Nota por: Franco Zurita

Loquero apareció en un momento en que el punk argentino parecía haber encontrado una fórmula certera. Las canciones retrataban el barrio, la violencia cotidiana, el desencanto social y la bronca generacional desde una mirada colectiva y documental. Había denuncias y por supuesto, himnos y es en este horizonte, que la banda marplatense decidió hacer un giro de 180° y en lugar de relatar lo que ocurría afuera, comenzó a explorar lo que sucedía dentro. Hay experiencias, hay angustia e incluso, vacíos existenciales. Y esa decisión, tan sutil como radical, terminó por distinguirlos del resto de sus contemporáneos.

Las letras de Chary nunca necesitaron de grandes discursos para transmitir inquietud. Las canciones se mueven en un terreno donde la fragilidad, la paranoia, la culpa o el miedo a existir aparecen sin ningún escrúpulo. El conflicto rara vez es un sistema, una institución o un enemigo reconocible, sino que casi siempre es la propia conciencia la que habla. Por eso tantos himnos de Loquero parecen monólogos internos antes que denuncias o relatos. Hay una incómoda intimidad que nos obliga a dejar de observar desde la distancia para convertirnos en cómplices de ese pensamiento. Eligieron ser parte de la “primera persona” y esa elección cambió por completo el peso emocional de su música.

Su identidad sonora también reforzó esta personalidad. Mientras muchas bandas abrazaran los códigos más ortodoxos del punk, Loquero nunca tuvo miedo de contaminarse con otros sonidos. El post-punk, las atmósferas oscuras, melodías melancólicas e incluso ciertos guiños hacia el rock más alternativo fueron apareciendo de manera natural, no como un intento de sofisticar, sino como la consecuencia lógica de que hay canciones que exigen otros colores. La rabia sigue latente, pero ya no se trata sólo de explotar. Aprendió a respirar, a contenerse, a dejar que el silencio dijera lo que un grito no podía y esa amplitud musical hizo que su obra envejeciera de manera poco habitual dentro del punk argentino.

Quizás por eso Loquero nunca ocupó el lugar de las bandas más populares de su generación, pero digamos que tampoco nunca lo necesitó. Mientras otros nombres quedaron asociados a una época, sus canciones continúan sintiéndose más presentes que nunca. Porque la ansiedad, la alienación, el miedo o la sensación de no encontrar un sitio en el mundo no pertenecen a una fecha en particular, sino que son parte de la condición humana. Los argentinos entendieron eso a la perfección y con el paso de los años, esta singularidad dejó de ser una rareza para convertirse en su mayor legado.

Hoy resulta difícil pensar la historia del punk argentino sin mencionar a una banda que se atrevió a demostrar que la intensidad no siempre depende de tocar más rápido o gritar más fuerte. A veces basta con escribir una canción que tenga el coraje de mirarnos hacia nosotros mismos. Ahí radica la verdadera importancia y la valentía de Loquero: no en haber sonado distinto, sino en haber ampliado las expresiones de un género que, gracias a ellos, descubrió que la vulnerabilidad también puede ser una forma de resistir.

La próxima semana, nos reencontraremos junto a Loquero para celebrar los 25 años de su icónico “Fantasy”, debido a la reprogramación de sus conciertos producto del sistema frontal que azotará al país. El 21 de agosto inicia este recorrido en Valparaíso en el Centro de Eventos El Huevo, el 22 en Santiago en Teatro Ex-Mundo Mágico y el 23 en Concepción en Casa de la Música. Lamentablemente y por temas de agenda, el show de Caldera está cancelado.

Aún quedan entradas en Ticketflow. Produce: Ocho Dos Producciones.


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