
Texto por Joselyn Heyden
Primero que todo como Zumbido.cl queremos expresar nuestras condolencias a las familias y amigos de Berenice Giles y Miguel Hernández, ambos fotógrafos del medio musical Mr. Indie quienes perdieron la vida el día de ayer mientras realizaban la cobertura del primer día Festival AXE Ceremonia al ceder una estructura metálica sobre ellos, la cual no había sido declarada al momento de la inspección previa a la autorización del evento ya que en ese momento no se encontraba aún instalada, cuestionando las medidas de seguridad en la implementación del evento. Cabe señalar que luego del fatal incidente el Festival no suspendió sus actividades sino hasta el día de hoy, con la clausura del Parque Bicentenario donde se realizaba, en Ciudad de México, por parte de la Dirección de Gobierno y otros estamentos, hasta el 8 de abril.

Este duro golpe al periodismo musical nos conmueve profundamente como medio de comunicación que desempeña la misma labor en otro lugar del mundo y remece una vez más, llevando a abrir un debate que ha estado siempre vigente respecto a la precarización y falta de derechos laborales para nuestro rubro como periodistas, fotógrafos, audiovisuales y comunicadores en general. ¿Quién responderá ante una eventual tragedia?
La muerte está presente a diario, a cada minuto, a cada segundo, nunca tenemos certeza de cuál será nuestra hora, está a la vuelta de la esquina, de forma irreparable cuando llega y el mundo no se detiene ante ésta, sin embargo, no podemos obviar ni ser indiferentes frente a la deshumanización al más puro estilo de «Black Mirror», donde la realidad supera la ficción y el debate se ha centrado por un lado entre una fracción del público molesto por la cancelación de AXE Ceremonia a partir de hoy y por otro lado la crítica al Festival quien continuó con sus actividades el día de ayer tras su negligencia y el fatal incidente, dejando una imagen grotesca en la cual se encontraban los cuerpos sin vida de nuestros colegas, una estructura en el piso y un escenario que continuaba sonando y despampanando con sus luces multicolores junto a un público disfrutando su estadía, como cuando alguien se lanza a las vías del metro y la mayor preocupación al parecer es llegar tarde a nuestros destinos, o tiempos no muy lejanos cuando alguien se arrojaba al vacío desde lo alto del Costanera Center y la masa continuaba con sus compras.
Si hilamos más fino y nos involucramos en lo que nos compete como comunicadores, la precaridad de los trabajadores de medios de comunicación y trabajadores del mundo del espectáculo en Chile, no está ajena a esta realidad. El pago económico, la falta de seguridad y derechos laborales han sido temas que han estado vigentes en el debate, pero que siguen descansando en el vacío legislativo.
Al trazar una línea de tiempo en nuestro país, tenemos simplemente que retroceder un año para encontrarnos con la trágica muerte de Fabiola Flores, asistente de producción, quien el pasado 24 de agosto tuvo un accidente durante el rodaje de la película peruana “Soltera, casada, viuda, divorciada 2“ de la productora Tiki Films, cayendo desde una jaula de transporte de una máquina pisa nieve y siendo aplastada por la misma en el centro de ski El Colorado, permaneciendo durante 5 días en estado de extrema gravedad, falleciendo finalmente el 29 de agosto. Este caso abrió una vez más el debate a la falta de protocolos de seguridad y la falta de condiciones de los trabajadores del rubro.
Sin más, exactamente 3 meses después, pierde la vida el 29 de noviembre de 2024, un trabajador de 30 años tras caer desde 14 metros de altura mientras desmontaba el escenario de Iron Maiden en la zona sur del Estadio Nacional, al ceder la base de la estructura metálica y arrastrarlo consigo, pese a contar con las medidas de seguridad, como el uso del arnés y la certificación para realizar trabajos en altura. El debate al rojo vivo una vez más respecto a las posibles negligencias y/o fallas estructurales.
Retrocediendo dos años más en la línea de tiempo, está Francisca Sandoval, reportera de Señal 3 La Victoria asesinada en mayo de 2022, tras recibir un impacto de bala en plena Alameda por un arma percutada por uno de los 11 comerciantes ambulantes de Barrio Meiggs, que en ese momento disparaban a manifestantes y comunicadores, mientras cubría la marcha del Día del trabajador organizada por la «Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores» el 1° de mayo de ese año, falleciendo 12 días después luego de estar internada en estado de extrema gravedad en la ex Posta Central. Francisca no trabajaba en el área del espectáculo pero si en un medio de comunicación independiente.
