
El pasado 9 de septiembre, el Teatro Cariola se convirtió en el epicentro de un ritual sin precedentes. Una jornada tan extensa como demoledora que sería inaugurada por los heraldos nacionales Nox Terror y Abbathor, encendiendo la llama que pronto se transformaría en un incendio con la llegada de Pestilence, 1349 y Cancer. Desde las penumbras, estas fuerzas desataron su música infernal, convocando a las huestes del infierno en una noche marcada por la devastación.

Los devotos, sedientos de sangre y ansiosos por iniciar el ritual, se congregaban paulatinamente en el recinto. Las primeras ofrendas serían cortesía de Nox Terror y Abbathor, una demoledora degustación nacional de black metal que consolidó al plato local como uno de los más destacados dentro del festín de música satánica. Un banquete infernal dispuesto a saciar el apetito de los presentes y que prometía colmarse hasta el cansancio con lo que se cocinaba tras bambalinas.

Los británicos Cancer inauguraron el segmento extranjero del festival, comenzando con “Enter the Gates”, una invitación a cruzar el portal que simboliza su música. Tras la calma previa antes del inicio del show, su interpretación provocó un cambio drástico desde el primer instante, que los devotos expresaron con cada fibra de su ser. Las siguientes canciones, “Until They Died” y “Inverted World”, incendiaron el recinto con su devastador sonido, desatando incesantes mosh pits entre el público, que rendía homenaje a la imponente fuerza de la banda. La actuación se centró en lo más reciente de su discografía, “Inverted World”, publicado en abril de este año, aunque también repasaron los clásicos que los han consolidado en la escena internacional. Para cerrar, ofrecieron una muestra de sus primeros trabajos de estudio con “C.F.C” y “Death Shall Rise”, reafirmando la crudeza primitiva de su música y alimentando la voracidad del público.

Ante un escenario envuelto en una espesa capa de humo, dos seres vestidos con túnicas negras encendieron un par de antorchas y, lentamente, se acercaron al público para escupir fuego desde sus bocas. Así dio inicio el oscuro ritual que 1349 había preparado, comenzando con “Riders of the Apocalypse”, una canción capaz de capturar el significado y la esencia de todas las bandas presentes en el festival. El debut de los noruegos en Chile sumergió a los presentes en sus abrumadoras atmósferas y desgarradoras composiciones, representando el sonido más feroz del black metal. La banda centró la misa negra en “The Wolf & The King”, su último trabajo lanzado en 2024, intercalando de manera magistral lo mejor de su legado con canciones como “I Am Abomination”y “Atomic Chapel”. Así, el show se convirtió en un cuidadoso despliegue de intensidad, manteniendo al público poseído ante la música que encarna el jinete de la muerte en los escenarios. El culto culminaría con “Abyssos Antithesis”, dejando tras su paso un hedor a miasma en el ambiente.

Las presentaciones previas de Cancer y 1349 encarnaron a los jinetes de la muerte y el hambre, que son seguidos de cerca por el jinete de la peste, siendo la señal para el advenimiento de los neerlandeses de Pestilence, quienes tras el intro “In Ómnibus”, desataron el caos con “Morbus Propagationem”, manteniendo la intensidad durante toda su presentación, que repasó lo mejor de casi 40 años de trayectoria. Una carrera que ha inspirado a cientos de bandas, gracias a la brutalidad y técnica que trascienden los límites del death metal.

Patrick Mameli agradeció, entre los interludios de las canciones, a los presentes y a la energía inagotable que desplegaron durante el show. Obras como “Out of the Body” y “Sinister” provocaron algunos de los mosh pits más feroces que se pudieron gestar en las entrañas del público. Para cerrar su implacable presencia en el escenario, guardaron “Land of Tears”, terminando el show en llamas y anticipando su nuevo disco “Portals”, destinado a lanzarse este año.
El festival The True Faces of Death Latin America fue la mezcla perfecta de potencia, crudeza y oscuridad. La trinidad infernal de Pestilence, 1349 y Cancer no dejó cabeza sin mover y encendió al público hasta consumir por completo su sed de sangre y metal.





















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