La tercera jornada de Lollapalooza Chile cerró en alto con nombres como Addison Rae, Lewis Capaldi, Marina, Chappell Roan y Skrillex. Pero lo que realmente marcó el pulso fue la presencia de la música chilena, que se lució jugando de local y demostrando estar a la altura del festival. A esto se suma el regreso al Parque O’Higgins, que aportó orden, cercanía y una logística más fluida, reafirmando por qué este evento sigue siendo una de las citas musicales más relevantes de nuestro país.

Texto por Tomás BascoliLucas Araya Araya y Franco Zurita

Fotografías por Claudio Escalona


Santo Barrio, el peso del tiempo

El combo nacional abrió los fuegos del domingo con un show detonado y lleno de ritmo, percusiones y vientos lanzando llamas de ska, punk rock y el sonido latinoamericano de su tumbao rebelde. Una vuelta a las pistas para celebrar 30 años de existencia de la mejor forma, uniendo generaciones y abrazando públicos diversos, con espacio para homenajes a Pedro Lemebel, Víctor Jara y la presencia de Joe Vasconcellos como invitado en un set preciso y conciso. Los reyes de este lugar.

Hesse Kassel, amando, creando poder generacional

Estridencia estética, armonizaciones en ruido y destrucción de esquemas, todo bajo un sol inclemente a base de guitarras eléctricas a tope y una energía necesaria y contagiante. Con un set a veces controlado, a veces desestabilizante de límites, Hesse Kassel hizo su debut en el festival con una bola de fuego sónica y un mensaje contingente y acertado, un apañe a las bandas chilenas y la escena local. El público en pagos y coreografías instantáneas como ingrediente extra, fue el acople perfecto para un brutal show. Corto y preciso.

Bándalos Chinos, más caliente que el sol

La acalorada tarde fue el escenario para que la banda argentina se reuniera, nuevamente, con el público chileno. Ya son varias las venidas de los trasandinos y esta vez en el marco festivalero dieron cátedra de fiesta y baile. Con su característico sonido, subió aún más la temperatura con su clásico repertorio interpretado a la perfección y contagiando, bajo quitasoles y olor a bloqueador, al gran público que disfruto “Departamento” y “Vámonos de viaje”, entre otras grandes canciones.

Claudio Valenzuela Trío, máquinas y luces bellas

Nadando en un mar electrónico, armado de secuencias y capas sonoras, Claudio Valenzuela y su trío mostraron los sonidos que conforman el cosmos sonoro proyecto actual de uno de los nombres fundamentales de la música chilena. Con un sonido reminiscente al trip hop y al mejor pop del continente, generando un espacio para visitar su casa original (en coreadas versiones de “Milagro” ,“Carnaval” y “Mataz” con Princesa Alba como invitada) y retazos de su actual trabajo Claudio Valenzuela mostró sus credenciales en un nuevo camino, uno más entre los miles que ya ha recorrido.

2 Minutos, una enseñanza bruta

Hace rato que no teníamos varias bandas que se enmarquen en géneros como el hardcore y el punk en Lollapalooza, pero este año fue distinto. Y, entre ellos, el domingo fue el turno de 2 Minutos. Con un clima mucho más agradable que en otros momentos del fin de semana, la banda argentina asaltó el Alternative Stage a punta de crudeza y brutalidad punk. Acá no hay decoraciones barrocas, sino música aerodinámica que se entrelaza con mensajes y bromas entre los miembros del grupo, liderados por un incombustible “Mosca” Velázquez que a través de 24 canciones se dedicó a lanzar factos contra políticos y la policía, con la clásica ironía argentina.

Skrillex: Una liberación electrónica

Uno que sabe como iniciar, mantener y apagar el fuego de la noche es sin duda, Skrillex quien regresó al escenario de Lollapalooza y a nuestro país para un despliegue técnico y visceral sobre los controles en medio de breakdowns y arreglos experimentales que hicieron vibrar a todos los presentes. Una fiesta descontrolada que se movió al pulso de los BPM y la sencillez de una de las figuras más representativas de la electrónica actual. Una enérgica manera de ir cerrando la última jornada del festival al más puro estilo de Sonny John Moore, o más reconocido por todos nosotros como el gran y único Skrillex. 

Quilapayún, un solo corazón gigante

Foto por Lotus

El histórico conjunto dio una clase magistral de calidad musical e instrumental, un despliegue vocal vibrante y entregó una dosis necesaria de energía, esperanza y alimentó la fuerza de las almas en tiempos oscuros. Frente a una cúpula repleta y reverberante, Quilapayún hizo un breve y preciso repaso por sus repertorio clásico con tintes de actualidad mordaz, la cruza perfecta de consciencia e ironía, uniendo voces y generaciones. Algo que se vio ratificado cuando Los Búnkers subieron al escenario para unir fuerzas y encarnar tremendas versiones de “La exiliada del sur”, “La muralla”/”Another brick on the wall” y una gigantesca interpretación de “El pueblo unido”. Los mejores cerrando un fin de semana donde la calidad de artistas locales fue uno de los puntos más altos de todo el festival.

¡¡!Gracias eternas, Quilapayún!!!


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