
Texto por: Pablo Castillo
Fotografías: Nico Montenegro / Beatnik!
Días nublados son días reflexivos, algo que siempre ha ido de la mano con la música de Grouper. Un clima que también formó parte del show, acompañando el ambiente y preparando al público para la experiencia que estaba a punto de ofrecer la mente maestra del proyecto, Liz Harris. Y mientras de a poco se llenaba el recinto, la banda invitada 8 Frogs ofreció un show vanguardista de experimentación sonora perfecto para meternos de lleno en la inmersividad del teatro, una especie de drone psicodélico y percusivo que fue ejecutado de manera precisa, logrando una conexión con el público que se mantendrán para el acto principal de la noche.

Pocas veces he tenido la oportunidad de escuchar el silencio. Teatro San Ginés a pocos minutos de empezar con la presentación estelar se guardó sus palabras y se ahogó en sus propios pensamientos regalándonos un abismal silencio, uno que se sintió eterno, pero a la vez ritualistico, y que fue interrumpido por la entrada de Liz al escenario siendo dignamente ovacionada por todo el recinto. No tenía mucho que ofrecer, ya que ella no es una superestrella, así que esperó a que terminaran los aplausos, se sentó y comenzó su travesía musical.
Decir que Grouper fue la protagonista de la noche sería mentirme a mí mismo, por más que ella fuera la única persona sobre el escenario, me gustaría pensar más que ella fue una anfitriona, recibiendo a un público dentro de las cuatro paredes de lo que es capaz de ofrecer su música. La velada fue algo mucho más que un show, fue una experiencia, en donde mis pensamientos se perdieron entre las texturas de la música ambiental, y donde el protagonista fueron las memorias que me evocaba la música, hacia donde me transportaban las sonoridades y cómo se procesaba todo esto dentro de mi cabeza.

Un telón enorme proyectaba una película que la misma Liz preparó, una vanguardista puesta en escena que intercalaba imágenes que se me hacían familiar, a veces una chica de rojo paseando, a veces fotos de edificios o colores estruendosos que aparecen y desaparecen, todos como un apoyo visual a la propuesta sonora del proyecto, mis memorias en un analógico dañado siendo proyectadas en la intimidad. Tanta era la paz que rodeaba el recinto que por un momento se te olvidaba en donde estabas, pues el ruido de una turbina sonando de lejos mezclado con su pacífica voz te transportaba hacia lugares que ojalá fueran eternos.
Desde el inicio del show fue difuso entender que canción era cual debido a que su interpretación era variada con respectos su material de estudio, pero eso abría paso a la improvisación, regalándonos momentos irrepetibles de ella conectando con el espacio del teatro y con el público que respetuosamente mantuvo el silencio abismal durante la hora y cuarto de set. Entre canciones no existía ningún aplauso, quizás porque seguimos procesando lo que acabamos de escuchar o porque en mi mundo aun podía seguir escuchando esas voces etéreas, aun así, el pequeño sonido de sus aparatos era lo único que se apreciaba al final de cada tema, siendo este el cable a tierra que nos mantenía dentro del show.
Muy concentrada moviendo perillas, apretando pedales y tomando la guitarra de vez en cuando, era muy difícil entender qué hacía en un principio, pero todo tomaba forma y de la nada escuchabas una de las melodías más bellas que has presenciado en vivo. Desde la altura era un privilegio ver cada movimiento que hacía, entendiendo que la música ambiental no es cualquier cosa, con mucha delicadeza encontrando un lugar para cada sonoridad y lograr una armonía que mantuvo quietud en el recinto. Una atmósfera hermosa e irrepetible que aumentó la intensidad hacia el final del set, reemplazando lo etéreo por el ruido muerto, dándonos el golpe de realidad de que el sueño ya se había acabado, levantándose de su silla con una ovación de pie y esfumándose sin decir ni una palabra.

Grouper, el silencio y mis memorias hicieron de este show algo mucho más que un simple concierto, fue una experiencia inmersiva musicalizada por una de las mujeres más talentosas de este siglo. Su voz sigue resonando en mi cabeza y en mis sueños seguiré escuchando esa turbina que tanto ruido hizo hoy, esperando que me transporten a esas memorias perdidas y que me transmita la misma paz que sentí mientras la veía.





















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