Texto por Franco Zurita

Fotografías por Camilo González

Anoche, bajo un cielo cubierto y una lluvia implacable, el trío norteamericano de Yo La Tengo se presentó en el pintoresco Parque de las Esculturas en Providencia y alcanzando una simbiosis casi poética entre la nostalgia de su sonido y el suave rocío sobre las hojas, ante cientos de paraguas que actuaron como escudos protectores, acompañaron a un público desplegando todo su arte con esa mezcla tan característica de introspección y complicidad .

La velada arrancó navegando en un ambiente casi etéreo, como si la lluvia hubiera dictado el tempo y en respuesta, la banda arqueaba sus guitarras hacia el cielo gris. Las melodías envolventes de  “Autumn Sweater”, cobró la textura de un susurro compartido mientras la tensión expansiva de “This Stupid World” y otras joyas de su trayectoria fueron abrazando con lentitud la fría jornada frente a un escenario que se sostuvo en pie ante las inclemencias climáticas.

Hubo momentos de calma y otros de densidad profunda con guitarras que se lanzaban en oleadas camuflándose en medio del diluvio. Los reflejos en los charcos se convirtieron en espejos del momento, y por un rato, el parque fue suspendido sobre el agua y mantos de la vulnerabilidad.

Finalmente, cuando se apagaron las luces, la lluvia continuó. Los cuerpos mojados camino a casa fuimos cálidamente abrazados por el sonido y la honestidad de Yo La Tengo. En medio de los charcos, de las incesantes gotas, el trío invocó una tormenta de emociones como si todo hubiese sido parte de un  guión y probablemente será recordada como una de las jornadas, a pesar de la lluvia, más cálidas en estas previas ad portas de Fauna Primavera 2025.

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