Texto por: Cristian Martínez

Fotografías por: Camilo González

El pasado 13 de marzo, el Teatro Nescafé de las Artes se vistió de negro para recibir a Stick Men. El trío estadounidense de rock progresivo ofreció una verdadera cátedra musical. A lo largo del concierto, las melodías intrincadas y los constantes cambios rítmicos fueron construyendo, canción tras canción, una atmósfera envolvente que terminó por sumergir al público en un trance musical.

Desde temprano, los alrededores del teatro comenzaron a llenarse de fanáticos que aguardaban el ingreso. Los asistentes se mantenían expectantes mientras observaban cómo el sol se ocultaba y la noche comenzaba a apoderarse lentamente de la ciudad. Una vez abiertas las puertas, el público fue guiado a sus asientos para presenciar la apertura del telón, a cargo de la banda nacional Quadros.

Siete guitarristas aparecieron sobre el escenario para comenzar una presentación que rápidamente captó la atención del público. Desde los primeros minutos quedó claro el talento de los músicos, logrando que cada instrumento encontrara su propio espacio dentro del conjunto y generando un equilibrio entre lo individual y lo colectivo. Por momentos, ciertos pasajes resultaban curiosamente familiares, como si la banda hubiese preparado una antesala instrumental perfecta para lo que estaba por venir.

Con el Teatro Nescafé de las Artes al límite de su capacidad, llegó finalmente el turno de Stick Men. El trío apareció en escena con una introducción instrumental que, más que un simple calentamiento, sirvió para mostrar el nivel técnico de sus integrantes. Bastaron unos minutos para entusiasmar al público y anticipar el verdadero banquete musical que se desplegaría durante el resto del concierto.

La banda fue creada en 2007 por los exintegrantes de King Crimson, Pat Mastelotto y Tony Levin, incorporando posteriormente al guitarrista Markus Reuter. En escena, Mastelotto se encarga de la batería y la percusión electrónica; Levin despliega su característico Chapman Stick; mientras que Reuter aporta texturas sonoras con su touch guitar. Juntos han desarrollado un proyecto que va más allá de las etiquetas tradicionales del rock progresivo, explorando un lenguaje musical donde la improvisación, la experimentación y la interacción entre los músicos se convierten en el eje central de su propuesta.

El concierto continuó desplegando momentos memorables. Con canciones como “Breathless”, compuesta por Robert Fripp, el trío rindió homenaje al pasado de sus integrantes. Entre temas, los músicos se turnaban para presentar brevemente las piezas que vendrían, generando una cercanía especial con el público.

El repertorio recorrió buena parte de la trayectoria de la banda, que está próxima a cumplir dos décadas. Sonaron composiciones como “Ringtone” y “Tentacles”, pertenecientes al álbum «Tentacles» (2022), además de temas de trabajos anteriores como el disco «Deep» (2009), del que interpretaron “Crack in the Sky”.

También hubo espacio para adelantar material nuevo. En uno de los momentos más distendidos de la noche, Markus Reuter compartió con el público una anécdota sobre un viaje a Indonesia, donde tuvo la oportunidad de conocer al famoso Dragón de Komodo. Según relató, este reptil no devora a su presa de inmediato, sino que basta una mordida para que las bacterias presentes en su saliva envenenen lentamente la sangre de su víctima. De esa curiosa historia nació “Komodo”, una nueva pieza que formará parte del próximo trabajo discográfico de la banda.

La influencia de King Crimson se hizo presente durante la noche con canciones como “Red” y “Larks’ Tongues in Aspic, Part Two”. Esta última parecía anunciar el final de la presentación ante el clamor del público y los aplausos que recibían los músicos sobre el escenario. Sin embargo, con un leve gesto -levantando un dedo- los integrantes dejaron entrever que aún quedaba algo más.

El regreso fue con “Level Five”, otro guiño al repertorio de King Crimson. El público volvió rápidamente a sus asientos para disfrutar de la compleja y poderosa interpretación que el trío ofreció del tema. En manos de Stick Men, la pieza sonó con una intensidad renovada, cerrando la velada con una fuerza arrolladora y dejando a los fanáticos en éxtasis.


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