
Nota por: Franco Zurita
La tarde del 10 de abril de 2011, la electricidad y la euforia cayeron sobre los alrededores de Ñuñoa. No era sólo calor o la presión habitual de una masa humana descomunal sino la atmósfera densa y febril que antecede a los grandes rituales. Y es que Iron Maiden, leyendas del metal internacional regresaban por sexta vez a nuestro país con la misión de grabar su DVD “En Vivo” en el Estadio Nacional, y bajo un cielo que oscurecía lentamente, las luces de la gigantesca pantalla comenzaron a parpadear con los compases mecánicos y espaciales de “Satellite 15” para dar inicio a un hecho trascendental en la historia del metal en Chile.
Enfundados en esa estética de ciencia ficción polvorienta de “The Final Frontier” emprendieron esta liturgia metálica provocando una colisión atómica entre la masa ferviente. Esa fracción de segundo en la que Bruce Dickinson salta al escenario y desgarra el silencio con la primera estrofa es la imagen de que este romance transcordillerano y transoceánico entre la lejana Inglaterra y el público chileno desafía cualquier frontera.
A través de las cámaras que flotan y serpentean entre un mar infinito de poleras negras y banderas con el clásico «Maiden Chile», el registro trasciende el formato documental o el típico producto comercial de grandes discográficas. Lo que queda capturado en los surcos digitales de este doble DVD es un testimonio de pura devoción. La cámara no se limita a enfocar las habilidades de Murray, Smith y Gers cruzándose en el escenario, ni la precisión Harris o la potencia de McBrain ; el verdadera protagonista es la marea humana. Esa masa que ruge al unísono “Fear of the Dark” o que empuja la furia de “The Trooper”.
El sonido retumbó con potencia en cada uno de los rincones del estadio chocando contra las galerías del coliseo ñuñoíno y lejos de la pulcritud de estudio, este registro huele a sudor, a cerveza derramada y por sobre todo, refleja una comunión intergeneracional: padres con sus hijos sobre los hombros, jóvenes que apenas rozan la mayoría de edad junto a veteranos y metaleros true que comparten la misma pasión por Maiden.

Cuando las últimas estrofas de “Running Free” se extinguieron, el telón negro cayó sepultando el escenario, sin embargo, el estadio entero siguió vibrando con el peso de una misa pagana. Es el registro de una rendición mutua, la prueba fehaciente de que, bajo el cielo de Santiago, cincuenta mil almas convirtieron a la doncella de hierro en una deidad sagrada y eterna.
Este 31 de octubre y 1 de noviembre tenemos una nueva oportunidad para revivir aquel hecho histórico con el regreso de Iron Maiden a nuestro país. Las leyendas del heavy metal vuelven para celebrar sus 50 años de exitosa carrera coronando una vez más el Estadio Nacional.
Entradas sólo para la fecha del 01 de Noviembre por Ticketmaster. Produce: DG Medios.




















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