
Nombre: Trainspotting
Director: Danny Boyle
Género: Drama/ comedia negra
Año: 1996
País: Reino Unido
Texto por Clau B. Díaz
“Trainspotting” es de esas películas con la que la mayoría de los cinéfilos partimos, es un antes y un después, un evento cinematográfico en nuestras vidas. Lo curioso es que a 30 años de su estreno los temas que trata la cinta son más actuales que nunca. Quizás por eso es por lo que se ha transformado en película de culto. Bajo la dirección de Danny Boyle, esta adaptación de la obra homónima de Irvine Welsh (1993), protagonizada por Ewan McGregor, nos lanza a la cara, sin ningún tipo de amabilidad, lo absurdo de la vida.
El inicio es una cachetada, una interpelación a los espectadores sobre nuestra propia existencia. “Elige una vida, un empleo/ Elige una carrera, una familia, una tv inmensa…”, nos dice Renton (McGregor), un heroinómano que está escapando de la policía, escapando de la vida misma. Pero se cruza un obstáculo y la vida/policía lo alcanza. No le queda más que reírse. Renton sabe que elegir significa entrar en una vorágine moderna que te deja tan entumecido como las drogas. Una adicción a que todo salga bien, que todo sea correcto. El camino correcto.

Los amigos de Renton son un variopinto grupo de jóvenes adictos: a las drogas, al sexo, a los deportes o a la violencia. Cada uno cargando como puede con su condenada existencia, intentando encajar en un mundo. Y eso es lo increíble de la película, no te vende que el rechazo al sistema es la libertad, sino que nos puedes rechazar el sistema, y lo peor, es que quieres pertenecer a él. Todos queremos algo de él, ya sea una casa, una carrera, un trabajo estable y un sofá. La historia no se trata de un joven soñador que quiere quebrar el sistema, se trata de sobrevivir a algo que eliges porque la otra opción es morir.
La utilización de elementos escatológicos en la cinta es interesante, ya que, la doble significación de la palabra como: algo que alude al fin de los tiempos y como lo relacionado con el excremento es lo que resume el argumento. Hay un sentimiento que en algún momento todo acabará de una manera horrible, una constante caída que no termina, pero siempre queda muy poco para chocar con el suelo. Es una eterna suspensión en el tiempo, y eso es una mierda. Curioso también que solo dos personajes tengan escenas relacionadas al excremento. ¿Será porque son los únicos que pueden tocar fondo y salir airosos? ¿O simplemente es el golpe final de la caída para luego volver a caer?

Quizás todo esto es muy sesudo para una escena con excrementos, pero llama la atención que son momentos vulnerables en sus vidas. Quedan expuestos totalmente, ya nada puede ser peor… ¿Cierto? No peor, sino absurdo. Ahora bien, este sinsentido se pasa mejor con buena música. Es que el soundtrack de la película se podría considerar la banda sonora de las crisis existenciales; ya sea de la juventud a la adultez, o la gloriosa crisis de mediana edad. Punk, rock, electrónica, música clásica. Todos los estilos. Todos los estados de ánimo.

Quizás esta reseña es una vorágine de pensamientos, tan erráticos como la filmación. Es un movimiento de ideas que intentan conectar entre sí. Es que “Trainspotting” es esa sinceridad que te dice que en este mundo no solo no hay esperanza, es que ni siquiera es relevante. No hay no hay héroes, ni honor como en las grandes historias, hay individualismo, egoísmo y sobrevivencia. Por ello no es difícil conectar con la película, porque todos intentamos con uñas y dientes sobrevivir en este chascarro llamado vida.

En conclusión, entre comedia y drama la cinta es un espejo de nosotros, de lo que hemos conseguido. Quizás ya obtuvimos nuestras casas, nuestras carreras, y nos comenzamos a preocupar por nuestra salud y el colesterol. No sucumbimos al sistema, siempre pertenecimos a él, Renton nos lo dijo hace 30 años, y aquí estamos, viviendo en nuestro futuro que elegimos.





















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