
Texto por: Tomás Bascoli
Fotografías por: Hugo Hinojosa
Penúltimo fin de semana de julio y el Club Chocolate fue el escenario para desentenderse de unos lluviosos días y celebrar los 25 años del disco “Hijos del Culo” de la banda argentina Bersuit Vergarabat, en un show que destacó la sinergia entre un entregado público y el cariño de los músicos que se expresó en cada movimiento, nota y palabra de ellos en una de esas noches que quedan marcadas por la comunidad, la identidad y la memoria de una agrupación tan carismática como genuinamente característica.
Tras la lluvia amenazante de varios días en Santiago, el club capitalino observó la larga fila para ingresar al recinto. Un respetable que llenó cada rincón del inmueble y que, en su mayoría, correspondía a un público maduro, teniendo en consideración la longevidad de la banda que ya sobrepasa los 30 años de carrera.
Con un lleno total, y tras varios minutos de retraso, las luces se apagaron para dar paso a un video con material de hace 25 años atrás. Entre conciertos, imágenes de recintos llenos de público y los integrantes del grupo compartiendo un asado, la noche comenzaba con un sencillo pero agraciado gesto de recordar.

Tras ello, el octeto argentino saltaba al escenario vestido en pijamas de cuadrillé para ser recibidos con una ovación del público y comenzar con “El Gordo Motoneta” y “La del Toro”, ambas canciones que abren el álbum en el cual se enmarca esta gira. Si bien las voces se perdían por la alta frecuencia y volumen inicial, la madura masa de gente se encargó de cantar, a todo pulmón, los principales pasajes de ambas canciones.
La alegría se notaba en los rostros de Germán “Condor” Sbarbati y Daniel Suárez, los líderes y vocalistas del grupo, quienes se encargaron de demostrar su coordinación sobre el escenario con pequeñas coreografías en “La Vida Boba” y “El Astronauta y la Bruja”, una especie de acto a lo David Byrne, utilizando la corporalidad como instrumento, entre jugarretas, gestos y movimientos duplicados.
“Buenas noches Santiago, gracias por este cariño. Esta vez dejé el vaso de pisco para después del show”, comentaba Daniel Suárez entre risas, demostrando la simpatía que se instaló en el escenario. La voz mejoró en nitidez, encontrando el volumen perfecto para entender las rápidas letras de ambos vocalistas, las cuales se lucieron con la viral “Toco y Me Voy”, una oda futbolística que protagonizó uno de los grandes momentos de la noche.

El carisma del dúo vocal es innegable, entre saludos al público, gestos, bailes e incluso fotos que de la primera fila del público aprovechaban por capturar. Con ese clásico acento argentino, unos locos lindos como se les puede llamar. “La Soledad” fue cantada, durante su primer verso, en totalidad por el público que ya desgarraba sus gargantas, agitaba sus camisetas y se colgaba, más de uno, en barandas y rejas en un símil de una barra de fútbol. La banda aprovechó de incluir un guiño a Charly García incluyendo versos de “Yendo de la Cama al Living”. “Bajemos un poco el ritmo” bromea irónicamente Daniel Suárez antes de que los guitarristas lanzaran el clásico riff de “Yo Tomo”, con una reacción explosiva del público entre baile y canto.
Tras la broma, ahora si que Bersuit se tomaba un respiro y quedaba en el escenario el bajista René “Pepe” Céspesdes, que se colgó una guitarra electroacústica, y el “Dani” Suárez para despachar una emocionante versión de “Mi Caramelo”, en uno de los paisajes más íntimos y calmados del concierto. Una orquesta vocal a cargo del público tapó, en varios momentos, al vocalista que rebosaba felicidad.

“El Tiempo No Para” permitió el reingreso de todos los músicos para retomar la explosividad y energía que se imprimió durante todo el concierto, y a continuación se dedicó, en palabras del tecladista Juan Subirá, la canción “Vuelos” a las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, hermoso gesto de memoria y resistencia que se respondió con cánticos contra las fuerzas militares y a los gobiernos chilenos y argentinos actuales por parte de un electrizado público. Sonriente, el “Dani” Suárez comentaba: “Se cantaron desde la primera hasta la última. Vamos bien, tenemos futuro ¿no?”, bromeaba antes de lanzarse con “El Viejo de Arriba” y otra clase de baile entre él y el “Cóndor” Sbartabi.
“Sr. Cobranza”, uno de los mayores clásicos de la banda, incluyó al baterista y fundador Carlos Martín en tareas vocales para acompañar al dúo en una de esas expresiones musicales que provocó una reacción explosiva del grupo entre gritos, cánticos y pogos en la repleta explanada del Club Chocolate.
Pero, la energía se mantuvo alta porque a continuación llegaba “Se Viene el Estallido” y “La Bolsa”, ambas muestras de un movimiento en masa por parte del público, homogeneizado entre los pegajosos coros de esas canciones y el derroche de energía por parte del octeto argentino que ya hubo de dejarlo todo arriba del escenario. Imposible colocar en palabras ese sentimiento colectivo de energía que esta triada de canciones consecutivas provocó en el respetable. Tras una pequeña pausa, Bersuit Vergarabat volvía para regalar “Negra Murguera” y “Un Pacto”, sellando con cierto sentimentalismo y emocionalidad su primera de tres fechas en nuestro país.

En fin, los argentinos dieron una clase de potencia, expresividad, baile y carisma durante todo su concierto en el Club Chocolate. Una banda que los años la han convertido en un modelo de identidad propia y que imprime, en su sonido, a todas sus canciones que fueron cantadas en su totalidad a todo pulmón por un público que se sintió parte de un todo, tal como los músicos arriba del escenario. Una celebración a lo grande que dejó a todos satisfechos y que mantuvo la mancomunión que Bersuit Vergarabat a deseado imprimir en su quehacer musical, en una especie de resistencia y memoria identitaria, una argentinidad que tributa a la buena música y un marco conmemorativo del cual todo se sintió tan cercano. ¡Qué familia tienen los Bersuit acá en Chile!





















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