Texto por: Tomás Bascoli

Fotografías por: @el.eme / Lotus

Una cálida noche primaveral en Santiago fue le guinda de la torta, a nivel atmosférico, para disfrutar de uno de los espectáculos más coherentes y emocionantes del año: Robbie Williams.

Y es que el cantante británico se despachó un show con un setlist casi perfecto, interpretado a la perfección por un grupo de músicos espectaculares y una cercanía con el público que hace sentir, de sobra, que Robbie está en el mejor momento de su carrera. Y quizás, así lo sea.

El «Britpop Tour» colmó el Estadio Bicentenario de La Florida con un público en su mayoría adulto, con varios lazos familiares de por medio y una fanaticada prominentemente femenina que veía a su primer amor platónico una vez más en tierras nacionales. Tras una siempre correcta presentación del talento del cantautor nacional Pedropiedra, y tras la sorpresa energética que contagió Lottery Winners, especialmente a través de la interacción de su vocalista con el público que llenaba cada rincón del estadio, el show del británico comenzó con una introducción instrumental a medida que la multitudinaria banda iba tomando su lugar en escena.

De telón de fondo “Ride Of The Valkyries” de un tal Richard Wagner, antes de aparecer en el centro, vestido completamente con su clásico buzo rojo, Robbie Williams, a lo que el estadio cae en gritos y aplausos mientras suenan los primeros acordes de “Let Me Entertain You”. Comienza el espectáculo.

Batería, guitarra eléctrica, bajo, teclado, vientos, coristas y bailarinas. Entremedio de todo eso, Robbie con una sonrisa de oreja a oreja brillando en el centro de una puesta en escena completamente grandiosa. “Santiago, ¿cómo está el carrete? ¿me extrañaron?”, comentó Robbie en su primero de varios diálogos con el público chileno. Tras ello, “Rocket” de su último disco “BRITPOP” (2026), una explosión potente mucho más cercano al rock.

Tras aplausos, Robbie siguió con su diálogo al público: “Esta noche es mi carta de amor al entretenimiento y a la diversión.” Derrochando carisma, siguió con el clásico “chi, chi, chi”, sorprendido del alto grado de respuesta de la masa de gente que se rendía a los pies del británico.

“Rock DJ” fue el primer gran sencillo de la noche con una puesta en escena apoteósica: coreografías con conjunto con sus bailarinas, paraguas abriendo y cerrándose entremedio de los músicos, abrigo de piel rojo sobre sus hombros y algún que otro cartel en el escenario preguntando de forma irónica si Robbie Williams era el mejor cantante de todos los tiempos. Una mordaz actitud que atravesaría todo el concierto.

Sudoroso, según él, lo que provocó un cambio de vestimenta: ahora Robbie se presentaba con la polera de fútbol de la selección chilena y el número ocho en la espalda. De acá en adelante, el carisma y la conexión con el público local fue algo mágico. “Esto es asombroso”, comentó el cantante antes de seguir con “Supreme” y “Strong”. Momento que aprovechó para bajar, por primera vez, al público de la cancha frontal.

“Pretty Face”, también de su último disco, vino antecedida por una pequeña anécdota sobre su hija, a la cual le dedicó está canción y un mensaje grabado para ella en conjunto con un saludo del estadio completo, antes de volver a un sonido más pesado y rockero que brilla en su último trabajo. También “Love My Life” fue antecedida por un momento para contar historias personales, llenas de ironía y reflexiones propias de la personalidad de Robbie. Entre concierto y confesionario, entre espectáculo de música y stand up comedy. Es que el británico tiene tanto por contar al momento de sentirse cómodo y cercano con un público que le respondió cada uno de sus diálogos.

“Gracias por amarme”, comentó un emocionado Robbie antes de “Better Man”, otro de los grandes momentos del concierto acompañado de imágenes de su película a sus espaldas. El coro, cantando en buena parte del público, fue uno de las grandes manifestaciones vocales del respetable hacia con su ídolo, sincronizado de forma perfecta con sus músicos que, sin tocar ninguna nota errónea, entendía el momento justo para dar espacio al orfeón masivo.

Invitando al escenario a Thom Rylance, vocalista de Lottery Winners, Robbie y él se unieron en una especie de set acústico para probar cuánto sabía el público de su carrera. En una especie de mezcla para evaluar la popularidad de sus temas. Porque, y según él, “es muy loco que sepan quién soy yo”.

Ahí, entre ciertas frases de “Angels”, “Candy” y “Sexed Up”, y el coqueto dueto con el público, Robbie cerró este interludio acústico tocando “Wonderwall” de Oasis, inclusive con las primeras frases cantadas al estilo de Liam Gallagher. Una parodia humorística cantada en su totalidad, especialmente el coro, por el respetable.

