Texto por: Ricardo Arredondo

Fotografías por: Hugo Hinojosa

Estamos en la época de la nostalgia, de eso no hay duda. En este último tiempo hemos visto bandas reunirse, conmemorar álbumes y el regreso de artistas que por un motivo u otro estuvieron ausentes. De alguna manera este retorno entra en esa categoría, y es que este 2026 para muchos estará marcado por la posibilidad de volver a ver a Sebastián Sotomayor en los escenarios ya de forma más constante, luego de su permanencia en el extranjero durante algunos años.

A mediados del 2010, (Me llamo) Sebastián, fue para muchos -me incluyo- uno de los proyectos musicales más atractivos, honestos y prometedores, y es un placer el tener la posibilidad de volver a verlo nuevamente tocar de forma más constante y saber que está establecido nuevamente en nuestro país, y que esos conciertos serán algo más habitual.

El jueves tuvimos la posibilidad de verlo en la Sala Master en un íntimo concierto. A diferencia de sus últimas apariciones multitudinarias por allá por el 2017 en el que contaba con una banda, ahora ha optado por un formato reducido, en el que se acompañó del piano y fue apoyado por su compañero Max en los sintetizadores, que lo ayudaba a transformar las canciones y darle un toque de locura, psicodelia y un nuevo aire a esos track que marcaron la vida de muchas personas.

El concierto repasó canciones de diferentes discos, incluyendo sus éxitos más populares como «Baila como hombre», «Las Polillas», «Órbita» e «Hijos del peligro», siempre con la sinceridad total de Sebastian en el micrófono, quien modificaba las canciones a su antojo en melodía e incluso a veces en letra. Improvisación visceral quizás sería una forma de llamarle a esto, que a todas luces es una muestra de un arte que viene desde lo más profundo de su ser, sin querer ponerle etiquetas ni intentar matizarlo. Como la ha sido siempre en toda su discografía: directo, instintivo y por sobre todo, sin máscaras.

Y es que una de las cosas que más cautiva de Sebastián, es el querer ser él mismo y no aparentar. En gran parte, es eso lo que hace de él un artista con todas sus letras. Bueno eso, y su talento increíble en el piano y su voz magistral. Más allá de que esta “era experimental” y de locura musical pueda ser más o menos del gusto de algunos, se trata de lo que le nace, y eso finalmente es algo que no se puede no agradecer. En un mundo en el que todo es tan plástico, falso y demasiado maquetado; una dosis de sinceridad pura y profunda siempre será algo que siempre va a destacar.

(Me llamo) Sebastián está de vuelta en Chile, y esperamos que su voz no se apague y que esa estrella -sedienta de aplausos y gritos que lo hagan revivir- nunca deje de darnos luz, en este mundo que a veces parece la oscuridad misma.

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