Texto por: Lucas Araya

Fotografías: Ana Fuentes

El músico nacional se presentó en una Sala SCD de Plaza Egaña repleta para revisitar el repertorio y legado de Weichafe, celebrando así toda una vida llena de música y canciones inmortales en una fiesta emotiva en la que Pierattini lideró el viaje hacia el lado brillante de los corazones.

Con el título de El guerrero incansable y tan solo con su voz y una guitarra acústica en mano, Angelo Pierattini dio inicio a un recorrido por el repertorio de Weichafe, casi 25 años después del lanzamiento del primer disco de Weichafe «Tierra oscura del sol» (1999)-, cerrando así un capítulo importante en la historia del grupo y abriendo una nueva senda en su ruta personal. 

El viaje comenzó con «Las cosas simples», una invitación certera a unirse en los estribillos masivos y las palmas (que no dejarían de acompañar y resonar durante toda la noche), logrando una comunión total con su gente, la misma que ha seguido a Pierattini en cada una de sus facetas en las últimas dos décadas y que en esta ocasión tenían una cita especial, una travesía por el tiempo y el espacio, todo guiado por el luchador eterno y su Stratocaster como espada abriendo surcos en las ondas sonoras.

Con una electricidad impresionante y un volumen capaz de penetrar cualquier barrera, el tesoro de Weichafe volvió a brillar con gemas como «Respiro la luz del sol», «Pena de ti», «5:30 A.M.» y «No es malo» en versiones vibrantes y llenas de emoción, con una interpretación vocal sólida y apasionada sobre acordes acompañados de percusiones espontáneas que llegaban desde todos los rincones de la SCD. Una fiesta que crecía a cada segundo.

Ya en formato trío (junto a Chino Vargas en bajo y Ed Quiroz en batería), la potencia subió un nuevo escalón y ya fue imposible no estar de pie para unirse a los coros ardientes de «Hazme dormir», «El rock del Poncho» (con un improvisado invitado desde el público) o «Pan de la tarde» y acompañar una sentida y hermosa versión de «Canción del solitario», en memoria de su padre, desplegando toda la paleta de colores y sonidos que el universo creado por Pierattini y sus compañeros de Weichafe supieron combinar por tantos años, explotando en luminosidad una noche de viernes en Santiago, bajo una luna que brillaba tanto como las almas que se entregaban del todo arriba y abajo del escenario.

La celebración alcanzó la cima cuando Paula Loza subió al escenario para unirse a la banda en «Festín de muecas», haciendo estallar todo desde ese momento para saltar momentos después  hacia las cumbres con «Tres puntas» en la voz del gran Pancho Rojas logrando que el lindo momento frente al éxtasis se fundiera entre las voces presentes para difuminarse en «Fe maldita» entre  todo el amor entregado y recibido en una hermosa sesión.

El cierre con «Pichanga» fue la confirmación de toda la entrega de Angelo Pierattini y los suyos y del respeto y frenesí de la gente que ha seguido a Weichafe durante tantos años y formatos. Un estallido destellante que solo deja sonrisas y sudor en las frentes de gargantas felices de haber podido disfrutar cantando estos verdaderos himnos del Rock hecho en la calle, la historia que no para pues la lucha sigue y el guerrero incansable no se detiene.

 El camino es largo y Pierattini  continúa con su antorcha eléctrica en llamas de aquí hasta el infinito.

¿Ha nacido un nuevo ritual entre nosotr@s?. Yo digo que sí, con fe y una sonrisa inmensa.


Zumbido.cl

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