Texto por Pablo Castillo

El arranque oficial para este 2026 está en manos de las leyendas del hardcore y emoviolence en uno de los debuts más esperados en la historia de nuestra país, Orchid. Comprimiendo la violencia en cortas canciones que se han convertido en himnos para toda una generación, dejando un vacío existencial en los 20 años de inactividad que tuvieron y apagando las esperanzas de verlos algún día en vivo. Con una Sala Metrónomo al límite de su capacidad, damos inicio a la temporada de conciertos con el asesinante calor del verano, cumpliendo un sueño en el epicentro del emo en Chile.

Puente Pionono horas antes del evento ya vestía los emblemas del hardcore, entre el negro mas violento de Nails y Saetia, hasta el amarillo reflectante de Dance Tonight! Revolution Tomorrow! (2000), todos encaminados bajo los 30 grados de Santiago al lugar de los hechos. Bajo esa gama de colores, ya comenzaba el valiente show de Cienfuegos, quienes fueron la agrupación nacional elegida para dar el hincapié inicial. Con un fuerte sentido de la política, con ese característico sonido atmosférico del screamo y marcando el primer punto de control de la noche.

Y no solo fue uno sino dos teloneros, luego de los nacionales llegó el turno de Uniform, una desentendida agrupación de noise rock que cumplió su tarea con éxito: Dejar a todo el mundo sordo. Una interpretación libre a través del feedback, el ruido muerto y los delirantes gritos de su frontman, quien aun con un brazo roto logró hipnotizarnos por el color incesante de sus aullidos en una enérgica presentación al ritmo de las pistas de industrial, robándonos la calma y dejándolo todo en la cancha. Celebrando su disco Wake in Fright (2017) casi en su totalidad y calentando a un público que pedía a gritos esa sentencia final.

Luces apagadas y Metrónomo en silencio, todos ahogados en calor pero esperanzados con la mera idea de ver a las leyendas del emoviolence arriba del escenario. ¡Muerte al insecto fascista que se aprovecha de la vida de las personas! iluminó todo el recinto en las pantallas dando así la bienvenida a los protagonistas de la noche, directo desde Massachusetts a la fiesta del screamo. Luego el clásico logo de Chaos is Me (1999) plasmado a las espaldas de la banda y ese molesto ruido en ascenso cual mosca en el oído de Le Désordre, C’est Moi como pitazo inicial.

Intenso es decir poco, en casi una hora convirtieron Bellavista en un infierno, donde el imparable ritmo de las baterías de A Visit from Dr. Goodsex junto a ese bajo de ultratumba de Lights Out saturaron nuestros oídos con un golpe de realidad. Y mientras una mitad del público sólo chillaba hasta quedar afónico imitando la interpretación de Jason Green, había otra mitad que cantaba con la mano en el pecho como si se tratara de un himno, volcando el lado agresivo de la banda a uno emotivo a través de los inentendibles cortes con potencia emocional. 

A través de una masa enorme de gente, el público se movía de un lado a otro mientras mis oídos reventaban al sonido de Epilogue of a Car Crash, con una energía indomable sobre el escenario que se retransmitía en una generación skramz eufórica viviendo un sueño. Con círculos alrededor de todo el recinto, no existía lugar seguro porque el caos estaba desatado en cada rincón de Metrónomo, ahogandonos durante una hora de masterclass sobre cómo contener la violencia en los 15 fugaces segundos de Anna Karina, o la prueba andante de porque se convirtieron en ídolos con la intro de New Jersey Vs. Valhalla.

Con facilidad y precisión tocaron la gran mayoría de su repertorio, a través de un explosivo setlist de 24 canciones que no perdonó a los pulmones ni a la resistencia de ninguno de los presente, tocando sin parar y fusilandonos cancion tras cancion. Unificando al público en sudorosos abrazos y en gestos de respeto hacia la banda, Orchid demostró la importancia 

sobre la autogestión, la amistad y la política, alzando la voz hacia Trump, hacia el ICE y dando todo el apoyo a las víctimas de los incendios que afectan el sur de nuestro país, dejando nuestra naturaleza egoísta con I Am Nietzsche y sentenciando un debut histórico con …And the Cat Turned to Smoke.

No hubo encore pero nadie lo necesito, un final perfecto que robo el alma y la esperanza de cada presente, con el cansancio como único factor común dentro de todos los asistentes además de la inevitable alegría de haber presenciado historia. Como máximos exponentes en un género en auge solo queda decir que Orchid ya lo hizo todo y hace más de 25 años, son leyendas y hoy lo pudimos comprobar.


Zumbido.cl

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