
Texto por: Lucas Araya
Para celebrar los 20 años de la edición de su esencial primer disco, Álvaro Henríquez dio forma a una alineación 2022 de la banda que lo vio renacer a principios del nuevo siglo. Una presentación contundente, efusiva y aplaudida como la tercera patita de una cueca psicodélica y brutal que llegó para quedarse.
Desde que se anunció el regreso de Los Pettinellis a los escenarios para conmemorar el vigésimo aniversario de su álbum debut, la expectación e intriga fueron creciendo. Y es que esta emblemática banda formada luego del fin de Los Tres en su formación clásica trajo un nuevo sonido y forma de hacer las cosas para Henríquez. Usando su apellido materno dio vida a un nuevo round en su lucha eterna y dio potentes golpes de knock out a punta de canciones tremendas y que se convirtieron en clásicos instantáneos. Sin embargo, el fin fue repentino y la lona vio extinguirse a una de las mejores formaciones de inicios de los 2000.


Si bien, hubo una versión reformada de la banda con su líder y creador como único miembro original hace casi diez años, esta vez era especial. Luego de superar momentos difíciles de salud, una crisis social y pandemia (con cuarentenas y encierros forzados), ver a Pettinellis invitaba a una noche triunfal y de alto calibre musical y lírico. Y así fue.
Desde el momento en que se apagaron las luces, la excitación se elevó con los cánticos y aplausos de un público que ya había repletado el Teatro Coliseo. La renovada formación de Los Pettinellis salió a escena y partió con «A go go» en un despliegue instrumental con altísimo entusiasmo y fuerza, seguido de una versión intensamente eléctrica de «Anparax» y una guitarra descaradamente distorsionada.

Los primeros acordes de «Niña» desataron finalmente las voces que irían coreando de ahí en adelante.
«El desquite» trajo la primera cuecadélica de la noche entre rasgueos en modulación y palmas sincopadas. No quedaba salida, había que entregarse a esa oscuridad atractiva y recibir la descarga de «Bendito asesino» y su extraña calidez dulce y dramática.
Siempre se supo que la concepción de Pettinellis estuvo marcada por la historia familiar de Álvaro Henriquez, y en esta ocasión esa marca quedó clara cuando Nicanor (sobrino) subió al escenario para interpretar «Hospital», la versión más coreada hasta entonces.
«Fidel» trajo el recuerdo del padre de Henríquez en una sentida y emocionante interpretación para luego dedicar

«Vas a ver» a su hija Olivia. El amor estaba en el aire.
La primera gran sorpresa (o regalo) vino con «Amada», canción de su disco solista de 2004 «preparada especialmente« para la ocasión. Y para cerrar el círculo familiar «Cuando una madre llora» trajo nubes de lágrimas e imágenes nostálgicas de un pasado añorado que revive en una tonada/cueca muy celebrada.
Nicanor Henríquez volvió a integrarse ala banda con su guitarra eléctrica limpia y solos bluseros en «Sexo con amor». Todo queda en familia.

Ya en la recta final, «No hables tanto» desató la electrificación al máximo y «Un hombre muerto en el ring» con un solo de guitarra blusero-cuequero con la distorsión al máximo. El lugar ya era una caldera, desde el último asiento de la platea hasta la cancha en fuego.
La sección final del show trajo versiones y homenajes a grandes nombres y canciones del repertorio Latinoamericano, abriendo la serie con «Yendo de la cama al living de Charly García» con pequeñas citas a Virus y Federico Moura, con Henríquez y banda moviéndose en terreno de cracks como uno más. Luego vino toda la fuerza de «Arriba quemando el sol», una interpretación en clave blues del sur para este tremendo testimonio musical de la gran Violeta Parra para desembocar en una poderosa versión de «El pueblo unido», con toda la potencia posible de una banda en llamas frente a una masa que se agiganta con los decibeles encendidos y voces en lucha en movimiento.
Y claro, la máquina de sonido hizo su aparición para la sinfonía que pondría cierre a todo. «Ch Bah puta la weá» hizo bailar a la gente Pettinelli al ritmo de un techno irónico y más vivo que nunca. ¡A la ch ch ch…!

Una presentación redonda, revisitando un disco enorme y perfecto en un orden renovado para darle una nueva lectura a su contenido y hacer estallar de felicidad a un público que reunió a diferentes generaciones para celebrar uno de los hitos más necesarios de la música popular chilena: Los Pettinellis.
Álvaro Henríquez ya anunció nuevas fechas para el verano, la posible edición de nuevo material de la banda y la coexistencia del grupo en forma paralela a Los Tres. Es de esperar que los nuevos aires traigan más fuerza y música de este ya clásico sonido inmortal.
El desquite tardó, pero llegó con fuerza. Van a ver.





















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