Texto y Fotografías por Lucas Araya

El cuarteto instrumental onírico se presentó en el Centro de Arte Alameda a sala llena para dar una sesión especial musicalizando una serie de imágenes y filmaciones que se amalgamaron de manera armónica con cada una de las composiciones que La Ciencia Simple liberó en una noche cinéfila ultra sensorial.

Marcelo Leturia: Despeinado la certeza 

Armado de una guitarra eléctrica, una serie de pedales y efectos y una luz simple sobre su espacio, Gonzalo Navarro arma un tejido sónico a base de melodías disruptivas, arpegios atonales y disonantes que construyen un muro de capas y ecos desconcertantes y atrapantes. Entre los asientos suena el “cliqcsh” de latas, voces inquietas y una tos tímida, generando un cuadro casi performático, natural y errante en un salón expectante. 

La incertidumbre inspiradora de Marcelo Leturia abre sendas desconocidas e inesperadas que giran en círculos de formas irregulares que invitan a sumergirse en su propuesta insurgentes.

Aplausos al cierre. Declaración de principios y un mensaje sincero: estos sonidos han sido expuestos por primera vez. Una piedra estética fue lanzada contra el vidrio invisible para dejar escapar las sonrisas.

La Ciencia Simple: La noche en colores

Los cuatro mosqueteros del post rock inician el viaje con leves movimientos sonoros sobre imágenes de remolinos de agua, vientos y siluetas humanas que van y vienen, galopando a la velocidad pesada y sincopante de la banda.

La invitación está hecha y La Ciencia Simple nos lleva por paisajes silvestres de campos verdes o fragmentos de la ciudad de cemento y cristal, abrazándose como si fuese parte de un romance onírico e imaginativo, un guion visual armado entre Octavio Canales y los maestros de la realidad paralela.

Luces vibrantes entre la oscuridad y las sombras danzantes. Árboles difuminados y celebraciones mudas mientras el manto de la ciencia cubre el espacio y las ondas; un regalo a los pies de una pascua perdida entre el frío exterior y las olas de calor acá dentro que arde como el fuego en la pantalla y que emana desde los parlantes. Rojo, carmesí, potente, ruidoso, intenso, inmenso, perfecto, hermoso, luminoso y a la velocidad precisa 

Después del frenesí, el trigo flota en el recuerdo de días no vívidos entre manos de mariposas. En eso sueño cuando el peso demoledor me mantiene alerta y despierto y corro con  las llamas sin moverme entre los aplausos de una sala repleta y en éxtasis.

Un astro artificial cae despedazándose entre sus propias cenizas en un cielo azul filmado y errante. Las máquinas marcan el ritmo, las almas percuten las cuerdas; la suma perfecta para una ecuación en constante movimiento expansivo que une esquinas, ventanas, techos, rostros, satélites y luces en un collage multicolor: ciudades que colapsan, puentes que explotan, caos distante y controlado sobre canciones de la banda sonora del fin del mundo conocido, filmado y proyectado. 

Al final del túnel fílmico hay una luz que arrasa con todo sin que nos demos cuenta. Es un camino invisible que cruza el río metafísico de lo imposible e incierto, anulando con su beat las malas sensaciones. Mientras tanto, acá hay una nube de calma en tensión que estalla en el brillo sutil del tiempo opaco que se derrite ante la experimentación tierna de La Ciencia Simple.

The end.

Buenas noches, dice la melodía. Soñar está permitido.

Setlist:

Tema nuevo (no tiene nombre aun)

Ecos

235

Pajaros negros

Enmudecio durante largo tiempo

Aphex

Cruz del sur

Sueño azul

Domingo

Noisetalgia


Zumbido.cl

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *