Texto por: Tomás Bascoli

Fotografías por: Hugo Hinojosa

Comienza el noveno mes del año y con ello llega el buen clima que empuja a la proliferación de conciertos, tocatas y festivales que comenzarán a colmar la cartelera de esta última parte del año. Bajo tal efecto, el retorno de RUBIO a nuestro país se tradujo en una fiesta onírica que se desplegó en el Teatro Principal de Matucana 100, con su último álbum “Espero podamos ver un ovni juntxs” como protagonista, la vocalista entregó un mágico show.

Con todos los asientos (escaleras y pasillos) llenos, Fran Straube, la mujer detrás de RUBIO, saltó al escenario tras unos minutos de retraso. Entre una tarima repleta de humo, la cantante, acompañada de su guitarra color menta y su baterista, dio comienzo al concierto con “Me Asusta Tanto” después de una enigmática introducción instrumental.

La voz onírica de Fran dio inicio al transe del cual se apoderó cada centímetro de los cuerpos que repletaron el teatro. Entre el electropop melódico, y los murmullos y ecos de la vocalista, el viaje siguió con “Kintsugi” y “Lo Que No Hablas”. La capacidad multinstrumental de Fran también se despliega en el escenario, alternando guitarra, platillos y teclados a través de un control escénico, así como también su cuerpo que, entre bailes y cantos, se convierte en otra herramienta performática más.

Las luces, siempre ambivalentes, acompañan el ritmo de cada una de las canciones, que van llenando el espacio con los pocos sonidos que se desprenden del despliegue escénico de la artista. “Muchas gracias por estar acá” insinuó la cantante en las pocas frases que intercambió con el público. Pues, en RUBIO la música es el lenguaje y la conexión narrativa. Así, “Después De Ahogarme” y “Yugen” siguieron marcando el tono del concierto.

Alejándose de la electrónica ambiental, a veces incluso industrial, RUBIO dirigió el espectáculo a la faceta más pop con “Voy Creciendo”, “Difícil Lo Sencillo” y “Nuestra Canción”. Una triada extraída directamente de su último álbum, en donde el espacio se contrae de forma minimalista, dejando atrás tanto efecto y autotune, donde la voz tranquila y calma de Fran se entremezcla con las marchas de la batería y su propia guitarra eléctrica que limita los instantes más energéticos. El público, ya de pie con este combo de canciones, entiende el momento protagónico del último trabajo de la cantante nacional y responde con gritos, aplausos y cantos masivos.

Las canciones de RUBIO se van construyendo en capas, a uno lo van sorprendiendo a medida que avanza el ritmo. Así, “Compañera” envió a Fran al frente de los teclados, demostrando una vez más el talento instrumental de la artista. Tras la oleada electropop, llegó un momento más tranquilo en una especie de dúo acústico que, acompañada de Rodrigo de la Rivera en guitarra de palo, entregó una hermosa versión de “Solo Quiero” e “Invierno”, haciendo gala de su capacidad vocal entre falsetes y ruidos cacofónicos, que, dejando atrás tanto efecto atmosférico, demostró la calidad de la cantante.

“Nudo” volvió a empujar a la cantante frente al teclado y el espíritu del pop femenino chileno se tomó el escenario, en una interpretación que se enmarcó en ese sonido que Javiera Mena, por ejemplo, tan bien a inoculado en la escena local. A propósito, fue una de las asistentes al show. A pesar de cierta simpleza, RUBIO demuestra la complejidad instrumental, atmosférica y sonora a lo largo de sus temas.

“Desde acá se pone más caliente la cosa” decía una empoderada Fran antes de despechar “Árboles” y “Silencio” que marcó el regreso de la pureza electrónica que contagió, en una especie de transe instrumental, a los cuerpos que danzan al ritmo de la música y que son empujados con un grito de la propia artista con el lema “es momento de volver a ponerse de pie”.

“Ir” y “Hacia El Fondo”, que funcionaron como una sola canción, permitió a Fran bajar del escenario y colocarse entre los primeros asientos del público que, junto a ellos, bailó y canto al unísono. El contagio fue total hacia el resto de los rincones del teatro santiaguino, convirtiéndose en una pista da baile.

Danza masiva que con “Tecno” y “La Especie” alcanzaron su clímax potenciado entre las secuencias electrónicas y las luces pulsantes que rápidamente formaban sombras en el escenario entre Fran y su percusionista, como si nos estuviesen cantando espectros de otra dimensión. El trance ya estaba completo. “Cosmo” nuevamente condujo a cierta normalidad tras la euforia electrónica y que, incluso, le permitió a Fran dar cátedra del manejo de timbales durante la canción.

Tras ello, y llegando al fin del espectáculo, la vocalista nuevamente bajó al nivel del público, ya desparramado, para cantar “Pájaro Azul” y cerrar con “Montaña Rusa” y el karaoke masivo que significó “Seres Invisibles”, sin antes comentar un “muchas gracias por venir, los amo mucho”.

En fin, la fiesta electrónica, onírica, instrumental y de sonidos cacofónicos que plantó RUBIO en el corazón de Matucana 100 fue algo fuera de este mundo. Como si nos compartiera su pequeño universo sonoro a través de una serie de artilugios, orgánicos y artificiales, entre luces y sombras mientras nos contorneamos, bailamos, gritamos, saltamos y cantamos. Es que el cuerpo se vuelve instrumento viral ante las pulsaciones volátiles, calmas y energéticas, que Fran lanza a través de su voz. Bienvenidos al mundo de RUBIO.

Setlist:

01. Me Asusta Tanto

02. Kintsugi

03. Lo Que No Hablas

04. Después De Ahogarme

05. Yugen

06. Voy Creciendo

07. Difícil Lo Sencillo

08. Nuestra Canción

09. Compañera

10. Solo Quiero

11. Invierno

12. Nudo

13. Árboles

14. Silencio

15. Ir

16. Hacia El Fondo

17. Tecno

18. La Especie

19. Cosmo

20. Pájaro Azul

21. Montaña Rusa

22. Seres Invisibles


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