Y así vamos sumando vidas perdidas, sin contar accidentes, víctimas de trauma ocular (Nicole Kramm, fotógrafa que recibe impacto de perdigón el 31 de diciembre de 2019 por parte de Carabineros durante la cobertura del Estallido Social en vísperas de año nuevo) y situaciones de diferente gravedad, como la falta de salarios dignos, robos de nuestros equipos de trabajo y pertenencias personales en el trayecto, accidentes sin resultado fatal y falta de regulación en la cantidad de horas trabajadas.
En la búsqueda de responsables, debemos ser responsables, valga la redundancia, a la hora de apuntar nuestros dardos. En la tragedia en AXE Ceremonia, los responsables directos son el Festival y su producción, sea la productora en sí y/o empresas externas a ésta presentes en la organización y montaje, un responsable mayor que es el Estado, encargado de velar por las leyes y en última instancia, no me desentenderé de la responsabilidad ética de los medios de comunicación de preocuparse por el bienestar de los trabajadores, considerando que la crítica cayó a éste por la falta de empatía al seguir publicando en sus redes con normalidad sin pronunciarse frente a la tragedia, sin embargo, no ahondaré en esto porque desconozco el móvil más allá de la declaración emitida el día de hoy en su página de instagram.
En Chile, si bien los trabajadores de los medios de comunicación masivos, independientes y también quienes trabajan en productoras, sortean problemas laborales en común, es fundamental señalar que estamos ante realidades distintas. En todos estos casos la ausencia de protección del Estado ha sido una constante, incapaz de hacerse cargo de los problemas de quienes conforman el universo de las comunicaciones, las artes y la cultura. Un Estado que ha permanecido dormido tanto en el parlamento como en el ejecutivo (específicamente los ministerios competentes) en la garantización de derechos laborales dignos. Y una industria abusiva que se ha encargado de fomentar las malas prácticas a costa de la vida y salud física y mental de sus integrantes. Si bien en los medios masivos (y productoras) existen fines de lucro, por ende financiamiento, habiendo normativas con las que deben cumplir por código del trabajo y otras que no porque simplemente no existen, por otro lado, el caso de los medios independientes, el trabajo se realiza en un descampado de irregularidades, al carecer de fines de lucro, financiamiento y de normativas en su totalidad, que podrían garantizar bienestar a los trabajadores de su equipo, más que la voluntad ética y humana de preguntar a sus trabajadores si llegaron bien a casa, si están bien emocionalmente y establecer una comunicación clara y transparente sobre las condiciones en las cuáles nos desempeñaremos.
Aquí quiero hacer especial hincapié, porque he visto los dardos lanzados el día de hoy hacia los dueños de este tipo de medios y quiero visibilizarlo, ya que desde mi perspectiva se sitúan en la misma vereda de precarización que el resto de los integrantes del medio, no estando exentos en este debate. En los años que llevo trabajando en este rubro, tanto en Zumbido como en otros medios, he conocido a quienes dirigen éstos y otros medios independientes, y he visto con mis propios ojos que muchos de ellos son otros colegas fotógrafos, igual que cualquier fotógrafo de este medio, igual que los colegas que perdieron la vida en México y al igual que yo. Colegas que no reciben ningún financiamiento y que deben costear incluso el dominio de sus portales, transporte para llegar a las coberturas, alimentación, equipos, etc. con dinero de su propio bolsillo, es decir, abiertamente, bajo autogestión. Me llama profundamente la atención y me parece lamentable ver a la crítica situarse en ellos, sin negar que lo mínimo que esperamos es la calidad de humana de quienes tenemos como directores, pero estamos de manos atadas esperando otras condiciones que no llegarán sólo con voluntad.
¿Dónde debiésemos apuntar entonces nuestros dardos? Al Estado, al incumplimiento de garantías, a la falta de legislación, a la falta de fiscalización y regulación de las leyes que ya existen, a la falta de contratos, a la falta de financiamiento, sin embargo también a nuestra propia falta de organización gremial frente a las problemáticas que nos afectan tanto de manera específica como de manera transversal.
Que esta tragedia no nos sea indiferente, y que la pena se convierta en rabia como motor de cambio. El periodismo musical es un trabajo. Si bien una acreditación no vale más que nuestra vida, todos quienes estamos aquí hemos soñado alguna vez con los grandes escenarios. Un sueño no puede costarte la vida, mucho menos un trabajo. Comenzar a organizarnos y luchar por derechos laborales dignos es también parte de nuestra labor como trabajadores. Emplazar al Estado y a todos los agentes del ecosistema cultural y del entretenimiento en Chile como garantes de éstos es parte de nuestra misión como comunicadores.
Un abrazo a los familiares y amigos de Berenice y Miguel, en nuestra memoria por siempre.




















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