
Nombre: «Leviticus: Ritual de sangre»
Dirección: Adrian Chiarella
Género: Terror social
Año: 2026
País: Australia
Texto por Clau B. Díaz
Hace algunos años el terror está pasando por una muy buena racha, dándonos historias originales y de autor que se alejan de la —ya gastada— fórmula de las grandes productoras de Hollywood. “Leviticus” es una de esas cintas que entra en la camada del nuevo terror, uno psicológico y social, en el que el monstruo son los estereotipos, el odio, el fanatismo, y en este caso, la homofobia.
La película sigue a Naim (Joe Bird), un adolescente que se muda con su madre (Mia Wasikowska) a un conservador y religioso pueblo de Australia. En este ambiente el joven comienza un amorío con un compañero de escuela, Ryan (Stacy Clausen). Bajo esta premisa no es difícil intuir lo que pasará: el rechazo de la comunidad a una relación homosexual, y su consecuente actuar ante esta situación. Sin embargo, lejos de intentar una terapia de conversión, la comunidad religiosa hace algo igual de horrible: los maldice para que crezca una desconfianza entre ellos.
La historia sigue la estructura de las películas sobre posesiones demoníacas, donde los protagonistas intentan escapar de su maldición. De modo que la cinta a ratos se siente como algo que ya se ha visto, y si bien hay elementos interesantes, y la película es genuinamente entretenida y buena, se hace un poco repetitiva en algunos aspectos. En muchas ocasiones recuerda a cintas de brujas, aquellas donde las mujeres eran maldecidas por ser mujeres, incluso me atrevo a aventurar que “Leviticus” a veces quiere parecer “The Witch” de Robert Eggers, sin lograr la profundidad y el folclore de ella.

En los aspectos técnicos hay que destacar las actuaciones, tanto Joe Bird como Stacy Claussen están magníficos en sus papeles. La química entre ellos hace que de verdad quieras que puedan estar juntos. Empatizas con el horror que sienten al no poder expresar su sexualidad libremente, y que una sociedad entera se empecine para generar una homofobia interiorizada y una desconfianza hacia el otro. El personaje de Mia Wasikowska representa a esa sociedad, no es visiblemente mala, incluso llega a ser cariñosa con su hijo, pero el odio que siente hacia lo no normativo es silencioso y violento.
En conclusión, “Levitucus: Ritual de sangre” es una muy buena película. Sí, repite fórmulas, pero al contrario de lo que le sucede a Hollywood con estas repeticiones, “Leviticus” usa el recurso para contar la historia —y no al revés—, está al servicio de la trama. Además, no cansa, ya que su hora y media de duración le permite a la película tomarse el tiempo, aunque, para mí le faltó profundizar más algunos aspectos. Sea como fuere, es un imperdible para toda la fanaticada del género de terror que nos está dando grandísimas alegrías.
«Leviticus: Ritual de sangre» ya está en las salas de cine del país.




















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