
Nombre: La infiltrada
Directora: Arantxa Echeverría
Géneros: Thriller/ biográfico
Año: 2024
Texto por Clau B. Díaz
Las historias de agentes infiltrados siempre atraen, especialmente si se basa en hechos reales. Ya que, ver a un personaje estar siempre ad-portas de ser descubierto es tensión garantizada. Este es el caso de “La infiltrada” de la directora española Arantxa Echeverría, cinta que narra cómo una joven policía que se hacía llamar Aránzazu Berrade (Carolina Yuste) se infiltró durante la década de los 90’s del siglo pasado en la organización terrorista Euskadi Ta Askatusuna, más conocida como ETA (“País Vasco y Libertad” en español).

Lo más interesante de las películas de policías infiltrados no es tanto atrapar a quienes investigan, sino explorar qué les sucede a los infiltrados. La protagonista Aránzazu pasa más de 7 años compartiendo en círculos de izquierda abertzale de carácter nacionalista, y más allá de estar o no de acuerdo con el pensamiento, Aránzazu establece amistades y relaciones cercanas con personas que en otras circunstancias no hubiese compartido, lo cual produce una dicotomía en la protagonista: al mismo tiempo se preocupa por estas personas, incluso puede acercarse más de lo recomendable para una infiltrada, pero al mismo tiempo los odia. Y este sentimiento contradictorio la actriz Carolina Yuste lo transmite de manera superlativa.

Por lo tanto, la cinta se divide en dos grupos unidos por Aránzazu: por un lado, la policía representada por Ángel (Luis Tosar), jefe directo de la infiltrada, junto con su equipo; y por otro está la ETA, representado por los etarras Kepa Etxeberría (Íñigo Gastesi) y Polo Cabases (Diego Anido) quienes viven con Aránzazu en el mismo departamento. Estas dos fuerzas en pugna, por decirlo de alguna manera, están en constante tensión y nuestra protagonista está en peligro en todo momento. La película nos sumerge en el estado de ánimo de Aránzazu, el cual fluctúa entre la tranquilidad y el miedo de que cualquier paso en falso significaría un disparo en la nuca.
La dirección está al servicio de ese peligro. Las escenas transmiten esa sensación de tener que ir con mucho cuidado. No decir mucho para no delatarse, pero tampoco callar tanto porque es sospechoso. Y esto la cámara lo muestra. Hay muchas tomas de la protagonista en una esquina de la pantalla, dando a entender su posición y su identidad oculta, pero cuando está más relajada los planos son más abiertos. Además, las escenas de acción, que no son muchas, están tan bien filmadas que te mantienen al borde del asiento. Incluso las que no son necesariamente de acción. Una simple escena llevando un documento eleva la tensión estratosféricamente. La cámara en mano ayuda a la sensación de inestabilidad, de que un pequeño paso en falso significa el caos y la muerte.

Ahora bien, hay un elemento que une a los dos grupos en pugna y es el machismo. Es revelador que tanto en la policía como en la ETA cuestionan a la protagonista por ser mujer, la subestiman y la sexualizan. Por lo que Aránzazu no sólo tuvo que lidiar con un incipiente tiro en la nuca por parte de ETA, sino con la propia policía dudando de sus capacidades. Se infiltra en un mundo de hombres que la limitan en muchos aspectos y la desconfianza es latente. Tuvo que ser extraordinaria para ganarse su lugar, cuando un hombre consigue ese mismo lugar con mucho menos mérito, como dijo alguna vez la autora española Gloria Fuertes: «Una mujer, para que se la reconozca como escritora, pintora, investigadora o lo que sea, tiene que hacer veinte veces más que un hombre, tiene que ser una fuera de serie. No hay apenas mujeres reconocidas en ninguna profesión, pero el mundo está lleno de célebres hombres mediocres». En ningún caso es una película feminista, ni aborda problemáticas de diferencias entre los sexos, pero no deja de ser pertinente el análisis, ya que, es fácil identificarse con esa presión que sentimos las mujeres.

No quiero dejar de mencionar el diseño de producción y la fotografía. Es tan noventero que te mete en esa década. Casi como un recuerdo para quienes crecimos en los 90’s, aunque sea desde este lado del charco. La ropa, el maquillaje, los autos, los bares y las calles. Un tiempo en que se estaba escribiendo la historia moderna de España, la cual no se entiende sin la ETA. Que en sus 60 años de existencia dejó cientos de muertos, y que sin la ayuda de mujeres como Aránzazu no se hubiese desmantelado. Ahora bien, ¿qué pasa con la mujer detrás de Aránzazu? La historia la puso en su lugar. Fue una servidora anónima que arriesgó su vida por sus fuertes convicciones.
Sin duda una película que vale muchísimo la pena ver. Mantiene la tensión en todo momento, y como ya he repetido… es parte de la Historia.
“La infiltrada” ya se encuentra en cines nacionales.





















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