
Texto por: Hugo Hinojosa
Luego de la exitosa «Aquaman» (2018), la que ha sido por lejos la película más exitosa del cancelado DCEU (Universo extendido DC en español), recaudando una impresionante cifra de más 1.200 millones de dólares, James Wan vuelve a la dirección del acuático superhéroe y las expectativas no eran menores, pero el camino a su estreno no ha sido fácil.
A nivel general, ya es evidente el desgaste, tanto en Marvel como en DC, en relación a la producción de películas de superhéroes, las que año a año han ido copando las salas de cine con diversas producciones, y no siempre manteniendo un nivel de calidad aceptable. Pero los problemas de esta película han sido más específicos. Por una parte, testeos negativos de sus primeros montajes obligaron a realizar refilmaciones, retrasando su estreno en un año. También polémicas ajenas, como el caso Depp-Heard, que pusieron en duda la continuidad de esta última en la saga. Esto sumado a la fusión de Warner Bros. Discovery, y la entrada en escena de James Gunn y Peter Safran como nuevos nombres a la cabeza de DC Studios, quienes decidieron hacer un reseteo total a la franquicia, empujando a «Aquaman 2» a ser la última película del DCEU.
Toda esta verdadera tormenta termina dando pie a una película que logra sortear el mal tiempo, pero que parece que será incapaz de poder repetir el éxito de su antecesora. Esto debido en parte a que reitera la fórmula que le dio éxito a su primera parte: una trama centrada en la acción y la aventura; una producción visual imaginativa y que logra adentrarnos en Atlantis; un tono familiar y con buenas dosis de humor y, por supuesto, el carisma de su protagonista, encarnado por Jason Momoa, quien a cada momento pareciera ser que ha roto la línea entre ficción y realidad, dotando al personaje de muchos elementos de su carismática y extrovertida personalidad. A esto se suma un casting sólido en sus dos partes, con nombres reconocibles como Nicole Kidman, Dolph Lundgren o Patrick Wilson, actor predilecto de Wan. Pero todos estos elementos que en conjunto parecen ser positivos, también son su talón de Aquiles, mostrando poca novedad y capacidad de reinventarse a sí misma.

El filme esta vez se centrará en la experiencia de Aquaman como monarca de Atlantis, pero también en una imprevista nueva vida familiar que lo ubica ahora como padre de un menor. Al mismo tiempo, regresan antiguas amenazas como Black Manta, uno de los villanos de la primera entrega, repitiéndose el plato como principal antagonista de la cinta. Sin embargo, ver al superhéroe como padre no es la única novedad, ya que ahora deberá hacer las paces con su hermano Orb para lograr resolver el entuerto que la trama nos propone que, aunque se muestre como grandilocuente, no lograr transmitir una sensación de verdadero peligro para los héroes. Es así que la película adquiere la estructura tan hollywoodense de la “Buddy movie”, presente en clásicos como «Leathal Weapon» (Arma mortal¸ en su traducción al español), centrando su desarrollo en la relación complicada de sus dos protagonistas masculinos, en la vertiginosa acción y en un gran componente de humor para todo público. Del mismo modo, los personajes femeninos han quedado relegados a algunas pocas escenas, y sin gran aporte a la trama y su avance.
Por otra parte, uno de los principales problemas de la producción está en su ritmo, que se muestra acelerado y a ratos atropellado, presentando algunas inconvenientes en su montaje y continuidad. Asimismo, se observa un exceso de CGI que, aunque necesario para recrear el universo que pretende mostrar, en ocasiones se percibe poco logrado resintiendo la verosimilitud de lo que se cuenta, aunque sin llegar a los extremos de «The Flash».
En conclusión, «Aquaman y el reino perdido» es una película que se presenta como una correcta e inocua continuación de su predecesora, manteniendo un tono similar, aunque a una escala mucho menor en cuanto a impacto. No obstante, su principal deuda es ser un filme que no aporta nada nuevo, ni al género de superhéroes en el cine, ni menos a la cercenada continuidad del DCEU (aunque era de esperar siendo la última encarnación de este). En ese sentido, es una conclusión agridulce para un proyecto que luego de quince películas no pudo encontrar su rumbo, convirtiendo esta cinta no en el final épico que se podría merecer, y entregando la sensación de un canto de cisne ahogado. Esperamos que los nuevos proyectos asociados al Universo DC traigan lo que todos los/as fans de la compañía esperan, y que no es solo tipos en malla y con superpoderes teniendo batallas inverosímiles, sino historias que logren conmover y emocionar. La cinta está disponible a partir de esta semana en cines nacionales incluyendo IMAX, a distribución de Warner Bros Pictures Chile.




















