
Texto por: Lucas Araya
Fotografías: Sergio García
Una sesión flotante de canciones hermosas, arreglos certeros, instrumentación cómplice y emociones en cada voz nos regaló el cuarteto argentino, todo sumado a la fuerza de un ensamble sinfónico y coral sincronizado en Santiago de Chile. Una noche para volar de placer.

Nico Rojo abrió la jornada con una presentación en solitario, acompañado de su guitarra eléctrica para desenfundar relatos de pasión, desamor y lucha en formato solitario, acompañado de luces y colores movedizos, efectos en eco y una electrificación filosa desde un amplificador cómplice.

El show de Música Para Volar es una invitación a un viaje espacial sobre una ciudad que duerme y se apresta a soñar. Una presentación llena de momentos de alta intensidad, vuelos fugaces de vientos con delicadeza electrificada y una interpretación instrumental y vocal ajustada y precisa en cada movimiento. Para esta ocasión, el cuarteto de músicos trasandinos desplegó una selección de canciones “a la carta” elegidas por el público a través de una votación online que incluyó canciones de Soda Stereo y un atractivo y sorprendente paseo por la carrera solista de Gustavo Cerati, todo acompañado por un ensamble de músicas y músicos acoplados en Santiago bajo la excelente dirección de Pablo Carrasco Villablanca, un espectáculo bajo un manto de efectos visuales, luces en imágenes que acompañaron el vuelo.

Todo comenzó con la entrada de la orquesta y los sonidos de sus instrumentos funcionando como una pista de despegue. Ya cuando la banda tomó su puesto en el escenario y un cronómetro indicaba el inicio del trip, «La ciudad de la furia» abrió el paso a las alas sonoras y el público se dejó hipnotizar en un sueño que recién comenzaba. «Deja vu» continuó la senda a través de paisajes sónicos que invitaban a «sacar belleza de este caos» pues, según José Matteucci (batería y voz) «Todo está sucediendo aquí y ahora«, y así fue como cada interpretación fue una pieza irrepetible de emoción. En esa premisa, «Crimen» se transformó en un canto en conjunción entre la banda, el ensamble y las almas que ya volaban sin olvido.

Hay que aplaudir al ensamble sinfónico pues la capacidad de moverse por distintas formaciones a medida que las canciones lo solicitaban posibilitó que la nave espacial pudiera moverse por diversas atmósferas. Sin embargo, este fue un viaje a través del tiempo circular, ya que la banda pudo volver al inicio de su formación y celebrar 12 años de su primera presentación (pensada como una función única y, ya vemos como avanzó esa idea, afortunadamente) para visitar una serie de canciones tomadas del disco «MTV Unplugged (1996): «Entre caníbales» y «Té para tres» con una emotiva guitarra eléctrica a cargo de Alexis Thompson citando a Luis Alberto Spinetta en un punteo mítico y eterno.

El setlist de esta presentación resultó ser una mezcla exquisita de hits y canciones ocultas entre la belleza de la carrera de Cerati, y es justamente en esa búsqueda que la banda armó un Mash-up de canciones demostrando el eclecticismo de la obra del músico argentino para armar un pasaje hacia «Sudestada», «Tabú» y «Perdonar es divino» en un viaje casi acuático por un río que fluye hacia arriba de la mano de las precisas líneas de bajo de Julieta Sciasci, quien lidera la travesía con saltos y una energía y una sonrisa que contagia hasta la emoción . Aquí vale la pena recordar que las canciones de esta lista fueron seleccionadas por la gente, lo que se transforma en una grata sorpresa al comprender el impacto y la grandeza de estas obras en un público inquieto y apasionado.
«Trátame suavemente» (con una friccionada anécdota sobre el “sufrimiento” de los guitarristas en veladas familiares) disparó la máquina del tiempo en varias direcciones para volver al ensamble sinfónico y la unión con un coro a cargo de Ignis Camerata Vocal para interpretar gigantes versiones de «Fuerza natural» y «Hombre al agua», con una potencia interpretativa irrepetible. La multiplicidad de sonoridades y posibilidades de la obra de Cerati, que va desde el Rock al Trip Hop, incluso pasando por el folklore, teñido de modernidad y armonías cósmicas hacen que existan temas como «Cactus», «Lago en el cielo» y «Ella usó mi cabeza como un revólver» y que un grupo humano pueda unirse y desplegar versiones emotivas para que las imágenes oníricas al borde del surrealismo tomen una forma única para quienes estuvimos frente a estos corazones.
Los arreglos para la orquesta a cargo de Bruno Moreno, tecladista de la banda, son una belleza en sí mismos, que hacen que todo el conjunto de intérpretes se muevan por lugares insospechados hermosos. Ya hacia el final del concierto «Zona de promesas» tuvo una versión única e irrepetible con guitarra eléctrica debido a alguna coincidencia técnica que posibilitó este momento inédito (y de alta gama, por lo demás) para decantar en una interpretación altísima de «Corazón delator» con una voz y batería que hicieron vibrar hasta lo más profundo de la sala y los cuerpos entregados ya en un vuelo interestelar.
Para el cierre una hermosa interpretación de «Puente» donde el público se une al coro con una emoción contenida y liberada hasta el aplauso de pie que llevó a la banda a terminar con “una que sepamos todos”. Fue así como «De Música ligera» hizo aterrizar el vuelo en una tierra húmeda entre el calor, el vapor humano y la belleza de una obra insuperable, digna de la mejor celebración posible. Confort para el alma. Gracias totales, MPV.





















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