Texto por Clau B. Díaz

Fotografías por: Hugo Hinojosa

En el marco de la extensa y exitosa Gira acústica, la banda penquista vuelve a los escenarios chilenos con dos fechas en el Movistar Arena, completamente vendidas. Ayer fuimos testigos de su primer show que fue una real y fantástica fiesta. 

La cita agendada para las 21:00 hrs, se retrasó unos minutos. El Movistar lleno, la gente impaciente y acalorada (hacía mucho calor en el recinto). En el momento que se apagan las luces para apaciguar al público mientras la banda se prepara, suena “Charagua” canción compuesta por Víctor jara e interpretada por Inti Illimani, que en tiempos de la Unidad Popular abría y cerraba las transmisiones de TVN con Tevito. La emoción que se sentía en el público con esta pieza fue solo un indicio de lo que sería la noche. Se acaba la canción y se presenta la banda abriendo el show con “Miéntele”, donde la gran y fiel fanaticada se rendía sin oponer resistencia ante el envolvente sonido, el cual, durante toda la presentación fue impecable. 

A pesar de que la banda interactúo en todo momento con el público, apenas hubo respiros entre canción y canción. La audiencia, simplemente no se contuvo en gritar y bailar. Era imposible mantenerse quieto. Sigue el show con “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”, “Las cosas que cambié y dejé por ti”, “Bajo los árboles”, y la gran versión del tema de Silvio Rodríguez “El necio”. Y como una ráfaga de canciones siguen con “Calles de Talcahuano”, “Canción para mañana” / “Al final de este viaje”, y la versión del desembrado poema de Violeta Parra “La exiliada del sur”, el cual coreó a todo pulmón la gran y fiel fanaticada. Y si bien el respiro fue escaso, hubo espacio para que la banda contara un poco de su historia, de lo que significaba la gira, abrirse al mundo; recordar el pasado, a su profesor de música (quien fue invitado al escenario). La emotividad estaba muy a flor de piel. Y llega la inesperada/esperada “Fantasías animadas de ayer y hoy”, tema en que la audiencia hizo caer al Movistar

El espectáculo fue un deleite. El nivel de profesionalismo y respeto por el público para dar un buen show se nota, y la banda lo sabe haciendo un reconocimiento al equipo técnico, esos que están entre las sombras realizando todo para que la magia se haga realidad. La calidad y el sonido fue de un show de altísimo nivel, y para qué decir de los músicos, no me cansaré en admirar el talento y la dedicación de cada arreglo, a cada detalle que parece sacado de la ficción. En un parafraseo a Arthur C. Clark, cualquier técnica suficientemente lograda es indistinguible a la magia.

La presentación no tiene interés en acabar, aún quedan muchas sorpresas, una versión unplugged de “Llueve sobre la ciudad” con el Cuarteto austral de invitadas; un nuevo cover de Silvio RodríguezÁngel para un final”, que fue uno de los muchos puntos altos del show. Aunque, si hablamos de momentos altos estaríamos acá por mucho rato. Pero seguimos porque entre la fiel fanaticada había muchos niños, a quienes fue dedicada “Una nube cuelga sobre mí” con un invitado de lujo, Juan Carlos Bodoque. Ver niños en un concierto siempre me ha parecido un indicador de trascendencia, como generaciones se juntan a disfrutar la misma música, que traspasa las edades. 

Ya cerca del final, “No me hables de sufrir”, “Nada nuevo bajo el sol” y “Miño”, voló a más de alguna cabeza. Pero no se acaba acá, se viene el encore solo para rematar con “Llueve sobre la ciudad” y una versión caporal de “Ven aquí” junto a Fuerza maestra. Un broche de oro que no nos esperábamos. 

Este show estuvo lejos de ser íntimo, todo el mundo estuvo invitado. Fue una fiesta, una celebración al arte, a la vida en todo lo alto. Los Bunkers tiraron al Movistar por la ventana. 

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