
La fría noche capitalina fue testigo de un acontecimiento esperado: el regreso de The Kovenant a los escenarios. Tras años de silencio, la banda noruega que supo transformar el black metal en una odisea industrial, regresó con fuerza, rodeada de una atmósfera que parecía no pertenecer a la tierra. Lo que se vivió en el Teatro Cariola fue más que un concierto: fue una alineación de astros.
Abriendo el portal al firmamento
La noche comenzó con Aisthesis, agrupación nacional que desde 2005 ha explorado las profundidades del cosmos a través del death/black metal. Sus letras, inspiradas en quienes se han dedicado a estudiar y descifrar los misterios del universo, se fundieron con la potencia de guitarras y baterías que retumbaron como meteoritos. Skarh (guitarra), R.S. (batería) y Argoth (voz y bajo) lograron crear una atmósfera singular, densa y expansiva, que transportó al público más allá de las coordenadas de esta tierra.

Luego, el escenario recibió a Born in Saturn, proyecto chileno fundado en 2019 que se mueve entre los pliegues del death y el progresivo. Su propuesta, cargada de energía, conecta con mitologías antiguas y con una reflexión constante sobre la evolución de la humanidad. FaunarAtipä, Mauricio Herrera, Johanna “Berkana”, Jorge Díaz y Satamuel conjugaron un ritual sonoro que vibró con intensidad. Cada quiebre fue una invitación a sumergirse en un viaje que parecía impulsado por la misma fuerza de los anillos de Saturno.
Listo el despegue hacia el infinito
A las 22:00 horas, bajo un expectante silencio, TheKovenant apareció en escena. Para los fanáticos, fue como presenciar el retorno de viajeros espaciales que habían desaparecido en otra galaxia y por fin descendían nuevamente sobre la Tierra. La formación actual reunió a Sarah Jezebel Deva (coros), Hellhammer (batería), Ghul(guitarra), Knut Magne Valle (guitarra), Sverd (teclados) y al siempre enigmático Nagash/Lex Icon (voz y bajo).

El vestuario de la banda, blanco con toques cyberdark, proyectaba la imagen de una era futura, mientras que Sarah, vestida de negro con un tocado semejante a una corona, encarnaba la reina oscura en medio de aquel universo blanco. La primera canción, “The Sulphur Feast”, desató la energía contenida. Cada acorde fue un rayo cósmico que atravesó la sala.

El viaje continuó con “Bizarre Cosmic Industries”, donde los coros de Sarah se expandieron como un eco estelar, multiplicado por las voces del público. En ese momento, el Teatro Cariola no fue un teatro: fue un planetario vivo, vibrante, donde la música se fundía con las constelaciones. El bloque dedicado al “Nexus Polaris” (1998) fue recibido con júbilo; temas como “Planetary Black Elements”reafirmaron por qué este disco se convirtió en la carta astral que aún guía a sus seguidores.

Tras una breve pausa, Nagash agradeció a los asistentes y dio paso al segundo bloque, centrado en el álbum “Animatronic” (1999). El giro fue inmediato: los riffs gélidos se transformaron en pulsos eléctricos, en corrientes de un futuro posthumano. “Jihad”, “New World Order” e“In The Name of the Future” hicieron vibrar los cuerpos y las paredes del Cariola como si fueran partículas en aceleración. El contraste con el primer bloque fue un puente brillante, un cruce de dimensiones que hablaba de la valentía de The Kovenant para explorar y reinventarse.
El cierre fue un homenaje a sus orígenes. Con “Towards theCrown of Nights”, escrita por Nagash cuando apenas tenía trece años, se abrió un portal hacia el pasado, hacia la crudeza de los primeros días. Y finalmente, “Monarch ofthe Mighty Darkness”, de “In Times Before the Light (1995)”, selló la jornada como un eclipse total: oscuro, majestuoso e irrepetible.
De regreso a la Tierra
La noche entera estuvo marcada por una coherencia mística. Tres bandas, cada una a su manera, hicieron del cosmos y de la exploración humana su eje central. No fue casualidad: todo parecía diseñado para recordarnos que somos polvo de estrellas, que la música puede ser el vehículo que nos reconecta con el misterio de nuestra propia existencia.

The Kovenant cumplió y superó las expectativas. Su regreso fue un recordatorio de que su propuesta sigue siendo necesaria en un mundo que tiende a lo uniforme. Si bien los cambios en su formación original generaron dudas en algunos seguidores, lo vivido anoche demostró que la energía y la técnica de esta nueva alineación no solo honran su legado, sino que lo proyectan hacia nuevos mundos.
Cuando las luces se apagaron y el público abandonó el Teatro Cariola, quedó la sensación de haber viajado muy lejos, de haber atravesado constelaciones enteras para luego volver a la Tierra con el corazón acelerado. The Kovenanttejió una constelación en el aire y anoche, en el cielo de Santiago, una nueva estrella comenzó a brillar con fuerza.
SETLIST
1. The Sulphur Feast
2. Bizarre Cosmic Industries
3. Planetarium
4. The Last of Dragons
5. Bringer of the Sixth Sun
6. Dragonheart
7. Planetary Black Elements
8. Chariots of Thunder
9. Jihad
10. New World Order
11. Mirrors Paradise
12. In the Name of the Future
13. Via Negativa
14. Towards the Crown of Nights
15. Monarch of the Mighty Darkness





















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