
Texto por Franco Zurita
Fotografías por Camilo González
Anoche, Teatro Coliseo fue un puente entre generaciones que sienten la cumbia como parte esencial de nuestras raíces. Un abrazo colectivo, un espacio en donde la nostalgia y la fiesta se apoderaron de cientos de fanáticos que sacudieron sus cuerpos al ritmo de las percusiones, vientos y sabor latino al son del sonido amazónico y legendario de Los Mirlos junto a cumbia porteña de Chico Trujillo.
Una noche para el recuerdo de todos los presentes ambientada por DJ Mayin y una completa selección de clásicos de la región, en compañía del sonido tribal y rumbero de Rodrigo Gallardo quienes mantuvieron la previa encendida dejando todo preparado para la doble jornada principal.

Y con una precisión cronológica, Los Mirlos subieron al escenario en medio del cálido recibimiento de los fanáticos con la elegancia y maestría que los caracteriza. Esa misma que los consolidó como una de las bandas más grandes del Perú y que los tienen conquistando escenarios alrededor de todo el mundo. Y en cosa de segundo y ante los primeros acordes de himnos como “La Danza de Los Mirlos”, “Un traguito de Ayahuasca” y otros clásicos de la región como “Bonita y Mentirosa” y “Cariñito”, Los Mirlos y toda su cumbia psicodélica nos transportaron a los paisajes verdes y amazónicos del Perú reafirmando su sonido en el ADN latinoamericano.
No hubo alma que no se remeciera ante el hipnótico sonido de la banda. Danzas tribales movidas por las temerarias percusiones se tomaban el centro de la pista acompañaban la psicodelia musical que envolvió todo su repertorio, dejándonos con ganas de más y confirmando la presentación de Los Mirlos como un verdadero ritual latinoamericano.

El paso natural de esta selva musical a la fiesta porteña lo marco Chico Trujillo. Unos gigantes de la escena nacional quienes marcaron su entrada con la rebeldía y austeridad que les caracteriza: sin grandes aberturas y directos al corazón del bailoteo. Los liderados “El Macha”, se movieron entre sus clásicos de siempre y esa vibra humana y desordenadamente luminosa que los ha convertido en uno de los grandes estandartes de la cumbia chilena. “La Medallita”, “La Escoba”, “Gran Pecador” y sus más grandes himnos, encendieron el ambiente con una vitalidad contagiante. Cómo si no importase la caña ni el cansancio del otro día. Como si cada persona en el teatro hubiera puesto a prueba todos los años de carrete acumulados en la memoria.

Una noche completamente alocada, en dónde además de dejar los pies en la pista, fue interesante ver y convivir ambas propuestas (diferentes en su estética y origen) bajo un mismo espíritu: el de la cumbia como identidad y territorio emocional. Los Mirlos desde su tradición amazónica, cósmica y esencial; y Chico Trujillo desde la calle, el carnaval y la picardía que solo se aprende en lugares donde la fiesta es ley.
Teatro Coliseo, terminó convertido en un punto de encuentro entre dos formas de entender la celebración latinoamericana. Una noche en la que Perú y Chile dialogaron desde la música, reafirmandola como un lenguaje que se adapta, cruza frontera y que cuando se toca con el alma, pueden convertir una ordinaria jornada de sábado, en una celebración imposible de volver a replicar.
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