Texto por: Clau B. Díaz

Fotografias por: Luciano Candia

Con un Movistar Arena repleto, en una nublada y fría noche del 22 de mayo Natalia Lafourcade nos entregó un show lleno de emoción e intimidad. En el marco de su gira “Cancionera” la cantante mexicana-chilena hizo un alto en nuestro país para dejar en claro que es una de las voces latinoamericanas más importantes de este siglo.

El reloj marcaba las 21:00 horas y al Movistar la gente entraba en masa para ocupar cada uno de los asientos del recinto. Si no estaba lleno, casi lo estaba, todos queríamos ser parte de este hito en la vida de la cantante, en el cual nos presentaría su lado más oculto, más íntimo, su alter ego, Cancionera. Cerca de las 21:20 (o por ahí) Natalia entra al escenario, vestida con un traje negro con bordados (creo) blancos que ella misma dijo hacer. Se sienta al piano y comienza el show. Una ráfaga de temas como “Vine solita”, “Muerte” y “Pájaro colibrí” iniciaron el viaje con la solemnidad y epicidad propia de un concierto de tal alto calibre. Terminado el set de piano y con un estruendoso aplauso, Natalia, con una simpatía que supera cualquier normalidad, reclama y reprocha al piano por fallarle, en casi todas sus notas. Divertida, expresa su enojo sacando toda la ira, desahogándose para seguir con el espectáculo. Sin embargo, ese traspié estuvo lejos de arruinar el concierto, al contrario, lo hizo más íntimo.

Esa intimidad a la que aludo no es solo un lugar común (como mucha veces escribimos quienes hacemos reseñas), sino que se sintió que Natalia hacía del Movistar su casa. Ella misma lo dijo, en un poco más de dos horas de concierto, el recinto de Santiago fue su habitación a la que nos invitó a ver su yo verdadero; el que se enoja, el que se ríe, el que bromea. Tanto así que subió a dos fans al escenario a compartir con ella, para que la grabaran con una camarita cuyo material lo usaría para subirlo, como la misma nombró, a sus redes anti-sociales. En complicidad, la fanaticada abrazó ese momento aplaudiendo a las chicas que los representaba ante la artista.

Hay una sensación que tuve durante todo el concierto que me gustaría compartir, sentí que veía una película, que más allá de la coherencia y libreto del show, evocaba algo más que una estructura bien lograda, transmitía diversos sentimientos: emoción, lágrimas, y risas. Fue como una película épica, en la que cuenta una historia de un personaje heroico a la humanidad. Es la historia de ella, de «Cancionera», que comparte con nosotros. Nos sumerge en su vida y nos presenta a otros personajes que han hecho de ese recorrido una épica que la transformó en la artista que es hoy: ahí es cuando entra al escenario Magdalena Matthey para cantar “Llorar”, tema de la cantautora chilena que la misma Natalia confesó llorar la primera vez que lo escuchó (muy ad-hoc al título). Luego, al igual que los grandes relatos trajeron al presente una voz del pasado que nos define: “Volver a los 17” de Violeta Parra. Demás está decir que fue uno de los puntos altos de la noche.

Como toda buena historia, el humor no puede faltar. No sabía que Natalia Lafourcade es tan graciosa. No es que cuente chistes, sino que es la manera en cómo se toma la vida. Ahora bien, la fanaticada ayudó en ello, no puedo dejar pasar el momento en que le entregaron un peluche del Doctor Simi, momento que sacó carcajadas (y que recordándolo me da una risa que casi no logro controlar). El chico que estaba sentado al lado mío reía sinceramente al igual que toda la fanaticada del Movistar. Fue un momento deleitosamente freak, muy latinoamericano, excesivamente chileno. No sé si fue pauteado o espontáneo, pero de alguna manera, representa lo que es nuestro país: un absurdo que tomamos con humor. Mis respetos a quien fue el o la autora de aquel crimen.

Siguiendo con el show, la calidad de este fue superlativa, que a pesar de lo del piano (que si no me dicen ni me entero), fue perfecto. Una Natalia en su mejor momento con una fanaticada que la idolatraba en cada canción, en cada intervención. Fue una obra, una película, una pintura, la música más épica; el arte en todo su esplendor que concluyó en un momento catártico con “Hasta la raíz”. Ovacionada por la audiencia, entregada eternamente a ese momento que inmortalizamos en nuestros teléfonos y en nuestras memorias.

Natalia Lafourcade nos entregó arte en el más amplio sentido de la palabra: lo bello, los sublime, desvelando lo escondido para entregarle a la fanaticada su más sincera canción. Sin miedo, con mucho humor, la épica que vivimos es digna del canto de los trovadores. La esperemos nuevamente con ganas, ella dijo que volvería y nos invitó a nosotros a hacer lo mismo, para vernos en otra ocasión, con otra historia que de seguro será legendaria.

Setlist:

  1. Apertura & Lágrima
  2. Vine solita
  3. Muerte / Pajarito Colibrí
  4. Décima cancionera
  5. Cancionera
  6. Mascaritas de cristal
  7. De todas las flores
  8. María la Curandera
  9. Décima Soledad y el Mar
  10. Soledad y el Mar
  11. Lugar Correcto
  12. Caminar bonito
  13. Llorar (con Magdalena Matthey)
  14. Volver a los 17 (con Magdalena Matthey)
  15. Como quisiera quererte
  16. Décima un derecho de nacimiento
  17. Un derecho de nacimiento
  18. El Palomo y la Negra
  19. Nunca es suficiente
  20. Lo que construimos
  21. Para que sufrir
  22. Tú sí sabes quererme
  23. Décima mi tierra verazruzana
  24. Mi tierra veracruzana
  25. Hasta la raíz
  26. Encore


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