Volviendo con sus músicos, fue el turno de “Something Beautiful” y una nueva instancia para bajar a cantar cerca del público. En este momento, fuimos espectadores del control total a nivel vocal de Robbie. A lo largo de toda la noche no hay urgencia coral, cansancio o esfuerzo extraordinario para llegar a cada una de las notas que le pide la canción. Un despacho de talento completo. “Millennium” trajo a seis de sus bailarinas disfrazadas completamente de dorado, en armazones que las erigían por varios metros sobre el suelo y haciendo bailar, a través de sus manos, por un vaivén a todo el estadio floridano.

Aprovechando un cambio de vestimenta para volver con un traje rosado, Robbie inicio “Theme From New York, New York” y fue el turno que llegara al escenario el crooner, una de las grandes facetas del británico. La elegancia, la parafernalia, lo grandilocuente y la excelencia de este tipo de performance vocal se hizo carne en la voz y cuerpo de Robbie. Un homenaje a sus grandes referencias musicales de la infancia. Una comunión con la tradición y lo clásico.

Tras bajar al público y “evaluar” la capacidad de un asistente para seguir las primeras oraciones de “Come Undone”, es la misma canción que permitió retornar a un sonido más potente y rockero en el escenario, aprovechándose del gran talento de su banda principal, especialmente su guitarrista, baterista y bajista.

En este momento, Robbie presentó lo que denominó “Shit Or Not”, una especie de concurso de talento al momento de presentar cada uno de los integrantes de su banda. Músicos y coristas hicieron gala de sus virtudes sonoras mientras el británico le preguntaba al público sobre qué tan bien habían tocado el segmento sus músicos. Así, aparecieron guiños a Red Hot Chili Peppers, The White Stripes y The Beatles, por nombrar algunos. Unos segmentos de entretención pura, animado por la figura de Robbie.

Con su banda ya presentada, “Kids” permitió volver al groove funk que tienen varias de sus canciones y, luego, llegó uno de los grandes momentos de la noche al buscar y dedicar “She’s The One” a una fan en particular seleccionada del público. La chilena identificada como Carolina, acompañada de su hijo, fue la elegida para que el propio Robbie le cantase, sentado al extremo del escenario y mirándola directamente, esta canción. Un momento inolvidable que remarca el carisma y la cercanía que el británico construyó, sostuvo y explotó durante todo su concierto en nuestro país.

“Santiago es la raja”, comentaba el británico entre carcajadas propias y del público, antes de contar una nueva anécdota sobre su padre y su delicado estado de salud actual. Recordando el orgullo que le hecho pasar su progenitor, Robbie dedicó “My Way” de Frank Sinatra a su papá y una nueva reverencia al clásico mundo de los crooner, tal como lo fue su padre y como él soñaba en ser. Un emocionado Robbie volvió a sorprender a todas y todos con la calidad y calidez vocal que de él emana.

Tras una pequeña pausa, mientras se escucha el nombre de Robbie coreado por todo el estadio, el cantante volvía al escenario para despachar dos mazazos y cerrar el espectáculo de la mejor forma posible. En primer lugar, y casi en las sombras, el teclado de “Feel” subió la energía a tope mientras el respetable se deshacía a punta de gritos y un coro masivo ante un entregado Robbie Williams. Y, sin dejar que pasara el tiempo, “Angels” comenzó a sonar. Acompañada de las luces telefónicas de todas y todos los asistentes al estadio, esta canción se erigió como un himno cantado a dueto entre el británico y el público chileno.

Una lluvia de chispas detrás de él cerraba la última canción del espectáculo y la reverencia, con toda su banda, ante el respetable. Un agradecido y emocionado Robbie se despedía con un ademán de manos y miraba, feliz, al horizonte de gente. Sopesar el peso de Robbie Williams como músico es algo extraño. Entre el apogeo que tuvo en sus primeros años, las polémicas de principios del milenio y cierto mutismo intermitente en la última década, atravesada por su producción cinematográfica propia, la figura de Robbie Williams puede ser un elemento superficial si alguien se queda con la portada del libro. Pero el británico ha demostrado, cada vez que ha tenido la oportunidad, que detrás de las variadas máscaras que utiliza se encuentra un artista real y un músico excepcional con un sentido del espectáculo difícil de igualar.

Todo ello fue su visita a nuestro país con una puesta en escena increíble sostenida por un setlist preciso, unos músicos excelentes, un séquito de bailarinas y coristas excelsas y un carisma que derrocha en cada mirada y oración dirigida a su público. Un cantante grandioso que combina lo tradicional y lo moderno, lo serio y lo irónico, lo sexy y lo burlesco. En fin, Robbie Williams fue, y será, una gran carta de amor al entretenimiento puro.

Setlist:

01. Let Me Entertain You

02. Rocket

03. Rock DJ

04. Supreme

05. Strong

06. Pretty Face

07. Love My Life

08. Better Man

09. Wonderwall

10. Something Beautiful

12. Millennium

13. Theme From New York, New York

14. No Regrets

15. Come Undone

16. Kids

17. She’s The One

18. My Way

19. Feel

20. Angels


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