Por: Lucas Araya

La banda liderada por Zeta Bosio y Charly Alberti ofreció un show que funcionó como una celebración al legado de Soda y Gustavo Cerati, en una fiesta multitudinaria en las voces y vibraciones de las miles de personas que llegaron al recinto de Macul para rendir tributo a la banda más importante del rock latinoamericano de los últimos 40 años.

Si bien es muy difícil llenar el vacío dejado tras la muerte del líder natural, la idea de un homenaje en las voces de destacad@s artistas del continente funcionó como un karaoke multitudinario acompañado de un público fiel, que supo corear cada canción de principio a fin, a pesar de los bajones y las fallas técnicas, las cuales llegaron a interrumpir en concierto por cerca de media hora.

Soda Stereo a estas alturas no tiene nada que demostrar, solo disfrutar de la chance de poder seguir presentando su repertorio y compartiendo con su público entusiasta, aunque sea con una voz grabada e imágenes grabadas de las y los vocalistas que aceptaron la “invitación” de hacer sus versiones de los clásicos del conjunto. Además de los dos músicos originales, la banda fue reforzada con Fabián Quinteros en teclados, Richard Coleman y Roly Ureta en guitarra De todas maneras, se agradece que en las pantallas pusieran el nombre de cada vocalista saber quién canta (no todo el mundo es un experto en música popular latinoamericana): Adrián Dárgelos de Babasónicos, Andrea Echeverry, Gustavo Santaolalla, Mon Laferte, Walas (de Massacre), Julieta Venegas (justamente en su interpretación de Signos vino el primer corte de luz) y hasta el mismísimo Gustavo Cerati.

A pesar de desplegar versiones dignas de potencia y calidad, el formato hacía que los cinco músicos se vieran envueltos en una intensidad contenida que se desataba cada vez que la voz del invitado estaba realmente en vivo, era ahí cuando la banda despegaba y lograba una simbiosis total en el escenario. Fue así como la presencia de Álvaro Henríquez (El rito), Ruben Albarrán (La cúpula), Benito Cerati (Zoom) y Fernando Ruíz Díaz (Persiana americana) le dieron una altísima sensación de un concierto y la emoción de estar celebrando un repertorio insuperable.

Uno de los puntos más altos se vio con el público y su actitud siempre positiva frente a los inconvenientes y cortes de luz, cantando a capella, haciendo la ola o jugando en masa con las luces de los teléfonos, tratando de dar ánimo y motivar al espíritu nostálgico y celebratorio, (incansable y emotivo a ratos). Siempre comprendieron que estaban en medio de una celebración y fueron parte esencial de esta cita con la historia musical del continente.

El cierre del repertorio de celebración llegó con “Primavera 0” y “De música ligera”, un viaje de amor que llenó el ambiente de imágenes y sensaciones del recuerdo y de un tributo, tal vez, final.

Eso pasó. Y fue lo que fue.

En resumen, una noche de entusiasmo, cariño y respeto, un agradecimiento total a la buena intención, aunque haya estado lejos de ser lo que pudo ser.


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