Texto por: Gonzalo Díaz

Fotografías: Hugo Hinojosa

En un mundo marcado por el avance agresivo de la extrema derecha, la normalización del odio como herramienta política y el resurgimiento de discursos abiertamente fascistas, hace que bandas tomen un peso mucho mayor para precisamente hacer frente a dichos movimientos que hoy se transforman en una amenaza. Por lo mismo, allí donde muchos prefieren el silencio, Napalm Death insiste en hacer frente mediante la denuncia y la confrontación directa. Por lo mismo, su regreso al país, apenas un año después de su anterior visita, funciona como un recordatorio urgente: el grindcore nació para cuestionar, resistir y erosionar las estructuras que sostienen la desigualdad y la violencia sistémica. Hoy más que nunca, esa misión sigue intacta.

Ya centrado en la jornada y previo al estallido sonoro de los británicos, la banda local Defragment estuvo a cargo de abrir la jornada con un set marcado por la precisión técnica y riffs cortantes. Su propuesta, más orientada hacia un metal técnico, contrastó con la crudeza política que vendría después, siendo un inicio sólido, que encendió al público y preparó el terreno para el desborde de energía que caracteriza a Napalm Death. Defragment mostró oficio, cohesión y claridad en su sonido, reforzando la potencia de una escena local que continúa creciendo y aportando con propuestas de calidad y personalidad.

Pero claro, el centro de la noche inevitablemente se concentró en el torbellino político sonoro que Napalm Death desató apenas pisó el escenario. Desde los primeros segundos, quedó claro que el concierto sería tanto una explosión musical como un espacio de reflexión social, tal como es característico en cada show de la banda, presentación que logró realizar un recorrido frenético por distintas etapas de su discografía, demostrando que su relevancia no ha disminuido con el paso de las décadas, sino que ha adquirido nuevos sentidos en un contexto global cada vez más hostil.

Centrados en su presentación y marcando pauta desde un inicio, “Multinational Corporation”, pieza que expone sin matices la explotación económica y del poder, tema que fue el puntapié de una verdadera masacre sonora, esto, siguiendo con canciones como “Silence Is Deafening”, “Lowpoint” y “Amoral”, temas que intensificaron la tensión política del concierto. Es que claro, Napalm Death no habla desde la comodidad de la distancia, su discurso es directo, urgente, y por momentos incómodo. Entre canción y canción, Mark “Barney” Greenway ofreció reflexiones sobre la necesidad de combatir el odio, la xenofobia y la deshumanización, recalcando que estas no son luchas abstractas, sino batallas cotidianas que atraviesan nuestras relaciones y decisiones más simples. En un mundo donde proliferan los discursos racistas y excluyentes, sus palabras adquirieron un peso que excedía la retórica habitual de un concierto.

Uno de los instantes más intensos de la noche fue la interpretación de “Dead” y, por supuesto, “Suffer the Children”, himno antibélico y antiautoritario que sigue tan vigente como cuando fue lanzado. La reacción del público fue explosiva: mosh, gritos y una catarsis colectiva que recordó por qué el grindcore continúa siendo un refugio de protesta para quienes se sienten marginados, violentados o anulados por las estructuras de poder. Con ello y como es tradición, “Scum” desató un estallido visceral, no solo por su relevancia histórica dentro del grindcore, sino porque su mensaje, continúa siendo pertinente.

El momento más explícitamente antifascista de la noche llegó con la inevitable y siempre celebrada versión de “Nazi Punks Fuck Off”, original de Dead Kennedys. La interpretación funcionó como una declaración política sin eufemismos: no hay espacio para la ambigüedad cuando se trata de combatir la intolerancia. En un contexto donde grupos extremistas resurgen en distintos rincones del planeta y donde incluso intentan usar estéticas o espacios culturales para blanquear su imagen, la performance de este tema sirvió como recordatorio de la responsabilidad que tiene la música extrema como espacio de resistencia. El cierre con “Unchallenged Hate”,  canción, centrada en la violencia que proviene del odio normalizado, sonó como un resumen perfecto del sentido de la noche. En tiempos donde el odio parece gobernar discursos públicos, políticas de Estado e interacciones cotidianas, Napalm Death tras décadas de carrera, sigue insistiendo en la urgencia de desafiar, confrontar y discutir abiertamente lo establecido.

Napalm Death sigue siendo de las pocas bandas capaces de unir música extrema con un compromiso ético real, sin oportunismos ni poses vacías. Su presentación en el Teatro Cariola fue una afirmación contundente de que el grindcore no es solo ruido: es resistencia, es crítica, es una forma de plantar cara a los tiempos oscuros que avanzan a nivel global.

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Setlist:

01. Multinational Corporations, Part II

02. Silence Is Deafening

03. Lowpoint

04. Vision Conquest

05. Contagion

06. Twist the Knife

07. Resentment Always Simmers

08. Narcoleptic

09. When All Is Said and Done

10. Amoral

11. The World Keeps Turning

12. Retreat to Nowhere

13. Social Sterility

14. Dead

15. Suffer the Children

16. Pride Assassin

17. Necessary Evil

18. Backlash Just Because

19. Fuck the Factoid

20. Scum

21. Prison Without Walls

22. You Suffer

23. Nazi Punks Fuck Off

24. Unchallenged Hate


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