
Nota por: Lucas Araya
Fotografías: Víctor Vidangossy
Brant Bjork y su trío trajeron toda el aura desértica para desplegar un repertorio lleno de groove y rock de la mejor cepa. Una sesión intensa y sin respiros del mago del stoner rock, junto con grandes invitados nacionales.

Vago Sagrado
Con una reformada alineación y una propuesta que varía entre lo instrumental y haikus sónicos, el cuarteto se encarga de ir construyendo capas sonoras, moldeando una nave espacial que explota en el cielo imaginario para luego caer al vacío interrumpido por la potencia de un nuevo vuelo. Un círculo hipnótico y etéreo que envuelve desde el primer acordé hasta el último acople. Buena forma de abrir la jornada.

Yajaira
Ya con una Sala Metrónomo con buen número de público, Yajaira dejó caer el peso de la historia como un mazo eléctrico. El sonido oscuro de la banda se mueve entre pantanos de metal ardiendo y nubes de humo verde, elevando atmósferas sicodélicas e hipnóticas para despertar con una tormenta estridente, demostrando la vigencia y poder este cuarteto que celebra 29 años al frente del viaje por la ruta del Sludge sudamericano. «Muerte astral», «Hormigas», «Atormentándonos» y «Las cruces» son una muestra de la versatilidad y potencia en el repertorio de Yajaira, con una marcha lenta hacia el sonido árido y el mantra gutural. La ruta se abre hacia el dueño de la noche.

Brant Bjork Trio
Brant Bjork trajo el sonido libre y levitante del desierto para hipnotizar a quienes repletaron la sala metrónomo desde antes de comenzar a tocar. Con una humildad tremenda, Bjork y los suyos arman su arsenal y dejan sus equipos listos para desatar su ataque sónico. La destreza y pericia instrumental queda demostrada desde el primer acordé, con una banda aceitada que lleva el ritmo y la base del groove más pesado que se haya escuchado. La presencia de Mario Lali en el trío le da un peso y vigor que permiten que Brant Bjork baile con sus seis cuerdas, mientras que su voz funciona como un instrumento más en la ecuación mágica de su música del alma indómita.

Con una mezcla de creaciones nuevas («Sunshine») y clásicos de Jalamanta y Saved by magic («Let the truth be known», «73», «Low desert punk» y «Automatic Fantastic»), Brant Bjork y sus hermanos despliegan un show impecable, donde el funk, el punk y el jazz se combinan en una bola eléctrica del mejor stoner rock. “Me siento como en Woodstock” escucho decir a alguien a mi lado. Y es cierto, toda la impronta sesentera y setentera de la guitarra de Bjork nos lleva a los aires de Hendrix, Cream y Marley, solo que estamos aquí y ahora. Un real placer poder abrazar este sonido pesado, demoledor, dulce y encantador, todo a la vez.

Brant Bjork, la leyenda, el jefe, el maestro. Uno de los que abrió el camino hace más de treinta años sigue haciéndonos flotar con cada ataque de su Fender Stratocaster, mientras sus Bros en la bata y el bajo elevan aún más la alfombra encantada. Vamos todos en el mismo vuelo hacia el éxtasis. Todo lo que no pudo ser en 2019 (se suponía que tocarían el 19 de octubre, pero…) sucedió está noche. La magia nos salva y el gran Brant es el mago supremo.





















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