Nota por: Ricardo Arredondo

Este 29 de abril, As I Lay Dying regresa a Chile para presentarse en el Teatro Coliseo, con un show centrado en la conmemoración de los 20 años de “Shadows Are Security”, uno de los discos más influyentes del metalcore de los años 2000. Pero no se trata de un concierto cualquiera. En este caso, la música convive inevitablemente con una historia que sigue generando incomodidad, debate y posturas difíciles de reconciliar.

Hablar de la banda hoy es hablar también de su vocalista, Tim Lambesis. En 2013, fue condenado tras intentar contratar a un sicario para asesinar a su exesposa, en un caso que sacudió no solo a la escena del metal, sino a la opinión pública en general. No es una controversia menor ni un episodio ambiguo: se trata de un delito grave, premeditado y violento. Lambesis cumplió condena y fue liberado en 2016, retomando desde entonces su actividad musical.

Ese antecedente -y algunos otros episodios repudiables- siguen siendo, hasta hoy, un punto imposible de separar del regreso de la banda a los escenarios. Al mismo tiempo, reducir la historia de As I Lay Dying únicamente a ese episodio sería también ignorar su peso y relevancia dentro del género.

“Shadows Are Security” no solo consolidó a la banda en su momento, sino que ayudó a definir el sonido del metalcore moderno: riffs melódicos, estructuras precisas y breakdowns que marcaron a toda una generación. Su influencia se puede rastrear hasta hoy en múltiples bandas contemporáneas. En ese sentido, el concierto en Santiago también funciona como una celebración de un disco fundamental, uno que sigue resonando dos décadas después de su lanzamiento.

La visita de la banda abre una pregunta que va más allá de la música: ¿es posible separar la obra de quien la creó? Para algunos, la respuesta es clara y negativa. Para otros, el paso del tiempo, el cumplimiento de la condena o el valor artístico de la obra permiten una lectura distinta. También están quienes simplemente eligen centrarse en la experiencia musical, dejando el juicio moral en un plano personal.

En ese cruce de posturas se construye el contexto real del show: uno donde cada asistente, consciente o no, toma una decisión.

También emerge una reflexión más amplia, propia de estos tiempos. En una cultura marcada por decisiones individuales, muchos separan el consumo cultural de la ética personal. ¿Asistir a un concierto implica validar todo lo que hay detrás? Para algunos, sí. Para otros, no necesariamente. Ese espacio gris, incómodo y difícil de definir, es precisamente donde se mueve gran parte del público que llegará al Teatro Coliseo.

El regreso de As I Lay Dying a Chile va más allá de la nostalgia del repaso de clásicos del metalcore. Es también un recordatorio de que la música no existe en el vacío, y que hay historias que no se pueden silenciar, aunque suenen guitarras encima. Entre la celebración de un disco clave y el peso de decisiones personales que generan rechazo, el show del 29 de abril se instala como algo más que un recital: será, para muchos, una toma de posición en su forma de ver y afrontar la vida.

As I Lay Dying en Teatro Coliseo
Miércoles 29 de abril
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