Nota por Cristián Doppler

Hoy 19 de marzo, se cumplen 20 años del estreno de una de las películas insignes de la primera década del 2000. ‘Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos’ como se conoció en Hispanoamérica (‘¡Olvídate de mí!‘, en España, horrible título por cierto), dirigida por el reconocido y premiado director francés de videoclips Michel Gondry (Björk, The Chemical Brothers, The White Stripes), quien siempre se destacó la creatividad con un gran mundo imaginativo en sus trabajos. En su primer intento de largometraje se une con el estadounidense Charlie Kaufman. quien ya venía con trabajos como ‘Being John Malkovich‘ (1999) y ‘Adaptation‘ (2002), ambas con nominaciones a los Premios Óscar en ‘Mejor Guión‘, A ambos los unía el surrealismo emotivo de sus trabajos, Gondry plasmaría con fidelidad visual las ideas que tenía Kaufman en su cabeza y viceversa.

No voy a ahondar en los detalles técnicos de la película, no es área de mi conocimiento, pero quiero destacar algo importante que marcó en la época y sigue siendo relevante hasta el día de hoy, que incluso fue usado por una de las artistas en el pasado Lollapalooza Chile 2024 como parte de un interludio: La música original y la banda sonora de la película.

La explosión de ‘Eternal Sunshine of a Spotless Mind’ fue tardía, al menos en nuestro país lo recuerdo así. La película se movió principalmente casi en recomendaciones entre amigos, blogs, y siendo descargada piratamente a través de programas como Emule, con horrible calidad. Más allá de lo que te pueda provocar la historia de Clementine y Joel, hay algo que siempre quedó, su musicalización perfecta, donde el compositor estadounidense Jon Brion se destaca dentro de sus obras máximas.


Jon Brion, músico y productor de larga historia, quien luego de intentos de música en bandas terminó encontrando su lugar en la composición original para cine principalmente. Destacado también como productor de obras de Fiona Apple, Rufus Wainwright y uno de los amigos más cercanos de Elliott Smith, fue muy aplaudido con su trabajo musical en la película ‘Magnolia’ (1999) y ‘Punch-Drunk Love’ (2002). No olvidar también su álbum solista ‘Meaningless’ (2001), relanzado el año 2022 en las plataformas digitales, un exquisito trabajo de 11 canciones, que contiene todas sus esencias que uno ha escuchado en sus bandas sonoras, álbum más que recomendado para quienes gustan del power pop de bandas como Big Star y la intimidad quebradiza de Elliott Smith.


La banda sonora de la película, comparte entre canciones originales de artistas elegidas con pinza, junto con las creaciones de Brion. La producción cuenta con todo el eclecticismo reconocido del músico estadounidense, destacándose el piano como elemento principal, pero jugando con la experimentación sonora e integrando guitarras, arpas, sintetizadores y cuarteto de cuerdas, según la emoción de la escena lo requiriera. 


‘Row’ y su piano remando emociones contra la corriente, ‘Peer Presure’, que funciona como adelanto de ‘Strings That Tie To You’, donde Jon Brion canta sobre un arreglo de Mellotron (clásico de The Beatles en Abbey Road), «En mis sueños a menudo estoy corriendo, al lugar que está fuera de vista de todo tipo de recuerdos, con cuerdas que me atan a ti». Casi una transcripción lírica de una de las recordadas escenas de la película mientras todo se derrumba de los recuerdos.


Entra las canciones seleccionadas de artistas, se destaca ‘Mr. Blue Sky’ de Electric Light Orchestra, como una detonación de alta vibración. ‘Light & Day’ de una de mis sectas musicales favoritas: The Polyphonic Spree, quienes se destacaron principalmente a finales de la primera década de los 2000. También hay dos canciones de los nóveles (en aquellos años) The Willowz, ‘Something’ y ‘I Wonder’ fueron su aporte, donde su tono nostálgico y revival calzaron perfectos.


Pero llegamos a la canción principal y más reconocida de toda la banda sonora, la reversión de ‘Everybody’s Gotta Learn Sometime’, original de los británicos The Korgis (1980), con el trabajo colaborativo de Beck y Jon Brion.



Beck se encontraba ya sumergido entre las mareas emocionales del desamor de su premiado álbum ‘Sea Change’ (2002) (Revisa nuestra nota aquí), un álbum escrito completamente con el corazón roto y la depresión post quiebre con su prometida y novia, tras 9 años de relación. Esta nueva dirección de Beck, más cercana al folk, aprendió que no solo había que habitar las canciones, sino a apropiarse de ellas y hacerlo suyas. Esto permitió que fluyera con naturalidad esta nueva versión de la canción, sugerida por el mismo director Michel Gondry, quien estaba muy confiado que la canción calzaba perfecta en la historia de la película. Por lo que bajo la ayuda de Jon Brion en la grabación y producción, crearon juntos una obra maestra.


La versión de Beck y Brion de la canción captura perfectamente el tono emocional de la película. La voz suave y melancólica de Beck, combinada con los arreglos musicales sutiles y conmovedores de Brion, crea una atmósfera de introspección y nostalgia que se ajusta a la temática de la película sobre el amor, la pérdida y los recuerdos que quedaron borrados y no tanto…


Luego de 20 años desde su lanzamiento, la canción terminó convirtiéndose en un clásico moderno, incluso Beck abrió sorpresivamente su show en el Teatro Caupolicán en noviembre del 2023 con ella, quedando el suspiro del teatro entero suspendido en el aire, sobre todo de quien luego de ver la película, toma la canción como suya y desenrolla sus recuerdos sobre los amores fallidos y las pérdidas, las cuerdas que los unían con fuerza y que el desgaste ante las inclemencias las terminó rompiendo de todas maneras, hasta caer cada uno por su lado, pero siempre nos quedará la música.



Zumbido.cl

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