfocaba en mostrar su repertorio más nuevo, la otra nos hizo vibrar con las canciones que lo convirtieron en el capitán de la psicodelia durante la década pasada. Agarrando la guitarra para ver la faceta clásica con la que conocimos a Mac en absolutos himnos como “Salad Days”, “Passing Out Pieces” o la más reciente “Rock and Roll”, siempre con muchas sencillez en reverencia a su público y con esa sonrisa que dejaba entrever sus dientes separados.
Música de baja fidelidad, pero de alto cuidado. Apuntando a la nostalgia, a los recuerdos, a una vida completa que nos ha acompañado con su música, “20191009 I Like Hear“ interpretada con un nivel de intimidad que se sentía hasta los suspiros de la banda, “Still Beating” y ese tono acústico de fogata, y “No Other Heart” como un distorsionado golpe de realidad entre tanto recuerdo de adolescencia. Invadidos por su carisma, el show se convirtió en un espectáculo de humor, ofreciendo unos monólogos con una voz grave tipo stand-up comedy con tallas que solo él entendía pero que aun así causaban mucha risa por su forma de tratar con el público. Y no solo le bastó con su bloque de comedia, improvisaron algunas piezas de jazz tocando la intro de la Pantera Rosa y un incesante baile que terminó con Mac a dos manos y patas arriba.

El público alumbrando el teatro al sonido de “Ode to Viceroy”, la tranquila interpretación de “One More Love Song” y el clásico pero volátil sintetizador de “Another One” fueron la calma antes de la tormenta. Con una intensa introducción, “Freaking Out the Neighbourhood” convirtió al Teatro Caupolicán en un campo de guerra, donde saltar de un lado a otro era la única manera de salir vivo, evolucionando esa íntima energía que se encapsulo durante todo el show en unas explosivas interpretaciones, dando el cierre al set con los 7 minutos de “Moonlight on the River” y una brutal y psicodélica experimentación que hizo un fade-out hacia la intro de “Chamber of Reflection”, el clímax de la noche con el recinto completo coreando hasta perder el aliento, sonando a momentos mas fuertes que el propio Mac.
Un pequeño encore que no estaba preparado sentenció la cita, los gritos del público chileno estaban sedientos por un poco más del canadiense así que nos regaló un clásico con el cual podemos esperar otra eternidad para su regreso, “My Kind of Woman” para despedirse y darle punto final al reencuentro de Mac DeMarco en Chile. Haber escuchado todos esos himnos en vivo es materializar de alguna manera los recuerdos de la adolescencia, no importa si es con el ruido del metro de fondo, con un audífono malo, o teniéndolo enfrente en vivo, su música es un parche curita al corazón que durante más de una hora -por más psicodélico que fuera el viaje- nos hizo sentir vivos. Su carisma, su intimidad y su forma de ser lo convierten en un héroe más allá de la música ¿Cuántas vidas habrá salvado con su arte? Porque las caras de felicidad pura a las afueras del Caupolican demostraban un antes y un después en la vida de los fanáticos.
Setlist:
- Shining
- For the First Time
- Sweeter
- On the Level
- Phantom
- Salad Days
- 20191009 I Like Her
- Rock and Roll
- Still Beating
- Passing Out Pieces
- Home
- No Other Heart
- Heart to Heart
- Little Dogs March
- Ode to Viceroy
- One More Love Song
- Another One
- Rooster
- Freaking Out the Neighborhood
- Holy
- Moonlight on the River
- Chamber of Reflection
Encore:
- My Kind of Woman





















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