Por: Lucas Araya

El ciclo Cultura Re-activa organizado por Stgo Fusión comenzó con la Mediabanda presentando su disco “Maquinarias” en un show de alto vuelo.
Pasadas las 7:30 , entre luces tenues les integrantes del grupo comienzan a tomarse el escenario. Aplausos que emergen como un desahogo después de una larga pausa obligada, casi surreal, pero aquí están de nuevo, en vivo, en forma, Mediabanda completa.
La guitarra, el bajo, y el trío de vientos comienzan flotar en un juego sincopado, rompiendo compases, abriendo camino para que la voz de Florencia Novoa complete el sonido de ángeles sobrevolando la ciudad y cayendo como un combo concreto, transformándose en un volantín sónico. Perro Chico Malo en su mayor esplendor.

Luego, un Dub desmenuzado y deconstruido “sin cesar”, invita a la playa, con arena mecánica y papayas. Es Fulano que se despliega entre el rojo, azul y púrpura de las luces, tranquilo en su propio ritmo hasta que el bajo desborda olas de calor que liberan una cueca cósmica donde los saxos y la flauta zapatean en el viento y el teclado revolotea como un pañuelo incansable. Una fiesta que para en seco. Es ahí cuando Godzilla pisa fuerte y el verde se acopla a la naturaleza viva que se desprende de la danza conjunta entre la flauta y la voz. Aquí los gritos y tonos altos suenan como caricias que señalan caminos luminosos entre piedras, acoples: el peso de una tragedia dulce se esparce en el teatro.
Canción formal ⅞ abre con una intro de bata que desarma esquemas y despierta los oídos, tensionando el ritmo. La banda ya es todo un ensamble sonoro ajustado mientras el relato de la urbe privilegiada resbala en la panorámica de una tarde muriendo. La historia de amores derretidos chorreando en marcos rotos. Es el fin de la primera parte.

Cristian Crisosto da la bienvenida a la presentación del disco “Maquinarias”, la excusa perfecta para una sesión de Mediabanda plays Fulano. Si bien, esta noche los protocolos generan espacios físicos entre la gente que asiste hoy, el grupo llena esos surcos con música y sensaciones que prometen seguir expandiéndose en la jornada.
Bombas en el aire se deja caer como pasos de gigantes aplastando iglesias descartables, y su sonido y potencia libera una densidad en suspensión. Rosario de mercurio a punto de explotar, dejando en escena solamente al trío endemoniado de bajo, batería y guitarra rompiendo barreras del cliché, la crema misma del antirock (con las seis cuerdas sumergidas en una ausencia silenciosa). En esa cadencia insomne vuelve banda y se desata: agujas de tiempo sincopado y afilado que caen machacan los átomos.

El show también tiene un espacio para recordar a Jaime Vivanco y rendirle homenaje con
Sr gorro capucho, momento emotivo en que el teclado y la flauta se ensamblan atravesando universos paralelos, como un viento inmortal y eterno. Emoción a flor de piel. Cabe destacar que esta presentación marca el retorno de Jaime Ramos a las teclas del grupo, lo cual hace que la interpretación sea aún más memorable.





















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