Texto por: Lucas Araya

Después de una seguidilla de impedimentos para presentarse en Chile, Julieta Venegas llegó al Teatro Municipal de Santiago para brindar una brillante y hermosa sesión íntima junto a una audiencia entregada de principio a fin.

Mariel Mariel

La noche comenzó con el show de apertura a cargo de Mariel Mariel y su flow de raíz combinando una voz cautivante con guitarra y percusiones en una presentación emotiva que fue avanzando y creciendo a medida que la entrega de la cantante y sus músicos fueron brotando y conectándose con el público que iba ingresando y ocupando su sitio.

El repertorio de Mariel Mariel incluyó material de su disco más reciente, La Batalla y canciones del repertorio latinoamericano en versiones en claves renovadas y enriquecidas (alta versión de Los Dinosaurios), todo entre contingencia, batalla y pasos que se escuchan entre los vientos de cambio.

Un set corto, preciso y contundente, lleno de música, rezos y comunión. Una presentación con un significado especial para Mariel Mariel, ya que ella contó haber pasado jornadas en el mismo teatro mientras estudiaba en el conservatorio y aprendió de quienes subían al escenario cada noche. Una real celebración para iniciar la velada.

Julieta Venegas

Finalmente llegó el momento, un reencuentro postergado por estallidos, pandemia, problemas técnicos y postergaciones de fechas, todo un mar de complicaciones que quedaron atrás en un concierto impecable. En un formato de trío, con batería y contrabajo acompañando a la cantautora, quien se movía entre un piano de cola, guitarra, cuatro y su característico acordeón, entregando versiones remozadas, moviéndose entre sonidos clásicos y arreglos de jazz, todo frente al entusiasmo de quienes cantaban y acompañaban desde sus butacas en una complicidad que se desató desde el primer acorde de piano.

Con un repertorio infalible y altamente necesario, Julieta repasó su amplia y fundamental carrera. Ilusión, Despedida, Bien o mal y Los momentos abrieron la senda de un recorrido que fluyó entre clásicos indiscutibles, gemas ocultas, versiones delicadas y estrenos, asegurando que los caminos de esta icónica artista latinoamericana siguen abriendo y explorando sonoridades y posibilidades. En tu Orilla (inspirada en los versos de Raúl Zurita), Mismo amor y Despechada mexicana (una ranchera con un mensaje de amor propio y cuidado buscando mejores rumbos) fueron muestras del eclecticismo y frescura del trabajo de esta inquieta compositora.

Muestras de cariño mútuo, mensajes de resiliencia, amor incondicional y una voz infantil llenaron el espacio, un teatro hermoso que fue testigo de una fiesta, una celebración real y cercana. Amores platónicos, Lento, Eres para mí, Andar conmigo, El presente. Una seguidilla de canciones esenciales en el repertorio popular latinoamericano. Temas infalibles e imbatibles, en cualquier formato. y es que Julieta Venegas es capaz de cautivar con una guitarra y un micrófono, sola frente al piano o con el tándem rítmico que la acompañó de forma exquisita (altas interpretaciones de Belén López en el contrabajo y Panky Malissia en la bata y armonización).

El cierre del show llegó con Oleada en una versión en acordeón frente a un mar de luces desde los palcos y un coro de la audiencia fiel y entregada para terminar con Limón y sal con la energía desbordando el aire en el teatro Municipal. 

Una despedida qué es un hasta pronto. Una cuenta regresiva hasta el próximo encuentro. 

Julieta se va, pero pronto nos volveremos a ver, porque lo merecemos y lo queremos. Tenerla cerca es volver a empezar, y esta noche es parte del mismo amor eterno.


Zumbido.cl

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