
Texto por: Ricardo Arriagada Gómez
Una frase que queda enmarcada al principio de la película es «Lo que sigue es un acto de imaginación femenina», dando paso al regreso de la actriz Sarah Polley que durante su último periodo en trabajos audiovisuales ha estado produciendo y dirigiendo, pero hace una década no estaba involucrada en una cinta hasta hace poco. Una frase que es fuerte al saber que son basadas en hechos reales y son llevadas a la actuación en «Ellas Hablan», nominada a dos Premios Oscar (Mejor Película y Mejor Guion Adaptado).
Basada en las escrituras de Miriam Toews, a la vez inspiradas en sucesos reales, se llega a pensar lo increíble que aparezcan estas atroces circunstancias en los lugares más aislados de la sociedad, y viene de la mano muchas acciones horrendas no solo en la educación escasa, sino en la posición que toman hombres encima de mujeres para cometer abusos y no ser penados. Temas que son tocados en alargados debates y conversaciones que toma su fluyo de manera apretada, y no saca los ojos de la pantalla ni los oídos en cada intervención.
El film se localiza en una colonia menonita, enfocadas en ocho mujeres que se juntan para una votación de tres opciones: No hacer nada y quedarse, Mantenerse en el lugar y luchar o marcharse. Este plebiscito nace luego de diversas acusaciones frente a los hombres del sitio que durante años han hecho daño contra ellas para después acusarlas y echarles la culpa con posteriores descargos divinos. Entre sus creencias y miedos, se mantiene una larga conversación por días para concluir qué decisión tomarán, sin escapar de llantos, gritos o preocupaciones en medio de tensos diálogos. Las protagonistas en las constantes reuniones son interpretadas por Rooney Mara, Claire Foy, Jessie Buckley, Judith Ivey, Sheila McCarthy, Michelle McLeod, Liv Mcneil y Kate Hallett. El reparto también tiene la presencia de Frances McDormand (quien además produjo la película) y de Ben Whishaw, como el profesor que ayuda a escribir toda la minuta del debate.

El manejo narrativo de Polley es claro, un reflejo de lo que es la violencia patriarcal -muy cruda que no presenta tantas escenas fuertes, pero su concepto sicológico se siente gigantesca- en un ambiente que impacta lo cercano al año que vivimos y ocurran estas cosas a escondidas. Todo su desarrollo se completamente firme gracias a los diálogos, los alegatos que se presentan y las expresiones que transmiten esas emociones duras, aspectos que son logrados principalmente por Claire Foy y Jessie Buckley, mientras que las demás tienen sus razones y están impecables. La presencia de Whishaw es importante, al igual con algunos personajes secundarios. Recursos técnicos como la música y el vestuario, acompañan la fábula de esta comunidad oscura que solo el sol entra para dar señales de luz.
Las palabras son lo que generan a este trabajo como un gran ejercicio de adaptación, gracias a la comprensión y sensibilidad que sentimos con las actrices y sus papeles que definirán sus futuros. Palabras como la fe, el odio entendible o el perdón con ellas mismas son las piezas que mantienen esta línea en busca de lo moral, que se sientan acompañadas y busquen su libertad. Gran película a estrenarse esta semana en salas de cine, por parte de Andes Films como distribuidora.





















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